La otra imagen representa a Dios omnipotente. Qué significa el resplandor en su cabeza, qué la cabeza de hombre que se ve entre su vientre, y por fin sus pies, parecidos a patas de león.

III. Hacia la mitad del lado septentrional se ve otra imagen, de pie, de aspecto extraño y admirable, que es símbolo de Dios todopoderoso que se opone a la fuerza y a los pensamientos malvados de la antigua serpiente; Dios invencible en su majestad y admirable en sus virtudes, ya que la profundidad de sus misterios nadie puede indagarla hasta el final.
Por arriba, dónde hubiera tenido que estar la cabeza, irradiaba una claridad tan resplandeciente que su fulgor repercutía sobre mi cara. Porque la excelencia de la divinidad, que ilumina todas las cosas, nadie puede verla mientras esté oprimido por el cuerpo mortal, ni siquiera los ángeles que están siempre en la presencia de su rostro pueden contemplarlo hasta el fondo, y así siguen sin cesar, deseando mirarlo, ya que Dios es aquella claridad cuyo ser no ha tenido principio ni nunca tendrá fin.
En el centro de su vientre se ve una cabeza de hombre con pelo canoso y barba, esto significa que, en la perfección de las obras divinas, existió el antiguo proyecto de la salvación del hombre, en el cual se manifiesta su gran dignidad y rectitud que nadie puede contar y tampoco comprender, tal como los hombres no logran encontrar un principio y un fin en una rueda, porque es circular. Ningún hombre podrá alcanzar lo que los ángeles mismos no pueden comprender, aunque ellos ven con claridad que la eternidad siempre permanece igual, tanto en el querer como en el realizar, y nunca ha deseado ni necesitará nada, porque desde siempre es plenitud.
Aquella cabeza tiene forma de cabeza humana, porque Dios hizo al hombre a su misma imagen y semejanza, y le dio el poder de realizar sus obras para que obrara cumpliendo el bien y devolviera la alabanza a su Creador, sin olvidarse de él. Pero nadie se asemeja a Dios, nadie puede ser Dios, y el que pretendió ser parecido fue destruido, porque no podía ser así. Cuando luego Dios quiso manifestar la potencia de su virtud, se fijó en el vientre de una Virgen. Y como en el séptimo día descansó de sus obras, decidió que era el turno del hombre; hizo reposar a su Hijo en el vientre de una Virgen y a él le confió toda su obra. En efecto, el Espíritu Santo con su leve calor tocó la carne de la Virgen sin incendiarla con el movimiento carnal del hombre, como el rocío cae levemente sobre la hierba, para que la flor, es decir el Hijo de Dios, pudiera asumir la figura humana en la carne de aquella Virgen, y por su amor con gran paciencia asumió sobre de sí los pecados de los hombres. Y por tanto en su circuncisión manifestó que el hombre se purificaría con el bautismo, y con su pasión y su muerte enseñó que se redimiría de sus pecados, y con la ascensión al cielo enseñó que lo llevaría consigo al reino de los cielos, para así completar el número de los santos hasta que venga el tiempo terrible del juicio.
Y los pies de esta imagen son como zarpas de león, que significan que Dios tiene escondida su divinidad a los hombres mientras sean mortales, y sin embargo muestra la multiplicidad de sus bienes a través de las reglas de la ley y en el resto de las criaturas. Atraerá a sí todas las y las juzgará a través de su Hijo como con zarpas de león, así que toda la tierra será sacudida, y el firmamento será invertido, y cuando el hombre mortal, que así tendrá fin, presente la relación de sus obras, entonces verá al inmortal Hijo de Dios.

 

Como esta imagen parece envuelta por seis alas. Qué representan estas alas.

IV. La imagen tiene seis alas, que son las obras de los seis días, en los cuales el hombre alaba a Dios con sus invocaciones y tiene cuidado de si con la ayuda de Dios.
Dos alas suben desde los hombros hacia arriba y curvándose de delante atrás, se unen la una con la otra, como para cubrirse de aquel resplandor. Ellas enseñan el amor a Dios y al próximo; se elevan hacia arriba por la fuerza de las buenas obras, y cuando se relajan de su movimiento, bajan para socorrer las necesidades del próximo. En ellas están encerrados los misterios de los arcanos de Dios ya que aquellas mismas dos alas indican el ejército celeste de los espíritus supremos, que Dios ha puesto cerca de su rostro, haciendo de ellos los espejos de sus maravillas. Ellos contemplan su rostro y no pueden contemplarlo hasta el fondo, ni dejar de celebrar sus las alabanzas.
Dos alas van desde los hombros hasta la parte superior de la cabeza que he descrito, extendiéndose hacia abajo. Significan el Antiguo y el Nuevo Testamento que llevan la fuerza de los preceptos divinos y explican la dignidad del antiguo proyecto de Dios, en el Antiguo Testamento con los profetas que predijeron al Hijo de Dios, y en el Nuevo con los hijos de la Iglesia que devotamente lo acogieron con fe. Estas dos alas son el símbolo de la potencia de Dios, que puede crear y hacer lo que quiere, como la criatura alada que vuela en todas las direcciones con las alas abiertas, ya que Dios instituyó todos los secretos celestiales en el camino correcto, para que nunca cese su resplandor y en su verdad no tengan nunca fin, y la verdad no contenga tampoco ninguna sombra de falsedad.
Las otras dos alas que salen de los lomos de la imagen, descendían hasta sus talones y se extendían un poco como disponiéndose a volar, enseñan la vida presente y la futura. La presente donde una generación pasa y otra le sucede, y la futura en que se tendrá la estabilidad de la vida inmortal. Todo eso se pondrá de manifiesto en la época del fin del mundo, con terrores y prodigios innumerables que precederán al fin casi volando. Entonces la glotonería de la garganta diabólica introducirá el gusto de los pecados y los deseos carnales en el vientre, donde las comidas descienden y de donde es expulsada y donde crece el pecado en la concupiscencia de la carne. Pero la protección divina defenderá a los hombres y les concederá la castidad y la capacidad de elevarse en las buenas obras. En efecto, los actos impuros, a los que inicialmente los hombres se dedicaron por el impulso de la lengua de la serpiente, Dios los reprimió por un solo hombre, que trituró la lujuria y sus manifestaciones en las mentes de los hombres, oponiéndose a los derechos de la carne con las alas potentes de su naturaleza virginal.

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