CUARTA VISIÓN DE LA TERCERA PARTE

 

Visión de dos imágenes que refulgen con admirable resplandor y descripción de su aspecto. Sobre las tinieblas que ocupan toda la parte occidental del edificio antes descrito. Del fuego con azufre y de las otras tinieblas que ocupan hasta la mitad de la parte septentrional.

Visión 9

I. Luego, cerca de la esquina del lado septentrional, la que está girada a oriente, vi una imagen cuyos rostro y pies irradiaban un fulgor tan grande que resplandecían también sobre mi cara. Vestía una túnica que parecía de seda blanca sobre la cual llevaba un manto verde completamente adornado de perlas preciosas. Y parecía que tuviera pendientes a las orejas, collares sobre el pecho y pulseras en las muñecas, todo de oro fino con piedras preciosas engastadas.
Hacia la mitad del lado septentrional vi otra imagen, de pie, de aspecto extraño y admirable. Arriba, dónde hubiera tenido que estar la cabeza, irradiaba una claridad tan resplandeciente que su fulgor repercutía sobre mi cara. En el centro de su vientre se veía una cabeza de hombre con el pelo canoso y barba, y sus pies eran como zarpas de león. Y luego tenía seis alas; dos que subían desde los hombros hacia arriba y se curvaban de delante atrás, se unían la una con la otra, como para cubrirse de aquel resplandor. Otras dos iban de los hombros a la parte superior de la cabeza que he descrito, y se extendían hacia abajo, mientras que las dos de los lomos de la imagen descendían hasta sus talones y se extendían un poco, como disponiéndose a volar. Todo el resto del cuerpo estaba revestido de plumas pequeñas que no parecían plumas de pájaro sino escamas de peces.
En las dos alas que llegaban hasta parte superior de la cabeza humana, se vieron cinco espejos. Uno estaba en el extremo superior del ala derecha con esta inscripción: “Camino y verdad”. Otro estaba en la mitad de esa misma ala con esta inscripción: “Yo soy la puerta de todos los arcanos de Dios”. Otro estaba al final de ella, en el que estaba escrito: “Soy la manifestación de todos los bienes”.
En el extremo superior del ala izquierda había un espejo con estas palabras: “Soy el espejo en que se refleja la intención de los elegidos”. Otro espejo al final de la misma ala tenía la inscripción: “Dinos si eres el que tiene que reinar sobre el pueblo de Israel”. Y esta imagen tenía la espalda vuelta hacia el norte.
En toda la zona occidental vi oscuras tinieblas de las que salía humo, mientras cerca de la esquina del norte ardía un fuego negro con azufre, y tinieblas densas se inclinaban) y extendían hacia la mitad de la parte septentrional. Y oí la voz del cielo que me dijo:

 

La primera de las dos imágenes alude a la sabiduría, y la gran belleza de su vestido significa todos los géneros de criaturas que Dios quiso establecer con naturalezas y especies diferentes.

II Dios omnipotente, que con la sabiduría ha dado fundamento a todo, revela los múltiples sentidos de sus obras admirables y dignas de alabanza, y distribuye sus regalos a cada criatura como quiere. Y ya que quiere reconducir el hombre a la santidad del cielo, le enseña de manera oportuna, también valiéndose de estas maravillosas figuras, conforme a su deseo, las cosas que están en las moradas celestiales, las que están en las moradas terrenales y las que están en las moradas infernales.
Así pues, cerca de la esquina que mira a oriente del lado septentrional ves una imagen cuyo rostro y pies irradian un fulgor tan grande que resplandecen también sobre tu cara. Porque allá donde acaba la necedad y donde la justicia tiene principio, se manifiesta la sabiduría de la verdadera santidad, cuyo principio y fin superan el intelecto humano. Porque con la misma luz de la presciencia con la cual Dios vio el principio de su obra, también previó el final.
Vestida con un vestido que parece de seda blanca, abraza al hombre en la blancura y en la dulzura del amor, y le enseña que el Hijo de Dios se ha encarnado en la belleza de la virginidad. ¿Como pueda ocurrir eso? - el hombre lo ignora y sólo la divinidad lo sabe.
Y sobre la túnica tiene un manto verde completamente adornado de perlas preciosas. Porque también las criaturas exteriores, es decir las que vuelan en el aire, las que caminan o se arrastran sobre la tierra y las que nadan en el mar, cuya carne no tiene espíritu, la sabiduría no las rechaza, sino que las da la vida y las mantiene, ya que están destinadas a servir al hombre que se alimenta de ellas. Y ellas son como perlas que adornan la sabiduría, cuando no se desvían de su naturaleza como consecuencia de las transgresiones que incluso el hombre a menudo realiza, alejándose de la calle recta que le ha sido trazada.
Y parece tener pendientes en las orejas, collares sobre el pecho y pulseras a las muñecas, todo de oro fino con piedras preciosas engastadas, ya que todas las criaturas la obedecen y recuerdan sus reglas. Por tanto las obras de la Sabiduría están en la plenitud, encerradas y protegidas de modo tal que ninguna criatura es imperfecta o incompleta en su naturaleza, y todas tienen completa en sí su total perfección y utilidad. De este modo todas las cosas que han sido producidas por la sabiduría están en ella como una decoración refinada y elegante, y relucen en el espléndido fulgor de su esencia.
También el hombre, cuando cumple los mandamientos de Dios, es el vestido blanco y suave de la sabiduría y su manto verde que significan la recta intención y el verdecer fecundo de las obras engalanadas de virtudes diferentes. El adorno de sus orejas indica cuando evita prestar atención a insinuaciones malvadas. Los collares sobre su pecho, cuando desdeña los deseos ilícitos. Los brazaletes, la fuerza de sus brazos cuando se defiende del pecado. Porque todas estas cosas nacen de la pureza de la verdadera fe, de la cual son adornos los profundos dones del Espíritu Santo y los escritos de los doctores llenos de santidad, que los fieles llevan a cumplimiento con las buenas obras.

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