TERCERA VISIÓN DE LA TERCERA PARTE

 

Visión breve de tres imágenes y descripción de su posición y vestido y de los órdenes de los santos que aparecen en su presencia

Visión 08

I. Vi luego, casi en el medio de la parte austral tres imágenes. Dos de ellas estaban de pie sobre un manantial de agua muy pura, cercado y adornado en la parte superior con una piedra redonda y agujereada por todas partes. Parecía que tuvieran en ella raíces, como a veces se ve a los árboles crecer en el agua. Una imagen fue envuelta por resplandor purpúreo, y la otra de blancura deslumbrante, así que no pude verla bien. La tercera estaba fuera del agua de pie sobre la piedra, vestida de blanco, y su rostro resplandecía con tal claror que se reflejó sobre mi rostro. Y frente a ellas aparecieron, como en una nube, las dichosas filas de los santos, a las cuales ellas miraron con expresión atenta.

 

Palabras de la primera imagen, es decir de la virtud de la caridad, que cuenta la magnificencia de las obras que realiza en los ángeles y en los hombres, en la doctrina de los profetas y los apóstoles, y exalta con suma alabanza la sublimidad de las virtudes de la sabiduría y la humildad.

II La primera imagen dijo: Yo soy el amor, claridad del Dios viviente. La sabiduría ha cumplido conmigo su obra. La humildad, arraigada en la fuente de la vida, ha sido mi ayudante y la paz está con ella. Por la claridad que yo soy resplandece la luz viva de los santos ángeles. Porque así como el rayo resplandece del manantial luminoso, así esta claridad reluce en los santos ángeles y no puede dejar de emitir luz como la luz no puede no resplandecer. Yo he diseñado al hombre, que tiene su raíz en mi sombra como en el agua se ve la sombra de cualquier cosa. Y yo soy el manantial vivo, porque todas las cosas que han sido hechas fueron en Mí como sombras. Y a modo de sombra, el hombre ha sido hecho de fuego y de agua como Yo, que soy fuego y agua viva. Por tanto el hombre tiene en su alma el poder de ordenar todas las cosas según su deseo.
Todo ser animado tiene una sombra, y lo que en él tiene vida se mueve como una sombra en toda dirección; en el animal racional son los pensamientos, mientras los animales brutos tienen solamente vida y sensibilidad, con la que reconocen lo que tienen que evitar y lo que tienen que buscar. Sólo el alma introducida por el soplo de Dios es racional.
Soy la claridad que tendió su sombra sobre los profetas, los cuales predijeron los acontecimientos futuros por inspiración sagrada, puesto que todas las cosas que Dios quiere hacer están en él como en sombra antes de ser hechas. La razón se expresó por el sonido de la voz. El sonido que es como el pensamiento, la palabra es como la obra. De esta sombra nació el libro Scivias presentado por un cuerpo de mujer, que fue como la sombra de la robustez y la salud, porque estas fuerzas no estuvieron presentes en ella.
La fuente de la vida es el Espíritu de Dios, que hace partícipes de sí a todas sus obras. Ellas viven de él, recibiendo de él la vida que las hacen vivas, del modo en el que se ven en el agua las sombras de las cosas. Ninguna de ellas ve abiertamente de dónde tiene la vida, y sólo percibe que recibe el movimiento de alguna causa. Y como el agua hace correr lo que está en ella, así el alma es un soplo viviente que se mantiene siempre en el hombre y con el conocimiento, el pensamiento, la palabra y la acción es como si lo hiciera fluir.
En esta sombra, la sabiduría mide también todas las cosas con justa medida para que ninguna cosa supere a otra en el peso ni pueda ser cambiada en su contraria, sino que es ella quien domina y sujeta toda malicia del arte diabólico. Porque ella fue el principio de todos los principios, y después del fin de todo quedará en la plenitud de la fuerza y nada podrá oponerse a ella. Ella no ha llamado a nadie para que la ayudara y no ha necesitado de nadie, porque ella es la primera y la última. Y no recibió consejo de nadie, porque estuvo sola al principio de constituir todas las cosas. Ella es en sí y por sí el fundamento de todas las cosas y las realiza con dedicación y dulzura, de modo que ningún enemigo pudiera destruirlas, ya que ella vio que era bueno el principio y el fin de sus obras. Todas las compuso en la plenitud y a todas las gobierna.
Y ella misma contempla su obra, que dispuso según el recto orden a la sombra del agua viva, cuando reveló por medio de la inculta mujer que he nombrado, algunas de las virtudes naturales de las cosas y lo que está escrito en el Libro de los Méritos de la Vida y otros profundos misterios que aquella mujer vio en visiones verdaderas, por lo cual a menudo ha enfermado.
Pero antes de que todo esto ocurriera, la sabiduría sacó de la fuente de vida las palabras de los profetas y los otros sabios y de los evangelistas, y las transmitió a los discípulos del Hijo de Dios para que los ríos de este agua viva se difundieran por este medio por toda la tierra y los hombres, como peces tomados en la red, fueran reconducidos a la salvación.
Esta fuente que brota por todas partes es la pureza del Dios vivo, y en ella resplandece su claridad. En su resplandor, Dios abraza con gran amor todas las cosas, que como sombras se vieron en el manantial antes que Dios les mandara tomar su forma definitiva.
En Mí, que soy el amor, todas las cosas resplandecen, y mi resplandor reveló la forma de las cosas, cuya forma señala la sombra. En la humildad, que es mi ayudante, fue engendrada cada criatura por orden de Dios. Y todavía en la humildad, Dios se inclinó hacia Mí para levantar las hojas secas que cayeron y llevarlas a la felicidad, ya que puede hacer todo lo que quiere. Él las formó de la tierra de donde las recató después de su caída.
En realidad el hombre es totalmente obra de Dios, el hombre mira al cielo y domina la tierra sobre la que camina, y manda a todas las criaturas. Gracias a su alma puede volver a lo alto de los cielos, y por ella es celestial mientras que por su cuerpo visible es un ser terrenal. Y por tanto Dios eligió al hombre, que pertenece a la tierra, para que con humildad se opusiera al que fue confundido y echado fuera del cielo. En efecto, cuando la antigua serpiente por orgullo quiso introducir la separación en la armonía de los ángeles, Dios la protegió con su fuerza poderosa e impidió que la rabia de aquel la partiera. Satanás, que tenía gran gloria en el cielo, calculó para sí que podría hacer todo lo que quisiera sin perder la gloria celeste. Quiso tenerlo todo, pero por aspirar a todo, perdió todo lo que tenía.

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