SEGUNDA VISIÓN DE LA TERCERA PARTE

 

Visión mística de un peñasco de mármol parecido a un monte que está en la parte oriental de la construcción de la ciudad que se vió en la visión anterior, y de una innumerable multitud de hombres que aparecen de la parte oriental y en la meridional de la construcción. Y luego también la forma y el aspecto extraño de dos imágenes que están puestas cerca de la esquina oriental.

Visíon 7

I. Después de haber visto estas cosas vi en la esquina oriental, en el punto donde surge el sol, un peñasco de mármol que parecía un monte grande, alto y de forma regular. En él se vio tallada una puerta que parecía la puerta de una gran ciudad. Todo estaba invadido por el brillante resplandor de la aurora, pero no lo sobrepasaba. Desde aquella piedra hasta la otra extremidad del lado oriental, es decir hacia el mediodía, se vieron imágenes parecidas a estrellas veladas por una nube, como de hombres de todas las edades, niños, jóvenes y viejos, que producían un sonido hacia occidente, un sonido como el del mar cuando las olas son agitadas por el viento. Un resplandor procedente de lo alto y superior a cualquier belleza humana imaginable irradió desde ellos al volver reflejarse sobre ellos.
Cerca de este segundo límite del lado oriental estaban de pie otras dos imágenes. La primera tenía la cabeza y el pecho como de leopardo, los brazos de hombre y las manos parecidas a las patas de un oso; el resto de su figura no pude verlo. Vestía una túnica de piedra y estaba completamente inmóvil, pero girando el rostro, miró hacia el norte. La otra imagen, más próxima al ángulo mencionado, tenía la cara y las manos humanas. Tenía las manos plegadas la una encima de la otra, y se podían ver sus pies, patas de gavilán. Vestía una túnica que parecía de madera, blanca desde la cabeza hasta el ombligo, rojiza del ombligo a los lomos, de los lomos a las rodillas grisácea, y oscura de las rodillas hasta los pies. Tenía una espada colocada como atravesada sobre los lomos y aunque estaba inmóvil, dirigía la mirada a occidente.
Más allá vi un número casi infinito de figuras humanas flotar en una nube en el aire como a lo largo de toda la zona austral. Algunos llevaban sobre la cabeza algo como coronas de oro, otros tenían en las manos cosas parecidas a palmas bien decoradas, otros tenían como flautas, otros cítaras, otros órganos, y el sonido de sus instrumentos tenia la entonación del dulce sonido de las nubes. Y de nuevo oí la voz del cielo que me dijo:

 

Dios omnipotente, que no cambia nunca ni padece en si ningún cambio, con justo juicio condenó a los ángeles que se engrieron y, socorriendo con piadosa misericordia al hombre que fue engañado, después de haberle preanunciado de muchos admirables modos la salvación futura en el Antiguo Testamento, por fin en el Nuevo llevó a cabo su liberación a través de muchos milagros. La profecía, dada por Dios para instruir y corregir, no faltó ni faltará nunca en ninguna edad del mundo.

II Después de la caída del ejército de los ángeles perdidos, Dios ordenó que el hombre tomara en la gloria el lugar de aquéllos que la perdieron, y luego, cuando el hombre cayó en la ruina, lo redimió levantándolo hacia la santidad a gran precio, con muchos admirables mensajes que lo volvieron a llamar a la vida, de los que se habla a menudo en el Viejo Testamento, así como en el Nuevo, con los muchos milagros obrados para su liberación. Por eso se ve en el rincón oriental, en el punto dónde surge el sol, un peñasco de mármol que parece un monte grande, alto y de forma regular. Esto significa que en el principio del día de todas las criaturas, cuando fue creado el mundo, Dios estaba allí, firme piedra poderosa y alta en la integridad y en la solidez, sin cambio. En ella se ve entallada la puerta de aquello que parece una gran ciudad, toda invadida por el brillante resplandor de la aurora, pero no lo sobrepasa, porque la voluntad de Dios, como una puerta abierta a todo lo que es bueno, se apoya completamente en el orden de la mas pura divinidad, y no excede el orden determinado, porque la voluntad y el orden de Dios concuerdan la una con el otro, y ninguna de las dos prevalece. Así Dios, en la piadosa bondad de su querer, ordenó que en el lugar que la antigua serpiente había perdido fuera puesto el hombre, y cuando el hombre cayó en la perversión lo purificó con las aguas del diluvio y, después de tenerlo purificado, lo renovó en Noé, examinándolo con su justicia.
Desde aquella piedra hasta la otra extremidad del lado oriental, es decir hacia el mediodía, se ven, parecidos a estrellas veladas por una nube, imágenes como de hombres de todas las edades, niños, jóvenes y viejos, que emiten un sonido hacia occidente, un sonido como el del mar cuando las olas son agitadas por el viento. Porque desde la primera manifestación de la energía divina hasta el punto en que tuvo término la antigua ley de rostro severo, cuando vino el fuego de justicia y verdad, se manifestó la profecía, y esto desde la primera obra de Dios, es decir en Adán. Y así de generación en generación, a lo largo de las varias edades de la humanidad resplandeció como luz entre las tinieblas, y no dejará de resonar hasta al final del mundo con las palabras sobre los inagotables misterios, que el Espíritu Santo inspira y que tienen sentidos múltiples.
La profecía está en el hombre como en el alma en el cuerpo. Porque, como el alma está escondida en el cuerpo y lo gobierna, así la profecía que viene del espíritu de Dios, superior a todas las criaturas, es invisible, sin embargo allana los valles y cuantos se han extraviado por la calle equivocada son reconducidos por ella al camino de la rectitud. Así por mi inspiración mi siervo a David habla, diciendo:

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