Cómo se tiene que entenderse literalmente la historia de la producción de los cuadrúpedos y los reptiles y la formación del hombre en la obra del sexto día. El hombre, con respecto al cuerpo, ha sido hecho a imagen de la humanidad del Hijo de Dios, humanidad que habría recibido de una Virgen como en su presciencia Dios supo desde toda la eternidad. Con respecto al alma, ha sido hecho a semejanza de la divinidad en la ciencia y en la imitación del bien.

XLIII. “Y luego dijo Dios: Que la tierra produzca toda clase de animales según su especie: ganado, reptiles y bestias salvajes”. (Gén 1,24). Se interpreta así: En su Palabra inagotable Dios ordenó que la tierra produjera los animales vivientes cada uno según su propio género, es decir las varias especies de animales con sus características. Los animales domésticos para que estuvieran al servicio del hombre, los reptiles de los que el hombre aprendiera el temor de Dios, las bestias salvajes que le enseñaran el modo de devolver el honor a Dios, y así cada animal según su misma especie perteneciente a su género. Y esto se hizo para que el hombre tuviera en ellos a la totalidad de las especies y pudiera elegir lo beneficioso y rechazar lo que le es contrario, y de ese modo su dignidad estaría completa. Los animales domésticos viven con el hombre, los reptiles tienen miedo de él, las bestias salvajes lo huyen, y él es el señor de todo.
“Y Dios hizo los animales salvajes según su especie y los animales domésticos y todos los reptiles del suelo según su género” (Gén 1,25). Y las fieras que infunden temor a los hombres por su ferocidad, los animales domésticos que están a su servicio, y por fin los reptiles que se esconden a su presencia, como se ha dicho.
Y Dios vio que era bueno, y dijo: “Hagamos el hombre a nuestra imagen y semejanza. Y domine sobre los peces del mar y sobre los pájaros del cielo y sobre las bestias feroces y sobre todas las criaturas y todo reptil que se arrastra sobre la tierra” Gen 1,25-26). Vió, con la mirada de su bondad, que era bueno y útil que todo el globo terrenal contuviera la plenitud de la dignidad del hombre y dijo, como invitando al hombre a un banquete: “Nosotros que somos la potencia unitaria de la única sustancia de la divinidad en tres personas, hacemos el hombre a nuestra imagen, es decir según aquella túnica que brotará en el vientre de la Virgen, que la persona del Hijo vestirá por la salvación del hombre, cogiéndola del vientre de quien, sin embargo, quedará íntegra. De esta túnica no se separará nunca la divinidad, pero el alma humana se desvestirá del cuerpo en la muerte para permitir la redención del hombre, y lo retomará después de ser resucitado por obra del poder de la divinidad. Y lo hacemos a nuestra semejanza, para que con la ciencia y la sabiduría comprenda y sepa juzgar las cosas que tiene que obrar a través de los cinco sentidos. Y con la razón que lo hace vivir escondida dentro de él y que ninguna criatura mientras está en el cuerpo puede ver, domine sobre los peces que nadan en el agua y sobre los pájaros que vuelan en el aire y sobre las bestias salvajes y sobre todas las criaturas que habitan sobre la tierra y todos los reptiles que se arrastran en la tierra, porque la razón del hombre es superior a todo”
“Y Dios creó el hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó, macho y hembra los creó, y los bendijo diciendo: Sed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra y sometedla y dominad sobre los peces del mar y sobre los pájaros del cielo y sobre todos los animales que se mueven sobre la tierra” (Gén 1,27-28). Dios creó al hombre dándole aquel visible cuerpo de carne que también su Hijo sin pecado vestiría. Lo hizo como el hombre hace su vestido adaptado a su forma, según aquélla forma que Dios conoció desde siempre, antes del tiempo. Creó al hombre dotando al varón de mayor fuerza y la mujer de energía más delicada, y ordenó sus elementos según una medida equilibrada en longitud y anchura, tal como dispuso rectamente también la altura, la profundidad y el ancho de las otras criaturas, para que ninguna de ellas fuera desproporcionada con respecto a las otras.
Y así Dios representó en el hombre a todas las criaturas, y dentro de él dispuso algo parecido al espíritu angélico, es decir el alma, que obra en el hombre sin poder ser vista por ninguna criatura mientras está en el cuerpo, como la divinidad no puede ser vista por ninguna criatura mortal. El alma viene del cielo, el cuerpo de la tierra, y el alma se conoce la a través de la fe, el cuerpo a través de la vista.
Dios los creó macho y hembra, pero el varón antes y la hembra después, obteniéndola del varón. La mujer es quien pare, porque el varón la fecunda por la fuerza de la virilidad que tiene en él escondida. Los frutos crecen por obra del invierno y maduran a causa del verano, y si estas dos estaciones no se suceden nada puede madurar. De la raíz del árbol, que contiene en si el verdor de la fecundidad, se alimentan las flores y los frutos, y todos vienen de una única cosa. Así del macho y de la hembra hay muchos nacimientos, sin embargo provienen de un único creador. Porque si el macho estuviera solo, o si la hembra estuviera sola, no podría ser engendrado ningún hombre. Por tanto el macho y la hembra son una cosa sola, ya que el macho es como el alma, la hembra como el cuerpo.
Y luego, aquel que los ángeles contemplan en el conocimiento y en la alabanza, los bendijo, y les ordenó crecer y multiplicarse y llenar la tierra dominándola, para que cultivada por los hombres desbordara de frutos Y les mandó dominar los peces en el agua y los pájaros en el aire, porque el hombre es superior en el desarrollo de los cinco sentidos y todos los animales que se mueven sobre la tierra vivificada por el aire, porque es superior en la gloria de la razón.
Y cuando el hombre haya alcanzado el número perfecto establecido por Dios, llegará a aquella tierra que para los hombres terrenales es tierra de los vivientes, y luego conseguirá la unión con el Cordero en lo alto de los cielos. ¡Ay, que gran alegría es que Dios se haya dignado hacerse hombre, existiendo con su divinidad entre los ángeles, con su humanidad entre los hombres! Se tiene pues que creer que es verdadero Dios y verdadero hombre. Por esta razón estableció que el hombre tuviera su túnica y alcanzara la plenitud del número que no podrá ser dividido, e hizo por él lo que el padre hace con el hijo, distribuirle la herencia que le corresponde, cuando le sometió a los peces y los pájaros y todos los seres vivientes, que viven y se mueven sobre la tierra pero no están dotados de razón.
Y dijo Dios: “Os he dado todas las hierbas que producen semillas sobre la tierra y todos los árboles frutales, para que sean comida para vosotros y para todos los animales de la tierra y los pájaros del cielo y todos los que se mueven sobre la tierra, para todo el que vive, para que se nutran con ello”. Y así ocurrió (Gén 1,29-30). Con su Palabra inagotable Dios dijo que le dio al hombre las hierbas de sembrar y también los árboles que dan las semillas, para que las coma, eso no significa que el hombre sólo pueda alimentarse de las hierbas y de los árboles, sino que también puede alimentarse de aquellos animales que se alimentan de las hierbas y de los árboles. Concedió al hombre que tomase como alimentos los animales que habitan la tierra y los pájaros y todo lo que se mueve y tienen en si el aire que les da vida. En efecto, todos lo que viven sobre la tierra tienen su alimentación de las hierbas lozanas que brotan de la tierra, no porque todos los animales coman hierba y frutos, sino porque también aquéllos que son comidos por otros animales, se han nutrido a su vez de hierbas y de ramitas verdes.
Y así se ejecutó el precepto de Dios, ya que todo lo que está sometido a la voluntad de Dios y todo el orden que Dios ha establecido para las criaturas es finalizado por el hombre. El hombre, cuya alma es fuego inextinguible, después del fin de los tiempos verá a Dios, que no ha tenido principio ni nunca tendrá fin. Ya que mientras el hombre crezca y mengüe como la luna, es decir mientras que es mortal, no verá a Dios, sino en cuánto él decide mostrarse a los hombres en la sombra de la profecía. Pero al principio, cuando Dios hizo al hombre, previó lo que ocurrirá con él al final de los tiempos, y también previó el tiempo que va desde que sale del vientre de su madre, hasta que es reengendrado con el agua en el Espíritu Santo.
“Y vio Dios todas las cosas que hizo, y eran muy buenas” (Gén 1,31), ya que creó todas las criaturas en plena perfección y sin ningún defecto, y esta falta de defectos era buena.
“Y fue la tarde y fue la mañana, sexto día” (Gén 1,31). Acabado aquel principio que Dios había cumplido en las criaturas y en el hombre, que predestinó a tomar el sitio del ángel perdido, el sexto día resplandecía con la creación del hombre. El sexto día también prefiguraba las obras que el hombre realizaría en las seis edades del mundo. Según otra interpretación:

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