Como tiene que entenderse literalmente y como afecta al hombre lo que está escrito: “Las aguas hormigueen de seres vivientes y los pájaros vuelen sobre la tierra”, hasta este punto: “Y fue la tarde y fue la mañana, quinto día”.

XXXVIII. Y Dios dijo: “Que las aguas hormigueen de seres vivientes y los pájaros vuelen sobre la tierra, bajo el firmamento del cielo” (Gén 1,20). Se interpreta así: con su Palabra viviente Dios ordenó que las aguas produjeran animales vivientes, y los que se arrastran, y los que vuelan, del mismo modo que las flores brotan de las ramas de los árboles, porque en un primer momento Dios creó las criaturas pero luego las produjo una de otra. Efectivamente, Dios previó todo lo que ocurriría con todas las cosas que puso en el firmamento, lo que está en contacto con él, y debajo de Él, lo mismo que se decide de que manera ha de hacerse una cosa antes de ponerla en movimiento para que cumpla las operaciones propias.
Y así vinieron al mundo los seres que nadan en el agua y los que vuelan en el aire, para que el agua no estuviera vacía y pudiera cumplir las obras que le correspondían, y tampoco el aire estuviera privado de volátiles vivientes y dotados de cuerpo, colmados del aire que los vivifica. Los peces son flotantes por el hecho que nadan, y los pájaros, volátiles, porque vuelan. En cambio el hombre no puede ni nadar perfectamente, ni volar, pero camina con los pies sobre la tierra de la que ha sido creado.
Los peces y los pájaros son engendrados de manera más pura que el resto de animales, porque el Espíritu Santo santificó las aguas más que cualquier otro elemento, y como el agua triunfa sobre todas las cosas, puras e impuras, así el alma penetra todas las partes del cuerpo y es superior a la carne. El alma humana ha sido hecha a imagen de Dios y actúa en el hombre juntamente con todas las criaturas, Dios está en todas las criaturas y por encima de todas, ya que él no tiene ni inicio ni fin.
“Y luego Dios creó los grandes cetáceos y todos los otros animales que se mueven, que fueron producidos por las aguas cada uno según su propia especie, y todos los pájaros según su género”. (Gén 1,21). Dios formó en las aguas a todas las especies marinas y los animó con el soplo vital. Por esta razón están dotados de movimiento y, ya que fueron engendrados en las aguas, fueron los primeros animales en aparecer en la tierra. Y ya que el soplo de vida es superior a todas las formas corpóreas, por eso el agua fue la primera en producir seres vivientes, porque el agua es espiritual y está santificada. He aquí porque la generación que ocurre en las aguas es más admirable que aquella generación que padeció los efectos del engaño de la antigua serpiente, porque el gusto por el pecado nace del amor a la carne. Y he aquí porque el diablo odia el agua: porque no puede eliminar la regeneración a través de las aguas. Dios, lavó con su Hijo las costras del pecado que los hombres heredan por nacimiento por medio de un baño del cual el diablo no puede desvestir al hombre. En efecto, el diablo no sabe como la Virgen concibió al hombre que lava en el agua la libídine del pecado. Y como para el diablo es un misterio el parto de la Virgen, cuyo vientre quedó íntegro sin laceraciones, él no es capaz de destruir la generación que ocurre a través del espíritu y el agua.
Por los peces, Dios representó que el hombre es móvil a causa del alma viviente, como los peces se mueven ágilmente en el agua. Por los pájaros enseñó que con la razón el hombre puede volar por todas partes, del mismo modo que los pájaros se mueven en el aire. Por esto a los hombres consagrados que se segregan de la sociedad de los otros hombres deben tomar comidas espirituales, por la afinidad que ellos tienen con el género de los peces y los pájaros que viven separados por los otros animales en el agua y en el aire.
“Y Dios vio que era bueno, y los bendijo diciendo: Sed fecundos y multiplicaos y llenad las aguas de los mares, y que los pájaros se multipliquen sobre la tierra”. (Gén 1,22). Dios vio que eso era bueno y manifestó su aprobación, de tal modo que tanto las especies marinas como los pájaros del aire tuvieran donde vivir. Y bendiciéndolos ordenó a cada uno de ellos, para que no perecieran, que crecieran según su género, es decir que aumentaran de tamaño, y que se multiplicasen en número, como la mies y los frutos de los campos crecen y maduran, para que los peces llenaran las aguas, porque en ellas viven, y los pájaros se convirtieran en bandadas que se posan en la tierra para encontrar la comida adecuada.
“Y fue la tarde y fue la mañana, quinto día”. (Gén 1,23). Porque el fin y el principio de esta obra enseña que Dios ha hecho los cinco sentidos del hombre para que cumplan su obra y para que el alma del hombre pueda examinar atentamente. El alma ve lo que es espiritual, porque del soplo espiritual ha visto la luz, y es capaz de distinguir lo visible de lo invisible, y en la racionalidad comprende que tiene algo en común con los espíritus angélicos. Ella es invisible como un ángel y mueve la forma corpórea que es suya, como si fuera una túnica de la que está cubierta para que no se pueda ver, pero cada criatura puede comprender que el alma existe, porque es el movimiento de la vida. Según otra interpretación:

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