Cómo se tienen que interpretar las palabras que tratan de la constitución del firmamento y la división de las aguas. Palabras de David del Salmo XVIII que tratan de este tema.

XXIV. Y Dios dijo: “Que haya un firmamento entre las aguas para separar unas aguas de las otras” (Gén 1,6). Se interpreta así: Dios, que es luz inextinguible, con su Palabra abrasadora ordenó que existiera el firmamento, es decir esta forma redondeada que está estabilizada por los astros celestes de modo que no pueda caer. Y la puso entre las aguas, separando así unas aguas de las otras. Contuvo las aguas que crecían hacia arriba como montañas, y como una montaña no se cae, así tampoco ellas descienden y se quedan dónde él las ha puesto, recogiendo las aguas del mar como en un odre, que es el firmamento. Y puso los abismos en las cámaras de su tesoro, que es la tierra. La tierra es la cámara del tesoro que encierra a los vivientes, que Dios representó en el arca de Noé, que hizo flotar entre las aguas después de haber encerrado a todas las criaturas.
De este modo Dios puso el firmamento entre las aguas que había separado, para que estuvieran divididas las aguas unas de otras. Dios hizo esta división antes de iluminar el firmamento, que estuvo en su sitio, todavía sin iluminar y sin girar, esperando el momento en que el Creador lo iluminase. Al igual que toda criatura existe en un primer momento como raíz, y luego se multiplica engendrando, pues en invierno la raíz está escondida, y en verano se manifiesta con el verdor y con la floración, así Dios dibujó con su compás a las criaturas de la tierra, y luego les dio vida de acuerdo a cada una según su naturaleza. Pero sólo al hombre le inspiró la vida con su aliento, mientras que a las otras criaturas las vivificó con el soplo del aire que transpasó las nubes.
“Y Dios hizo el firmamento que separa las aguas que están debajo del firmamento de las que están sobre el firmamento. Y Dios vio que era bueno” (Gén 1,7). Dios estableció el firmamento para dividir las aguas que estaban sobre y bajo él, y de este modo apareció el firmamento.
Y Dios llamó al firmamento cielo, porque todo lo que sustenta a otras cosas se llama justamente su firmamento. Por tanto llamó cielo al firmamento, porque es el lugar más superior de todos y cuenta eternamente su gloria, y el hombre, aunque lo mire, no puede conocerlo completamente, como por lo demás el hombre no conoce perfectamente a Dios, al que ve a través de la fe. El cielo, que es la vivienda de Dios, el hombre no lo ve si no se vuelve primero todo espiritual, porque sobresale por encima de sus sentidos y de su ciencia. Razón por la que el profeta dice: “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos”. (Sal 19,2). Se interpreta así: Todas las partes del firmamento son llamadas justamente cielo, ya que Dios sólo las hizo de si y no necesitó la ciencia de ninguna criatura, puesto que nadie puede con sus sentidos explicar como lo ha hecho. Por tanto ellas cuentan los milagros de Dios, porque él los ha representado en el firmamento como en un espejo, y así el sol enseña la divinidad y la luna la humanidad del Hijo de Dios, y las estrellas revelan los demás secretos. Así se acercará a aquel Dios que es Dios y hombre, una muchedumbre tan grande de creyentes que nadie podrá contarlos, porque Dios es infinito en su gloria. El firmamento, además, con su luz anuncia al hombre, que es obra de las manos de Dios y está construido a su imagen y a semejanza. Por esta razón, en él firmamento el hombre reconoce todas las señales que en él se manifiestan.
“Y fue la tarde y fue la mañana, segundo día”. Dios acabó su obra en el firmamento con el mismo afán con que la empezó, porque dispone en la equidad todas las cosas. Hay otra interpretación:

 

Según la interpretación alegórica, el firmamento puede ser considerado como Cristo o como la fe en Cristo, la división de las aguas como el firme distinción de la fe misma, según la cual, los fieles se separan de los infieles, y la tarde y la mañana, como el ocaso del vicio y el surgir virtud.

XXV. Y Dios dijo: “Que haya un firmamento entre las aguas para separar unas aguas de las otras” (Gén 1,6). Se interpreta así: Dios dijo: Sea hecho el firmamento de la fe entre los pueblos de los infieles, es decir, que ellos escuchen la predicación de los apóstoles y quién quiera acoja su enseñanza. Y que éste divida las aguas, es decir los creyentes, de las aguas, es decir los judíos y paganos que no creerán, como dijo mi Hijo a los judíos: “El reino de Dios se os quitará y se dará a un pueblo que lo hará fructificar”. (Mt 21,43). Esto se interpreta así: Vosotros, que sois incrédulos, habéis perdido vuestra herencia por esta falta de fe. Por esta razón según el justo juicio de Dios os será quitado el reino en que habríais tenido que reinar con Dios y será dado a los que, librándose de los pecados, producirán frutos por los que será glorificado el reino de Dios. En efecto, en los corazones de los incrédulos hay gran dureza, y no obran según la ciencia del bien, sino según los deseos ilícitos de sus corazones.
La razón es la materia de la que está hecha la ciencia del bien y el mal, y ella edifica y destruye como un artesano. Quién estima la luz de la fe edifica su casa en la Jerusalén celeste, pero quien la rechaza, destruye su casa, dejando el honor y la santidad de la herencia celeste. Y como en todas las cosas que hace, obra según la concupiscencia derivada del pecado de la manzana, todas sus obras son oscuras, porque están hechas en las tinieblas, evitando la luz. Pues los no creyentes rechazaron la verdadera luz, es decir el Hijo de Dios, y no quisieron verlo ni cumplir sus obras y por tanto perdieron su herencia, en cambio los que lo acogieron con fe y actuaron según sus reglas, consiguieron el reino de los cielos en virtud del regalo de su sangre.
“Y Dios hizo el firmamento que separa las aguas que están debajo del firmamento de las que están sobre el firmamento. Y Dios vio que era bueno” (Gén 1,7). Dios puso la predicación de los apóstoles como firmamento de cuantos escucharon con fe. Y dividió las aguas, es decir, a los pueblos infieles, que quedaron bajo el firmamento, ocupados en cosas terrenales tales como ídolos y cosas parecidas, los separó de aquellos otros hombres que estuvieron sobre el firmamento, es decir se basaron en Cristo.
Y Dios llamó al firmamento cielo. Con eso se entiende la fe, porque ella es la gran y estable ciudad que contiene las obras celestes. ¿Qué quiere decir? Que es la ciudad que contiene todas las órdenes sagradas de la iglesia y que conduce la batalla victoriosa contra la falta de fe de todos los incrédulos.
“Y fue la tarde y fue la mañana, segundo día” (Gén l, 8). La delimitación de los corazones de los no creyentes fue hecha aquel día con el surgir del firmamento, es decir de la fe verdadera, y fue el segundo día, porque creer en Cristo es como la segunda luz de la fe.

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