Palabras del profeta David en el primer Salmo. Como se han de interpretar en relación a la Encarnación del Hijo de Dios y a la fecundidad de los frutos de su doctrina por todo el mundo.

XIX. “Y será como el árbol plantado al borde del agua, que dará fruto a su tiempo”. (Sal 1,3). Se interpreta así: El Hijo de Dios, que siguió la voluntad del Padre en todas las cosas, fue el árbol de la salvación, concebido por el Espíritu Santo, de quien fluyen las aguas vivas, el árbol que llevó el fruto copioso de la salvación cuando les enseñó a sus discípulos la doctrina de la iglesia en su plenitud. En efecto, el Hijo de Dios en la divinidad fue como raíz en el corazón del Padre y fuerza viva de la divinidad, y descendiendo en el vientre de la Virgen llevó en su humanidad la plenitud de los frutos. Porque como la savia está en el verdear de la madera, así el Hijo de Dios estuvo desde siempre en el Padre, hasta que en el tiempo predestinado llegó para hacerse hombre, cuando se volvió comida de vida para los que viven en el espíritu. El cielo fue testigo del Hijo de Dios mientras habitó junto al Padre, la tierra fue testigo suyo cuando yació en el pesebre, y el agua lo conoció cuando caminó sobre el mar. Sin embargo, aunque su pueblo pudiera verlo corporalmente, sin embargo no reconocieron que fuera Dios.

 

Las palabras: “La tierra estaba informe y vacía, y las tinieblas revestían la superficie del abismo”, tienen que ser interpretadas alegóricamente como referentes a los incrédulos, que están vacíos de obras buenas y están cubiertos de tinieblas por su falta de fe. Y las palabras que siguen, “Y el espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas”, han encontrado su cumplimiento en los apóstoles y en el pueblo de los fieles por gracia del Espíritu Santo.

XX. “La tierra estaba informe y vacía, y las tinieblas revestían la superficie del abismo” (Gén 1,2). Todas las gentes, es decir los judíos y los gentiles, que habitaron sobre la superficie del abismo, es decir la tierra, fueron ciegos, sordos e incapaces de reconocer a Dios porque su espíritu estaba engañado por una fe vana, y fueron privados de buenas obras, ya que no las cumplieron siguiendo la doctrina del Hijo del Altísimo, hasta que él no subió al Padre. Y así sobre la tierra, que es la superficie del abismo, estaban las tinieblas de la incredulidad, en las que vivieron como ciegos cuánto no reconocieron a Dios.
“Y el espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas”. (Gén 1,2). Tras la ascensión del Señor el fuego del Espíritu Santo aleteó sobre las aguas, es decir sobre los apóstoles, surgidos del amor del Hijo según la voluntad del Padre. Y lo mismo que en la creación del mundo las aguas fueron hechas antes que todas las otras criaturas, así también los apóstoles fueron los primeros entre los doctores de la iglesia. Y como aquellas aguas tienen su origen en la creación del mundo, y de ellas fluyen todas las aguas, así de los primeros doctores, los apóstoles, se han multiplicado los doctores de la iglesia, como testimonia en el salmo David, diciendo:

 

Palabras de David en el Salmo XXVIII, conformes a la doctrina apostólica, y como deben ser interpretadas.

XXI. “La voz del Dios se hace sentir sobre las aguas, el Dios majestuoso hace estallar la tormenta” (Sal 29,3). Se interpreta así: En primer lugar suena la voz, y lleva en sí la fuerza de la palabra, de forma que se pueda conocer y comprender lo que anuncia. Por tanto la voz del que domina sobre todo, bajó sobre las aguas, es decir sobre los profetas, cuando les reveló muchos secretos del cielo y la tierra, y Dios, que es Dios de majestad porque es omnipotente, la hizo tronar fuertemente, cuando mandó a su Hijo al mundo. En aquel tiempo el Señor de todos los pueblos también mandó el Espíritu Santo sobre los apóstoles y los otros creyentes, que se multiplicaron en la fe católica, y los mandó que su doctrina penetrara por todas partes sobre la tierra. Los hombres pudieron ver al Hijo de Dios en forma de hombre, pero no supieron cómo fue concebido y como nació. A veces la voz del Señor es extraña e incomprensible, pero la Palabra se reconoce y puede ser comprendida y por ella el hombre puede conocer en la fe a Dios, que les mandó a los hombres las profecías de que las que el agua es símbolo. Por tanto se reconoce en ellas como el señor de los profetas.

siguiente>>