Para el hombre creado en la virtud del divino resplandor, pero engañado por el fraude del diablo, Dios creó un vestido hecho de aire, y después de tenerlo tan revestido lo expulsó del paraíso, desterrándolo en el mundo para que lavara la culpa de la desobediencia. Cómo se nubló la belleza originaria de la creación simultáneamente a la expulsión del hombre. Cómo el hombre ahora vive y obra con la ayuda de los elementos.

XV. Luego Dios en el resplandor de su virtud hizo al hombre y le coloco en la luz inextinguible del paraíso para que fuera incorruptible como sus frutos. Pero el hombre se aferró a la desobediencia, y así se dio cuenta de que estaba desnudo. Esto agradó mucho al diablo, que lo había desvestido, porque como él, había perdido la belleza de su gloria. Desde entonces Dios se le apareció como un extraño, en una llama, o en una nube incolora, también se mostró con el rostro cubierto como a Moisés y a otros que le fueron queridos. No quiso que el hombre quedara así, porque había decidido que llegaría el tiempo en que su Hijo vestiría el vestido de la humanidad. Le dio pues, el vestido aéreo de los animales vivientes, porque Adán y Eva escucharon al animal cuando desobedecieron el precepto divino. Y así fueron expulsados y obligados a vagar como peregrinos miserables, y fueron sometidos a la corrupción con los demás frutos de la tierra. En su caída y expulsión todas las criaturas del mundo quedaron oscurecidas como los rayos del sol cuando resplandecen de tras una nube densa, y del mismo modo, como por una nube, se oscureció la entrada del paraíso al antiguo seductor, para que no pudiera entrar jamás.
Desde entonces el hombre empezó a cumplir sus obras con las criaturas, porque del mismo modo que el fuego enciende y consume todas las cosas, así hace el hombre con las otras criaturas. Y en este fuego que invade y consume todas las cosas, toda criatura está escondida, y también la criatura es cercana el agua, que limpia todas las cosas. En efecto, el fuego arde con tal fuerza que no salvaría nada si no fuera templado por el agua. Y como el agua ha sido puesta cerca del fuego para moderarlo, así la humanidad se unió a la divinidad para alcanzar el perdón, porque no le favorecería al hombre yacer en las tinieblas sin emitir alguna luz. El ser humano recibe del fuego la forma sólida y el agua lo invade; así consigue su forma corpórea y por esta razón cuando Dios hace las formas de arcilla las modela con el fuego y con el agua.
Pues Dios es la luz viviente de la que resplandecen todas las luces, y el hombre mismo existe gracias a la divina luz de vida. Pero Dios también es fuego; por tanto al hombre lo ha cocido con el fuego y lo ha amasado con el agua, y por esto cuando hay demasiado calor en el agua del cuerpo del hombre, este enrojece y rezuma. ¿Y como podría quedar oscurecido el hombre que resplandece de la luz? ¿Y como podría no moverse, si tiene la vida del fuego? Si el hombre fuera inactivo y no tuviera una morada, sería nada.
Por tanto Dios que es luz y fuego vivifica al hombre con el alma y lo hace moverse con la razón, como con el sonido de la palabra creó el mundo entero e hizo de el la morada del hombre, que está en el mundo con todo lo que le ayuda a actuar. Dios lo hizo perfecto sobre todas las cosas.

 

Nadie habría podido arrancar al hombre de la perdición, ni vencer a su engañador, el diablo, sino solo Dios. Palabras del apóstol Juan en el Apocalipsis referentes al odio y la persecución de la serpiente contra la mujer y la semilla de esta. Cómo la mujer fue ayudada por la tierra.

XVI. Pero ¿quién habría podido levantar al hombre perdido que, engañado, se olvidó de su Creador, sino el que sin ser oscurecido por la nube de la ignorancia compartió su dolor? Y así, cuando el diablo vio a la mujer vestida, en su ciencia envidiosa, se dio cuenta de que había sido la causa de su exilio del cielo. Refunfuñando para sí, se preguntó con qué objeto Dios le había dado aquel vestido, como está escrito en el Apocalipsis: “Y cuando el dragón se vio precipitado sobre la tierra, persiguió a la mujer que había dado a luz al hijo varón. Pero se le dieron a la mujer dos grandes alas de águila, para que volara al lugar desierto que la estaba destinado, dónde será nutrida por un tiempo y unos tiempos y la mitad de un tiempo, lejos de la mirada de la serpiente”. (Ap 12,13-14). Se interpreta así: la antigua serpiente, viendo que había perdido el lugar donde quiso poner su sede, ya que fue echado en el infierno, exacerbó su cólera contra la mujer reconociendo en ella la raíz del género humano, ya que es ella la que pare. Su odio creció al extremo y se dijo que no dejaría nunca de perseguirla hasta que no la destruyera ahogándola en el agua del mar, tras haberla engañado primero.
Pero ella, sufriendo los dolores del parto, buscó con todas sus fuerzas la ayuda del consuelo, y sustentada por la protección divina se opuso al diablo por todos los medios. En efecto, se le han dado dos baluartes para su felicidad, es decir, el deseo celeste y la salvación del alma, para que con ellos busque refugio en el secreto de su corazón. En él, ella recibió el alimento de la salvación en el tiempo anterior al diluvio, y en los tiempos siguientes al diluvio y en la mitad del tiempo transcurrido entre la época de la circuncisión, antes de la Encarnación del Hijo, hasta la plenitud del tiempo del anuncio evangélico, en el cual se manifestó la plenitud del auténtico y justo orden contra la antigua serpiente.
Antes del diluvio, pero también después del diluvio y en el tiempo de la circuncisión había algunos que adoraban a Dios y que consiguieron la redención de sus almas en virtud de la sangre vertida por mi Hijo. Pero cuando vino el tiempo de la encendida aurora, es decir la plenitud de la justicia, la antigua serpiente quedó sorprendida y aterrorizada, porque una mujer, la Virgen, lo había confundido completamente.
Por tanto su furor estalló contra ella, como está escrito según mi voluntad: “Y la serpiente vomitó por su boca un río de agua detrás de la mujer, para hacerla arrastrar por la corriente, pero la tierra vino en socorro a la mujer”. (Ap 12,15-16). Se interpreta así: el antiguo perseguidor en su perversa codicia y en el tiempo que siguió al tiempo de la rectitud, en el que la mujer había engendrado al hombre, envió la incredulidad y la infidelidad a los pueblos de los judíos y los paganos, intentando hacer con eso que, aterrorizada por las muchas persecuciones, se sometiera o fuera completamente ahogada como un barco que se sumerge en un naufragio, para que su nombre fuera borrado completamente de la tierra, como se borra de la tierra lo que se hunde en la profundidad de un río. Pero con la ayuda de la tierra la mujer permaneció firme, porque mi Hijo recibió de ella el vestido de hombre, mi Hijo que soportó en su cuerpo muchas ofensas y sufrimientos con el fin de confundir a la serpiente.

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