Trata del edificio que se ve por encima de la redondez de la tierra, de la plaza y de la estrella que estando sobre de ella manda sus rayos, y del otro globo y de los rayos de las estrellas que resplandecen entre las alas, y de la distancia de los espacios entre todas estas cosas. De qué manera se refieren a la ciudad de Dios, que es la iglesia, y a Cristo, al Espíritu Santo con sus dones y a los ángeles de la guarda, que custodian a los santos.

XII. Sobre el globo y hacia la mitad de las alas se extiende una plaza oblonga. Sobre ella brilla algo parecido a una estrella blanca porque está trazada una calle desde el juicio de la potencia de Dios hasta el cumplimiento de su protección sobre el que la virginidad florece. En ella se muestra al Hijo de Dios Encarnado nacido de la Virgen, seguido, en la medida de sus fuerzas, por una gran muchedumbre de los que quieren la virginidad y se proponen la perfección con devota piedad. Más allá, entre la parte de arriba de estas dos alas, se ve algo que se parece a un globo de fuego que emite rayos. Significa que desde lo alto de la protección celeste, el Espíritu Santo se manifiesta prodigando a sus elegidos múltiples dones. Y la distancia entre la redondez de la tierra y el globo rojo, entre el globo rojo y la estrella blanca, y entre la estrella blanca y el globo de fuego es la misma, porque el juicio de la potencia de Dios y las obras de la virginidad además de los dones del Espíritu Santo, no son diferentes entre sí, sino más bien concuerdan según una medida armoniosa, ya que aquellos a los que la gracia del Espíritu Santo inspira, las obras de santidad los confirman y el juicio divino los juzga con justicia.
Además, entre las dos primeras alas de una y otra parte de la plaza, se distinguen rayos luminosos que partiendo del globo rojo circundan la estrella y de ella van hacia el globo de fuego. Significa que la protección que viene de lo alto de los cielos, circunda y defiende por todos los lados las calles de la virginidad, y que por su invencible potencia aquella virginidad que tuvo principio en el Hijo de Dios se consolida en la fuerza del Espíritu Santo, y en todo lugar está confiada a la custodia de los espíritus angélicos. Porque la virginidad, compañera de los ángeles, es digna de gozar de su compañía. En efecto, mi Hijo recoge cerca de sí en la dulzura de su humanidad a los que le imitan en la fiel devoción de la castidad y que, temiendo el juicio de Dios e inspirados por el Espíritu Santo, reviven en su cuerpo la pasión del Hijo y resisten a la concupiscencia de la carne.

 

De las tinieblas exteriores y de los castigos y padecimientos de diferente tipo, en los que las almas de los condenados junto al diablo y a sus seguidores son atormentadas. En qué partes se encuentran, y como nadie que todavía viva en el cuerpo pueda comprender las terribles penas del infierno.

XIII. En cambio hacia occidente, fuera de la redondez de la tierra, se ven tinieblas, que desde ambas partes de la redondez se encorvan hasta su centro, donde desciende la segunda pareja de alas. Aquellas tinieblas externas están fuera en el espacio del mundo, y se extienden por una parte hasta mitad de la zona meridional y por la otra hasta mitad de la septentrional, y así se yerguen como resultado de la malvada rebelión contra la plenitud de la protección de Dios. En ellas el antiguo enemigo, que es su señor, goza infligiendo tormentos a las almas entregadas al olvido. Dentro de estas tinieblas, en la parte entre occidente y el norte, hay tinieblas más densas y ardientes, que tienen la forma de una boca horrible abierta como para devorar, y ellas, que están en el exterior del mundo, son la boca del infierno con toda su aspereza. Devoran las almas de los condenados torturándolas con atroces tormentos, ya que han seguido al diablo cumpliendo las obras infernales en lugar de querer a Dios.
Estas tinieblas están contiguas a otras tinieblas aún más densas, infinitamente horrorosas, que están en el exterior de ellas, como si fueran su boca abierta. Éstos son los lugares infernales en que hay abundancia de todos los tormentos y no hay ningún consuelo. Están separadas de los demás castigos porque son más ásperas que ellos y devoran todas aquellas cosas que Dios juzga que tienen que ser precipitadas en el olvido. En ellas son torturadas todas las almas que han vivido en el olvido de su Creador, en la falta absoluta de fe y por haber cumplido acciones execrables. Por esta razón estas tinieblas infinitas se sabe que existen, pero no se ven, ya que el infierno y sus atroces tormentos el hombre puede conocerlos con su inteligencia, pero mientras viva en el cuerpo no puede verlos en su plenitud con los ojos mortales, y no es tampoco capaz de distinguir que tormentos hay y cuántos son, como tampoco conoce ni su misma alma, ni cuáles son sus méritos, mientras viva en el mundo.

 

Dios, única vida que existe por sí misma, no recibió el ser de nadie, pero ha dado el ser a todas las cosas. Sobre la creación de los ángeles, la ruina de los espíritus soberbios y el consuelo de los espíritus beatos. Cómo el diablo no puede destruir el número de los que serán salvados, aunque siempre persiga este objetivo.

XIV. Dios pues, que ha hecho todas estas cosas, es la única vida de la que brota toda vida, así, como los rayos emanan del sol, y es aquel fuego del que se enciende todo fuego que se vuelve hacia la beatitud, como las chispas manan del fuego. ¿Y como podría ser que nada vivo estuviera unido a esta vida, que este fuego no calentara ni iluminara nada? ¿Cómo podría no manar vida y claror de la divinidad que es vida desde antes de todos los tiempos? ¿A quien favorecería una luz encendida por el fuego, si no resplandeciera para nadie, cuando ni esconde el fuego su luz, ni el sol sus rayos?
Dios es en realidad aquella vida de la que la fila de los ángeles ha sido encendida, como las chispas manan del fuego. Ahora bien, esta vida no puede dejar de brillar y su claridad no puede reducirse, porque en ella no puede habitar la muerte. ¿Qué quiere decir todo esto? Dios solo es de sí y en sí y no ha tenido el ser de nadie, mientras que toda criatura ha tenido el ser de Él.
Él creó algunos espíritus de alta dignidad y puso a su cabeza un gran príncipe. Todos dirigieron a él la mirada, como se mira una lámpara en la que arde una llama luminosa, porque en él refulgían todos sus resplandores como piedras preciosas. Pero éste busco un lugar vacío y en él quiso poner su trono. Por eso, junto con todo su ejército, fue echado como paja en el pozo del infierno, dónde las tinieblas externas y la boca del pozo infernal y el pozo mismo fueron preparados para acoger su caída. Aquel pozo es desmedido, como el número de los ángeles perdidos es innumerable. En efecto, para destruir la semejanza con que quiso ser como Dios, le fueron preparadas las tinieblas. Y por la discordia inadmisible que introdujo entre el ejército de Dios y el propio, fue hecha por Dios la boca del infierno. Y por aquella envidia por que no quiso en ningún modo reconocer a Dios fue dispuesto el pozo infernal. Luego, Dios circundó los espíritus beatos con la fuerza de su majestad de modo que las asombrosas astucias del antiguo seductor no puedan aterrorizarlos jamás, y llenó sus ojos con su claridad, para que se deleiten para siempre en contemplar su rostro. Su poder sobre el infierno es tan vasto, que el antiguo seductor no podrá disminuir ni con guerras ni con artificios la plenitud del número de los rescatados, él que fue capaz de darse a sí mismo la muerte como hacen las víboras.

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