El antiguo enemigo, envidiando al hombre por la gloria perdida, sufre para siempre sus penas y por esta causa procura ardientemente que el hombre sea contaminado por los horrorosos crímenes del odio, del homicidio, de la sodomía y de todos los demás vicios.

IX. La antigua serpiente se regocija con todos estos castigos con que el hombre se ve castigado en alma y cuerpo. No quiere, él, que tiene perdida la gloria celeste, que el hombre la alcance. Efectivamente, cuando se percató que el hombre hizo caso de su consejo, empezó a planear de hacer guerra a Dios diciendo: “A través del hombre llevaré a cabo todos mis propósitos”.
Pues, en su odio, inspiró que todos los hombres se odiaran con el mismo mal sentimiento, para que se mataran los unos a los otros. Y dijo: “Haré que los hombres mueran, los perderé más que a mí mismo que ya estoy perdido, porque yo estoy vivo, pero ellos no lo estarán”. Y mandó su soplo para que la sucesión de los hijos de los hombres se extinguiera, y entonces los hombres se encendieron de pasión por otros hombres, perpetrando actos vergonzosos. Y la serpiente gozando de eso, gritó: “Esta es la suma ofensa para el que ha dado el cuerpo al hombre, que la forma de éste desaparezca, por haber evitado la relación natural con las mujeres”.
Es pues el diablo el que los persuade a convertirse en infieles y seductores, para odiarse y matarse convirtiéndose en bandoleros y ladrones, porque el pecado de la homosexualidad lleva a las más vergonzosas violencias y a todos los vicios. Y cuando todos estos pecados se hayan manifestado al mismo tiempo en el pueblo, entonces la constitución de la ley de Dios se quebrantará y la iglesia será perseguida como una viuda. Y los príncipes, los aristócratas y los ricos serán echados de sus posesiones por la gente de menor rango y serán puestos en fuga de ciudad en ciudad, y su nobleza será aniquilada y los ricos se verán reducidos a la pobreza. Todas estas cosas ocurrirán cuando la antigua serpiente insinúe en el pueblo la voluntad de cambiar vestidos y costumbres. Los hombres le obedecerán, añadiendo allí un detalle, quitando en otra parte otro, deseosos de novedades y de cambios constantes.
El antiguo enemigo y todos los otros malos espíritus, que perdieron su belleza pero no el soplo de la racionalidad, por temor de su Creador no enseñan a ninguna criatura mortal la forma de su perdición tal como es. Pero con sus sugerencias infunden insidias en todos los hombres, a cada uno de modo diferente, porque en todas las criaturas hallan algo de su malicia. Sin embargo, Dios ha emprendido una gran batalla contra su impiedad a través de la razón del hombre que resiste a la razón diabólica y los confunde. Esta lucha durará hasta al final de los tiempos, cuando sean confundidos en todo y por todo y el hombre que los haya vencido tendrá como recompensa la vida eterna.

 

En esta visión se muestra el celo de Dios a través de un globo de color rojo y de unas alas que lo abrazan por ambas partes, hacia arriba de un lado y de la otra hacia abajo. El celo de Dios castiga los pecados en la caridad. Se muestran las defensas con qué se deben proteger los que se salvarán.

X. El hecho que hacia el oriente, fuera de la redondez de la tierra y a cierta altura, se vea un globo rojo circundado por un círculo color zafiro, significa que en la región oriental, que indica el origen de la justicia, el celo de Dios, que supera el intelecto humano y se encuentra en lo alto de los secretos celestes, se muestra en su potencia con la justicia de la caridad. Porque aunque Dios juzgue con su potencia, sin embargo ejecuta sus juicios con la caridad.
Desde el globo, a la derecha y a la izquierda salen un par de alas en uno y otro lado, y en ambas partes un ala se eleva hacia arriba, por una y otra parte de la circunferencia, y al llegar a la cumbre las dos alas se encorvan a la una frente a la otra como mirándose. Porque en la prosperidad y en las adversidades, es decir con dulce inspiración o con áspera corrección, se manifiesta la protección divina que custodia a los hombres, y abraza las cosas que se elevan a lo alto por su amor, defendiéndolas en la excelencia de su majestad. En cambio la segunda ala de ambas partes, baja hasta mitad de la circunferencia de la tierra, de forma que estas dos alas circundan la circunferencia de la tierra hasta la mitad, como abrazándola por encima del firmamento. Ya que como la defensa celeste protege las cosas que están en los cielos, así también defiende las que están en tierra, inclinándose para llevar a la plenitud la buena voluntad de los hombres rodeándola con el abrazo del amor verdadero.

 

A través del círculo rojo, que como un arco se extiende por el exterior de la parte occidental, se representa la amplitud de la venganza divina hacia los que están fuera de la plenitud de la verdadera fe y del ámbito de las obras buenas.

XI. A partir de aquel punto mediano, un círculo rojo como un arco tenso, encierra toda la parte occidental externa y también parcialmente los sectores de las partes meridional y septentrional confinantes con ella. Porque con la misma perfección con que Dios en su misericordia protege a los que lo adoran, con el fuego de su celo, emite su justo juicio y promueve una venganza de justa medida sobre los que caminan fuera del ámbito de las buenas obras y sobre cuántos quedan fuera integridad de la verdadera fe, condenándolos al castigo. Es decir, este círculo va desde la extremidad del ala meridional, circunda la circunferencia por la parte occidental y se encierra en la extremidad del ala septentrional, puesto que, privándolos de la prosperidad de la vida presente por las culpas cometidas, los echa en la aspereza de sus tormentos, porque no han observado la verdad y la justicia. Y el hecho de que sobre la redondez de la tierra, por la parte oriental entre los extremos de las dos alas, se vea algo como un edificio que se eleva hacia aquel globo, significa que alejándose de las cosas terrenales, por el surgir de la justicia y estando en el círculo de la protección de Dios, la ciudad construida de piedras de vida, dirige la mirada hacia el juicio de Dios y lo glorifica, porque las almas fieles alaban continuamente Dios que ordena rectamente todas las cosas.

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