De nuevo sobre la creación del viento del norte y lo que se dice de su rigor y de los daños que produce exteriormente a las criaturas. Como debe ser interpretado en relación a las seducciones de los vicios, con los que el alma y el cuerpo son interiormente aguijoneados por el diablo.

XCVI. Cuando el viento del norte levanta su espantoso torbellino, el viento de oriente le opone resistencia, el occidental le impide soplar más fuerte que él y el viento meridional, que es más fuerte que estos dos, se une a ellos para rechazarlo e impedir al viento del norte superarlo con su soplo. De este modo todos los vientos, de oriente a occidente, oponen resistencia al viento del norte, al que la luz del sol ni roza ni ilumina. El viento del norte es peor que los otros vientos, porque es tenebroso desde que el diablo cayó, cuando Dios lo hundió en el lago de las tinieblas exteriores, dónde quedó inmerso en la oscuridad sin luz. Por él, luego cayó Adán. Los espíritus malignos soplan en todo el mundo el soplo de las tinieblas en que están sumergidos, para inducir los hombres al error. Y lo hacen con la misma maldad con que se contrapusieron a la verdadera luz. Dios no permite, sin embargo, que se presenten a los hombres que viven bajo el sol, tal como son, en su horrible forma. Pero se aparecen a los hombres en cualquier forma de criatura posible, según sus intenciones y costumbres, para engañarlos y alejarlos lo más posible de las obras buenas.
El viento del norte, que perjudica los hombres y los frutos de la tierra y que con sus alas, en el calor del verano, sopla hacia oriente y occidente el frío nocivo con que seca los frutos de la tierra, es parecido a la tenebrosidad y a la maldad de los espíritus del aire, porque estos espíritus, los más malvados, hielan en el hombre el calor del fuego del Espíritu Santo, induciéndolo a olvidarse de Dios. Entonces el alma, vencida en su batalla con el cuerpo, cede a los deseos de la carne, tal como se envuelve un gusano en su capullo y así, envenenada por los pecados por culpa de la baba del serpiente, ya no se acuerda de que es un soplo que viene de Dios. Sin embargo no se queda siempre en estas condiciones, sino que suspira y gime por el abrazo sofocante de los pecados, a los que incluso aspiró, como si fueran grandes delicias. Ya no los ve más bajo el aspecto de placeres, sino mas bien de molestias, y seguidamente, como luchando contra él mismo, se empeña en las obras buenas.
Pero si el hombre se vende a la mala ciencia, y olvidando a Dios y ardiendo de lascivia aprecia el consejo del serpiente, la lujuria estallará aun más fuerte en él, inflamado por el soplo del arte diabólico que lo lleva a engaño diciendo: “Puesto que eres un hombre ¿cómo puedes impedir que tu carne sea agitada por el placer? Además, sabes que puedes volverte de nuevo puro con la penitencia” Un hombre en estas condiciones, parecido al viento que despliega su horror debajo de las nubes, obnubilado en su ciencia y burlado por su mente errabunda, duerme en las tinieblas del olvido de Dios entre sus pecados criminales. Y si se duerme así, con los pecados, olvidando a Dios. Todos cuántos viven en Dios porque viven según la justicia, le consideran parecido a los gusanos más despreciables y repugnantes, de los cuales todos rehuyen.
Por eso dicen de él: “¿Qué hombre es ése, que no se acuerda de ser hombre y vive entre toda esta suciedad?”. Lo rehuyen, entonces, como señal de muerte, examinándose a si mismos para imprimir cada uno el sello del temor de Dios en sus propias acciones para no hacerse parecidos a él, por el terror que han sentido frente al hombre antes descrito. Y le consideran signo cierto de predicción de miserias y perjuicios.
Y como la mano señala todos los objetos gracias al movimiento del brazo, y como los milagros son prefigurados en el movimiento de los elementos, igualmente el hombre actúa, considerando dentro de si, en el alma, las cosas útiles y las inútiles La variabilidad del viento del norte significa, la inestabilidad de las mentes de aquellos hombres que juzgan lo que es conveniente según la previsión de su misma voluntad, puesto que solo confían en ellos mismos y no en Dios. Por tanto se parecen a la densa nube que no permite ver los rayos del sol, porque eligen y conservan como un tesoro las cosas contrarias a su Creador. Por eso en su oscura maldad son antipáticos a los otros hombres. Del mismo modo que la luna puede aparecer de colores diferentes, así, con el olvido de Dios, ésos hombres asumen la dureza del hierro y se hacen ambiguos y engañosos, de forma que, a los hombres de fe poco firme, se muestran a veces dulces y serviciales, pero luego, engañados por el arte diabólico, caen en la confusión en presencia de Dios y los hombres a causa de sus obras detestables y llenas de malicia.
El viento del norte es peligroso e inútil, porque acoge en sí al ser malvado que se contrapone a Dios, por sentencia del más justo de los jueces. El viento del norte también representa el ardor de la cólera, en la cual, por sugerencia diabólica, el hombre, en el odio de su cólera y alimentado por la maldad, si logra hacerlo, derrama la sangre humana del hombre al que el Espíritu Santo inspira, en lugar de alabarlo con dulces palabras de amor. En su malicia este pecador vuelca el agua de la deshonestidad sobre el que reconoce invadido de sabiduría, y después de machacarlo, sigue su camino. Hace todo lo que puede, a fuerza de mentiras, para deshonrar al hombre caritativo, y destruye en todo sitio la paz, en todas las ocasiones posibles, con palabras duras y pérfidas.
El viento del norte, que está lejos de Dios, acoge todos los vicios de los hombres para agitarlos en su torbellino, como la cebada se separa del trigo, y así este hombre, separado de toda utilidad, felicidad y santidad, carece de todas las virtudes que se afirman gracias a las inspiraciones del Espíritu Santo, y que resultan más bonitas y resplandecientes en relación a su oscuridad, tal como la pared sustenta al hombre que se apoya en ella. Por contraste con sus tinieblas se reconocen todas las cosas luminosas, que concuerdan con la armonía celeste que el Hijo del Hombre sembró en la naturaleza virginal. Y como la sugestión del diablo seduce a los hombres, así también el soplo de viento del norte es para ellos nocivo. Pero cuando el hombre, que ha cometido iniquidad y pecados susurrando con el diablo en la parte izquierda, a causa de la penitencia y conversión coincide con la parte derecha, entonces, como un prisionero liberado del infierno, debido al recuerdo de los mismos pecados se vuelve más fuerte y más santo cuando hace el bien, como la mano izquierda está al servicio de la derecha.

 

La razón por la cual Dios, cuando suscitó y sacó a Adán de la tierra, decidió en primer lugar que diera frente a oriente, a la derecha el Sur y a mano izquierda el norte. Y encerró en su pequeña y reducida estatura el inmenso mecanismo del mundo entero, y sometió todas las criaturas al dominio y a las fuerzas de sus sentidos.

XCVII. Dios dirigió hacia oriente el rostro de su semilla de justicia, es decir de Adán, cuando le despertó y lo hizo levantar. En su mano derecha estableció la tierra del mediodía, tierra de la felicidad, y en su izquierda las tinieblas exteriores, que tienen el nombre de viento del norte. En Adán puso la fuerza de los elementos y las de todas las demás criaturas, para que con ellas obrara contra el viento del norte donde viven los ángeles caídos que se separaron de Dios porque, negándolo por su propia voluntad, no quisieron que fuera su Dios. Por esta razón Dios quiere que el hombre repudie los efectos del viento del norte sobre su lado izquierdo, que lo rechace, que no lo imite, lo mismo que el hombre que mira con el rostro hacia delante no puede verse la espalda. Dios quiere que el hombre, combata con todas sus fuerzas de criatura contra la serpiente en la batalla de Miguel. Desea que la parte izquierda olvide completamente el viento del norte, como las tinieblas están completamente separadas de la luz.
Así Dios ha reforzado al hombre con las energías de todas las criaturas, y lo ha revestido como de una perfecta armadura, para que conozca por la vista a las criaturas, las comprenda a través del oído, las distinga a través del olfato, sea de ellas nutridas a través del gusto y les imponga su poder a través del tacto. Por esta razón tiene que saber también que el verdadero Dios es el Creador de todas las criaturas, y no tiene tampoco que intentar combatir contra él, a pesar de que a menudo se engañe por los consejos de la antigua serpiente. Dios no llenó al hombre de todas las energías de que se ha hablado para que no intentase llevar su intelecto al nivel de necedad del ángel perdido. Dios ha formado el cuerpo humano a semejanza del firmamento y de otras criaturas como el fundidor utiliza un molde para elaborar sus piezas. Dios ha dado al gran mecanismo del firmamento medidas rigurosas, y estas medidas las reprodujo en el hombre, aunque el hombre sea pequeño y corto de estatura, como ya se ha dicho. Lo ha creado de modo que cada uno de sus elementos, ajustados juntos, no superen su medida exacta y su peso exacto, a menos que sea por decisión divina. Y ha establecido que sea flexible en numerosos partes de su cuerpo, en el cuello, en los hombros, en los codos, en las manos, en los muslos, en las rodillas, en los pies y en algunos otros miembros.

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