La parte superficial de la tierra es tierna, blanda y perforable, mientras que la interna es resistente, dura e impenetrable, Qué se descubre en el alma del hombre siguiendo esta indicación.

LIV. Una mitad de la tierra, es decir la parte superior, es tierna, blanda y perforable. La otra mitad, es decir la parte inferior, es resistente, dura e impenetrable, al punto de superar, en su dureza y resistencia, la dureza y resistencia del acero.
De modo parecido el alma racional tiene en su energía una fuerza fecundante con la que penetra la suavidad de la carne, la dureza de los huesos y el conjunto de las venas. Las operaciones del cuerpo se realizan por el empeño ardiente del alma, como las armas, que adquieren mayor poder por la dureza del acero y pueden cortar cualquier objeto o como los panes se achicharran al fuego del horno. Ella sostiene el cuerpo con amor, como la parte dura de la tierra sustenta la parte blanda, y en cada operación actúa inseparablemente con el cuerpo, como la mujer está unida al marido, del cual no se puede separar, porque los dos son una sola carne.

 

A propósito de las cualidades interiores del hombre, qué enseña la medida de los hombros, de los codos, de las manos y de los pies hasta la extremidad del dedo gordo, parecida a la proporción entre los vientos.

LV. Desde uno y otro hombro hasta el codo de uno y otro brazo, y del codo a la punta del dedo mediano de una y otra mano, hay la misma medida. En la mano además, desde la muñeca hasta el extremo del dedo mediano hay la misma distancia que hay entre el talón y la punta del dedo gordo, tal como cada viento principal cubre la misma distancia de los colaterales y sus soplos. El hombre, empujado por la razón, se complace a veces en las obras buenas y santas, aunque con vana intención, y mientras comienza a actuar, se le altera completamente su sangre concebida en el pecado a causa de la fatiga de la obra emprendida, y así deja imperfecta su obra porque se cansa de actuar. Entonces, el mismo bien que inició, no por mandato divino, sino por confianza en su propia virtud, ahora le escarnece orgullosamente. Y todo lo que se complació en ello antes de empezarlo, después le es motivo de vergüenza por haber dejado la obra a medias. Y por haber hecho una cosa de este género empieza a sufrir y a quejarse.
La distancia que separa los hombros de los codos del uno y el otro brazo designa las obras cumplidas por el hombre por orgullo, y la distancia desde los codos a la punta del dedo mediano de una y la otra mano enseña que el hombre tiene que borrar con la penitencia las obras que ha hecho por orgullo. Por esto el alma, mientras permanece en el cuerpo, no puede experimentar nunca la plenitud de la alegría, porque el cuerpo y el alma están en conflicto entre sí. Cuando ya no puede sustentar este conflicto, el hombre se encierra en sí mismo, afligido por una gran tristeza y gime con el corazón contrito. Se humilla frente a Dios, suspirando continuamente. Así, humillado por el temor de Dios, se aleja de las obras malvadas y contrarias a la naturaleza del alma, y realiza las obras buenas que se representan en las mano, recorriendo las vías de Dios, que se representan en el pie. El movimiento de las manos y los pies significa que el alma tiene que alegrarse por las obras buenas, y cuando cesa su movimiento quiere decir que el alma misma, tiene que probar la tristeza y dolor en las obras malvadas.

 

A propósito de las pasiones del alma qué simboliza el hecho de que la medida de un muslo al otro, en la parte anterior, sea de igual longitud que la distancia que separa el ombligo del punto de evacuación, y que en eso sean proporcionales al espesor de la tierra y a su profundidad.

LVI. También, la medida transversal de un muslo al otro, en la parte anterior, es de longitud igual a la distancia que separa el ombligo del punto de evacuación, porque la extensión en ancho de la tierra tiene tanta longitud transversal como profundo es en sí mismo su espesor. El hombre pues, que peca a menudo, si alguna vez acuerda con su alma hacer el bien, se alegra, pero en esta alegría pasa miedo, porque teme no poder quizás llevar a término la obra iniciada. Con este temor, que retiene en sí gracias a las energías del alma, actúa bien todo el tiempo en que el alma atrae a si al hombre cansado del pecado. Así cada hombre que se dispone a vivir esta vida, unas veces concuerda con la voluntad del alma, y otras con el deleite de la carne. Así, los santos y los mártires escogidos de Dios, mientras todavía vivieron en este mundo, llevaron el estandarte de la Pasión de Cristo.
Si la carne peca, el alma sufre hambre como el que ayuna, pero si la carne ayuna, es decir se abstiene del pecado, el alma disfruta con las obras buenas como quien se alimenta con comida. La distancia del ombligo hasta el aparato de evacuación significa la presunción de la carne, a la que el hombre a veces consiente, a veces resiste, lo mismo que el trabajo de un servidor ahora gusta y ahora desagrada al señor. Lo mismo la tierra se sustenta por su espesor, y produce a lo largo y a lo ancho frutos útiles e inútiles. El espesor de la tierra, que se puede comparar con un criado, designa el deseo de la carne, mientras su largo y ancho significa la abstinencia, que es la señora en esta comparación.

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