Lo mismo que el hombre se gobierna y sustenta con la ayuda de los brazos y las piernas, así los vientos colaboran el uno con el otro en sustentar el firmamento. Qué significan con respecto de los movimientos del alma el hecho de que los vientos sean, ora plácidos, ora turbulentos.

LI. El hombre se gobierna y sustenta con los brazos y las piernas, y está lleno de aire. Y en eso es como los cuatro vientos principales que junto a los vientos colaterales, tienen por función sostener todo el firmamento, cada uno de ellos colaborando con los otros en esta obra de sostén. Todo esto significa que el alma vuela en el cuerpo del hombre con cuatro alas, es decir la sensibilidad, el intelecto, la ciencia del bien y la ciencia del mal. Con la sensibilidad actúa según el gusto de la carne. Gracias al intelecto juzga si sus obras gustan a Dios o a los hombres. Utilizando las dos alas de la ciencia, el ala del bien y el del mal, el hombre lleva a cabo todas sus obras dentro del alma, y la diversidad de estas dos ciencias le ayuda a conocer la naturaleza de sus obras. Con el alma, el hombre reclama a Dios la salvación, y con la carne, Dios reclama a los hombres el honor.
Y así, a veces, el hombre con la ayuda de la ciencia del bien sube al cielo y a veces, a causa de la ciencia del mal, cae ruinosamente a tierra. Pero cuando el hombre, tocado en algún caso en su interioridad por la gracia del Espíritu Santo, se siente agobiado en el alma por el peso de sus pecados, entonces dirige a Dios sus suspiros y hace penitencia por sus malas acciones. Y lo mismo que los vientos recorren el firmamento unas veces en forma de brisa serena, otras como una gran tempestad, así el hombre siempre está atareado en la comparación del bien con el mal.

 

En los codos de los brazos y en las articulaciones de los hombros y las manos se reconocen las conexiones reciprocas de los vientos. Lo mismo que la mano derecha y la izquierda, e igualmente el firmamento y la tierra, colaboran entre ellos en algunos aspectos, también el hombre cumple todas sus obras a través de la ciencia del bien y el mal, aunque sean opuestas.

LII. En el codo del brazo izquierdo se representa el viento principal del este. En la articulación y en el pliegue, dónde la mano se une al brazo, están representados los vientos colaterales. Y en el omóplato y en la mano se manifiestan igualmente los soplos de estos vientos colaterales. El codo del brazo derecho significa el viento principal del mediodía, mientras que el hombro y la articulación que une la mano y el brazo representa los soplos de los vientos colaterales de este viento, y en el omóplato y en la mano del mismo brazo pueden reconocerse igualmente los soplos de los mismos vientos colaterales.
Esto significa que el alma actúa a la manera de un viento en los elementos del hombre y hace mover y doblar cada uno de ellos con movimiento natural. Y el hombre también realiza sus obras con el alma cuando favorece el placer de la carne. Por esta razón el alma no puede sustraerse a la responsabilidad del pecado, porque el hombre a causa del calor del deseo se espesa a la derecha como el cuajo de la leche y obra por el alma el bien, y obra el mal a mano izquierda. Y como un viento se une al otro, así el alma se adhiere al cuerpo. En la ciencia del bien el hombre tiende a Dios, pero en la ciencia del mal, sometida a la ciencia del bien como una criada a la señora, se inclina hacia el mal.
Lo mismo que la criada ofende a menudo a la señora, también la ciencia del bien está a veces dominada por la del mal. Y lo mismo que las manos se juntan para actuar, como el firmamento y la tierra, a pesar de sus múltiples diferencias concuerdan por afinidad, así el hombre cumple su obra gracias a estas ciencias dispares que posee.

 

Sobre las tres partes a lo largo del cuerpo humano y el espesor de la esfera del mundo. Como la vida del hombre se acomoda a esta medida según las edades de la infancia, de la adolescencia y de la vejez.

LIII. De la cumbre de la cabeza del hombre hasta la base del cuello, de la base del cuello hasta el ombligo, del ombligo hasta el lugar de la evacuación hay la misma distancia, como igual es la distancia de la cumbre del firmamento hasta la parte inferior de las nubes, de la parte inferior de las nubes a la superficie de la tierra, y de la superficie de la tierra hasta su punto más bajo.
El alma, en efecto, desde el día del nacimiento hasta el último día de la vida del hombre, actúa según cuanto solicitan la infancia, la adolescencia y la vejez. En la infancia actúa con inocencia, en la adolescencia con el placer de la carne, cuyas consecuencias a menudo son pecados criminales, y en la vejez se cansa por fin de obrar y por esta razón tiende a poner rápidamente punto final a sus obras, sea de la naturaleza que sea.
Como, en efecto, el artífice supremo ha construido el firmamento y sus paredes con las mismas medidas, así el alma, que obra en el cuerpo, desde el principio al final de su acción tiene la misma posibilidad de actuar con la ciencia del bien y con la ciencia del mal, que actúan necesariamente una con la otra.

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