Así como el cuello está unido a los hombros y los brazos a las manos, así están unidos al firmamento los cuatro vientos principales junto con sus colaterales, Cómo se pueden asimilar a estos cuatro vientos las cuatro energías internas del hombre, es decir el pensamiento, la palabra, la intención y el llanto, y qué significa que la energía sea más grande en la parte derecha que en la izquierda.

XLIX. Al cuello se unen los omóplatos y los hombros junto con los brazos y las manos, como los cuatro vientos principales y sus colaterales están unidos al firmamento. Los codos de los brazos, el hombro con su omóplato y la mano con los dedos, todos proporcionan su ayuda como los vientos principales con sus alas, es decir con los vientos colaterales, sustentan el firmamento. Una mano se entrelaza con otra mano como el ala extendida de un viento se une a la de otro.
Todo esto significa que el alma, que es vida gracias a la vida que es Dios, y es soplo del Espíritu de Dios, su vida no tiene fin como el cuerpo, sino que vivífica y sustenta el cuerpo con sus energías, como los astros sustentan el firmamento junto a aquel punto que es la tierra, inmóvil e iluminada por la palabra de Dios, que la ha colocado en el centro del firmamento. Pues el alma que, mandada por Dios, desciende al cuerpo invisible y escondida, devuelve al hombre la capacidad de conocer Dios a través de la fe, de mirar el cielo y de cumplir las obras celestes. Y lo mismo que el rocío cayendo invisible sobre las plantas las vuelve fecundas, así Dios riega misericordiosamente con su oculta dulzura al hombre, que al poner en él su esperanza se levanta hacia el cielo con el cuerpo entero y pisa con los pies la tierra, es decir los deseos de la carne, para que dé buenos frutos, mientras condena las obras contrarias a los suplicios eternos del infierno.
Efectivamente, el hombre cumple todas sus obras, buenas o malas, con el empleo de los cuatro elementos, a la manera de los cuatro vientos, que se mueven como fuerzas vitales en las zonas superiores del aire, y sin embargo a veces proyectan sus soplos a las suciedades y en la inmundicia del lodo. Los cuatro vientos principales se asimilan a las cuatro energías que hay en el hombre, es decir el pensamiento, la palabra, la intención y el llanto. Y como cada uno de los vientos tiene el poder de mandar su soplo a derecha o izquierda, así el alma, llena de estas cuatro energías, por la ciencia natural puede volverse en la dirección que quiera, eligiendo unas veces el bien, y otras el mal.
El viento del Sur tiene dos vientos colaterales, como dos alas, uno que gira a oriente, está caliente y significa los buenos pensamientos que se encienden gracias al fuego del Espíritu Santo, por el ardor de la devota intención. El ala opuesta, en dirección de occidente, está fría y significa los pensamientos inútiles y perversos, que no se calientan en el fuego del Espíritu Santo, sino que quedan fríos, y también significa las obras malvadas. La respiración de fuego, es decir el alma racional, que realiza la acción de la carne y la sangre con las que el hombre se deleita, aunque su naturaleza sea la de aspirar a las cosas celestes, sin embargo también transmite sus fuerzas y su calor al cuerpo cuando se sumerge en la impureza y en el hedor de los pecados, como el sol también calienta con sus rayos la repugnante putrefacción de los gusanos más inmundos.
Por otra parte, el viento del norte es inútil a todas las criaturas, aunque también tenga dos alas, una vuelta a oriente, y otra a occidente. Las dos alas significan la ciencia del bien y del mal dentro del hombre, gracias a las cuales considera en su ánimo, como en un espejo, lo que es útil y lo que es inútil, como la tierra es sustentada por el firmamento superior e inferior.
El ala del viento oriental directo a mediodía significa el hombre que se eleva a Dios a través de las obras buenas, en el abrazo de la verdadera caridad. El ala que mira hacia el norte representa al hombre contaminado por los placeres de la carne. Y como estos dos vientos colaterales están unidos al viento de oriente casi como si fueran dos alas, así están atados al alma el bien y el mal. El bien, en la felicidad y en la alegría, gracias a las que el alma resplandece, como el sol en su virtud lo hace delante de Dios. Y el mal, por cuyo efecto las obras buenas y santas son oscurecidas por el negro de los pecados lo mismo que las nubes tenebrosas tapan la claridad del sol.
Gracias a la buena intención del alma, el hombre tiene gran miedo de los castigos cuya presencia reconoce en la región septentrional, aunque el cuerpo, acostumbrado a las delicias de los pecados, a menudo oprima al alma. Pero también esta intención del alma tiene dos alas, una es el temor de Dios, encendido en el hombre por las admoniciones del Espíritu Santo, en cambio la otra es la verdadera renuncia a los pecados, a la cual el hombre muy a menudo intenta llegar cuando el temor del Dios ha sido sobrepasado.
También el viento occidental tiene dos alas, una que se extiende a mediodía, y la otra al norte, lo que significa que el hombre percibe el bien, y por el bien tiene conocimiento del mal. El ala derecha enseña que el alma tiene el deseo de las buenas acciones por las que suspira. El ala izquierda significa la necedad del hombre, derivada de la deuda del pecado original, con la que cumple las acciones malvadas.

 

El alma, introducida en el cuerpo por el Espíritu de Dios, lo invade todo con sus fuerzas, como el soplo de los vientos se difunde en todo el mundo.

L. El alma se difunde por todo el cuerpo, como la fuerza total de los vientos atraviesa todo el firmamento. El alma, enviada al cuerpo por el espíritu de Dios, lo invade todo con sus fuerzas. Y como los soplos de los vientos se difunden en el firmamento, así el alma induce al hombre a querer a Dios con todo el ardor de su deseo y a practicar las más santas virtudes, que tienen sabor a miel, porque las palabras de Dios son más dulces que un panal de miel para su boca. Así el alma invade con gran amor el firmamento, es decir su cuerpo, con el incomparable adorno de las virtudes y con la magnificencia dulce de las obras buenas.

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