En la lengua del hombre se representa la inundación de las aguas. Cuál es el sentido de esta inundación en el interior del hombre.

XL. En la lengua se manifiesta la crecida de las aguas que ocasiona inundaciones. Porque, como las palabras se forman por la lengua, así, con la crecida de las aguas se crean los torbellinos. En esto se puede ver la señal de que el alma, cuando desea adherirse a los deseos celestiales, obliga a su habitáculo a alabar al Creador y a proferir continuas oraciones con la devoción de su espíritu. El alma se mueve por la humedad y resuena en el crepitar del fuego, ya que como el alma es de fuego, conoce a Dios, y como también es respiración, anhela a Dios, que es espíritu.
Cuando el alma hace el bien, va por el camino de la justicia, como el aire puro, que no tiene nubes tenebrosas. Cuando en cambio produce la podredumbre de los pecados, se parece al desbordamiento de las aguas que arrollan la pura senda del aire. Pero si se aleja de los pecados, pasa lo que está escrito en el evangelio sobre el administrador que, dejando los pecados y reduciendo las deudas, se convirtió a la misericordia. Y cuando invoca la gracia de Dios después de haber pecado y pide resucitar como Lázaro resucitó después de cuatro días, el alma emite profundos suspiros y se entrelaza con la corrección como con una cerca impenetrable, y continúa haciendo buenas obras de modo que no corra el riesgo de caer de nuevo en la costumbre de pecar. Entonces cumple una penitencia estable como el firmamento, para no hacer de nuevo el mal recomenzando a pecar.

 

Qué aspectos de la virtud y la fortaleza se expresan en nosotros a través de los dientes, que no están vacíos como cuevas y no tienen médula.

XLI. Los dientes se muestran en cambio como el dique de aquellas aguas, que es fuerte y firme como los dientes. Es decir, son como el aire denso, blanco y luminoso, que contienen a estas aguas para que no fluyan superando sus límites. Por esto se ve que el alma fortalece y mantiene en sus límites la mente del hombre con la gracia de Dios para que no tienda a dispersarse demasiado a causa de los malos pensamientos, ni atraiga voluntariamente a sí los deseos ilícitos que actúan en el hombre casi como una tempestad, a causa de los pecados. Las energías del alma son como una medicina que cura si el hombre practica la penitencia.
Los dientes no están vacíos como cuevas y no tienen la flexibilidad de la médula, porque no están revestidos de carne. En cambio, se han consolidado y acartonado debido al cerebro y las estructuras del cuerpo humano establecidas según el orden del firmamento. Los dientes se endurecen a causa del calor y de la humedad de la cabeza.
Esto indica que el alma racional, siendo vida infinita inmutable, no aumenta con el desarrollo del cuerpo ni disminuye por su debilidad, porque el alma es respiración de Dios omnipotente, que ha creado admirablemente por su Verbo a todas las criaturas ordenadas en su presciencia. El alma mueve visiblemente el cuerpo en el que la ha infundido invisiblemente la potencia de su Creador, y permanece invisible dentro del cuerpo vivificándolo, del mismo modo que Dios ha creado a todas las criaturas puestas al servicio del hombre, con la fuerza invisible de su poder, utilizando la energía fecunda de la tierra y el calor del aire, y también la humedad del agua. También ha procurado al alma un vestido, es decir el cuerpo, desconocido y extraño a su naturaleza.

 

Por qué el niño, que tiene huesos al nacer, nace sin dientes y los hombres cuando envejecen, a menudo los pierden. Qué nos indica esto.

XLII. En efecto, el niño, cuando está en su tierna edad y no tiene todavía fuerza en la sangre, no tiene dientes, porque está frío. Pero después de que la sangre ha tomado fuerza en él y se ha calentado, nacen los dientes y se fortalecen. Llega a la vejez, en él disminuye la sangre y se reduce el calor, y de nuevo los dientes pierden fuerza a causa del frío y empiezan a moverse.
Así, cuando inicialmente el alma entra en el cuerpo por orden de Dios omnipotente, calienta con su propio fuego al cuerpo que le ha sido dado, que ha sido creado con los cuatro elementos durante el tiempo que, según el mandato de Dios omnipotente va de aquí para allá.
En la infancia del hombre, cuando todavía se nutre chupando de tiernas comidas, el alma es muy feliz, porque en su inocencia no ha tomado todavía el gusto de los pecados, como tampoco Adán lo había cogido, cuando vivía en pureza y sencillez antes de desobedecer.
Pero cuando el hombre, con el pasar del tiempo, refuerza los huesos, y la sangre y la carne se fortalecen, la inocencia se acaba. Se manifiesta entonces el gusto del pecado, mientras que el alma es oprimida por el hecho de actuar contra la misma naturaleza y es vencida, porque el cuerpo, viviendo en el pecado, ha tomado ventaja. Y como después del ocaso el resplandor del sol le es sustraído a los hombres, así el alma después de haber cometido pecado se angustia, gimiendo y llorando por la pérdida de la felicidad que conoció primero. El gusto por los pecados contamina el cuerpo, la sangre y todas las entrañas del hombre. Y a menudo, después de haber pecado, el hombre es obligado por los suspiros del alma a llegar al dolor del corazón, debido al tedio que arrastra.

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