Sobre las dos energías del alma, la una favorece todo el relacionado con Dios, mientras que la otra ejercita su función en dar la vida y gobernar su cuerpo.

XIX. El alma posee dos energías con las que regula con igual fuerza el esfuerzo y el descanso en sus ocupaciones, de modo que con una se eleva hacia lo alto y percibe a Dios, y con la otra domina completamente el cuerpo en que se encuentra y obra en el. Obrar en el cuerpo le proporciona alegría, ya que el cuerpo ha sido formado por Dios, y el alma es rápida para llevar a cabo el trabajo del cuerpo.
El alma se difunde por el cerebro, el corazón, la sangre, la médula de los huesos y por todo el cuerpo, llenándolo y elevándolo, pero ni mas allá, ni por encima de de las posibilidades del cuerpo mismo. Ahora bien el alma, cuando vive en el cuerpo, aspira a cumplir muchísimas buenas acciones, pero no puede ir más allá de lo que le otorga la gracia divina. Además a menudo actúa según el gusto de la carne durante mucho tiempo, hasta que la sangre, por la fatiga, se seca en parte en las venas, y la médula del hueso empieza a emitir sudor. Entonces disminuye la fatiga con el descanso, hasta que ha calentado la sangre de la carne y llenado la médula. Y así estimula el cuerpo a estar despierto y lo conforta para que pueda volver a sus fatigas. Porque él se cansa a menudo por los placeres de la carne, pero si mientras tanto ha confortado sus fuerzas, puede de nuevo dedicarse completamente al servicio de Dios. Cuándo obra según sus deseos, elevándose hacia Dios, sigue las palabras de David, que inspirado por Mí dice:

 

Palabras de David adecuadas a las tareas diferentes del alma y el cuerpo. En qué sentido se han de entender

XX. “Escóndeme, a la sombra de tus alas de esos impíos que me acosan”. (Sal 17,8-9). Esto se interpreta así: Tú, que eres el defensor de todos los creyentes, defiéndeme bajo la calma de tus firmes fuerzas, porque estoy bajo tu potencia adorándote, porque te venero y no me dirijo a un dios extraño y engañoso. Libérame de las pasiones intensamente malvadas y torpes de los espíritus malignos, que me afligen mientras mi carne disfruta. Y así el alma al cumplir su perfecta victoria, afirmará: “Oh carne y miembros en que vivo, me alegro muchísimo de encontrarme dentro de vosotros, porque cuando estáis de acuerdo conmigo me lleváis a los premios eternos”. En cambio el alma, que se ofende porque las malas obras la han herido, dice así quejándose: “Pobre de mí, que he sido enviada a esta morada que me arrastra a la sombra de la muerte, porque el placer de este cuerpo me hace girar como un molino y me hace cumplir obras encaminadas a la muerte”.

 

Cómo el firmamento y las diversas características de sus círculos cumplen todas las funciones de la tierra. Así la cabeza y los sentidos, que tienen su sede principal en la cabeza, gobiernan el cuerpo entero. Análogamente la fuerza principal, es decir la razón, se atribuye al alma, con la cual se encamina a las cosas del cielo. También se atribuyen al alma las otras fuerzas, con las cuales se administra el cuerpo.

XXI. Todo el cuerpo del hombre está atado a su cabeza, como la tierra se une al firmamento con todos sus anexos. El hombre entero está sujetado por la sensibilidad de la cabeza, como todas las funciones de la tierra se cumplen gracias al firmamento. Así, como la experiencia de las realidades celestes y terrestres está presente en el alma, la racionalidad, por la cual conoce las realidades celestes y terrestres, está fijada en ella. En efecto, lo mismo que el Verbo de Dios ha penetrado todas las cosas al crearlas así el alma traspasa todo el cuerpo obrando en él. El alma también es la fuerza vital de la carne, ya que el cuerpo del hombre crece y progresa gracias a ella, igual que la tierra produce frutos gracias a la humedad. Y además el alma es la humedad del cuerpo, ya que lo mantiene húmedo e impide que se reseque, igual que la lluvia impregna la tierra. En efecto, si la humedad de las lluvias cae en medida proporcionada, ordenada y no excesiva, hace germinar la tierra, pero en cambio si corre desordenadamente, la sofoca y la destruye junto a todas sus semillas. Del alma en realidad provienen las energías que vivifican el cuerpo del hombre, como la humedad proviene del agua, y por esta razón el alma se alegra cuando obra de acuerdo con el cuerpo.
Por eso, si el hombre actúa según el deseo del alma, todas sus obras son buenas, y en cambio si actúa según la carne, serán todas malas. La carne rezuma humedad a causa del alma, ya que el soplo del alma mueve la carne según lo solicita su misma naturaleza, y así el soplo del alma alimenta el deseo del hombre. En efecto, el alma sube a las realidades celestes y, con su sentir, aprende a juzgar cualquier obra según sus méritos, y como el cuerpo entero está gobernado por la sensibilidad corpórea, así el alma racional reúne en sí todas las obras de los elementos del hombre, considerando que estos puedan obrar según sus deseos. Y de este modo hace florecer los elementos del hombre como la humedad la tierra, ya que se difunde por todo el cuerpo del hombre como la humedad por toda la tierra. Y como la tierra engendra cosas útiles e inútiles, así el hombre también oculta en él la aspiración al cielo y el gusto del pecado.

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