Qué indica en el hombre el hecho que los humores que hay en él alcancen el ombligo, que es el punto de llegada de las entrañas así como los lomos, donde reside la lujuria También tocan a veces las venas de los riñones y los intestinos y por ellas suben a las venas del bazo, del pulmón y del corazón.

XII. También vi que a veces estos humores se dirigen hacia el ombligo del hombre que, siendo como es el punto de llegada de las entrañas, las cierra dulcemente para que no se dispersen en todas las direcciones, y mantiene en un justo equilibrio sus trayectorias, su calor y el calor de las venas. A menudo sin embargo estos impulsos arrancan al hombre del descanso, de otro modo el hombre no podría vivir, ya que cuando el hombre de fe excluye la escucha del mal, con sus buenos pensamientos cierra el ombligo a los múltiples vanos deseos, de modo que puedan alcanzar la vida de la verdadera santidad por cuanto muchas veces la escucha del mal lo provoca y lo arrastra a la inquietud de los males.
Estos humores a veces se dirigen a los lomos del hombre. Allí se encuentran concentradas energías que pueden ser peligrosas al ejercitarse. Pero los nervios y las otras venas las refrenan para que florezca en ellos la racionalidad, por la que el hombre sabe qué hacer y qué evitar, y así disfrutar de sus obras. Los humores que se encuentran en la parte derecha del cuerpo son calentados y reforzados por la respiración y por el hígado, para que el hombre reciba así discernimiento y disciplina acerca de cómo poner freno a las tempestades de los otros humores, con el fin de poder llevar a cabo sus actos con disciplina, ya que ciñen sus lomos, en los que reside la lujuria. Por la salvación del alma, confirma este deseo con honestidad y discernimiento, gracias al consuelo de la virtud de la justicia. A veces los humores también alcanzan las venas de los riñones y de los otros órganos, alcanzan las venas del bazo, del pulmón y del corazón. Y todos estos órganos, junto con las entrañas, entran en acción en la parte izquierda cuando el pulmón los calienta, mientras el hígado calienta la parte derecha del cuerpo, ya que el hombre, con los pensamientos honestos, contrae con fuerza los riñones, que demasiado a menudo, son causa de deshonesta concupiscencia, influyen sobre su corazón y lo empujan a actuar mal, cuando los golpea la ligereza de la carne. He aquí, pues, todo lo que hace el hombre que anda por el camino de la justicia.

 

Las venas del cerebro, del corazón y del hígado dan fuerza a los riñones. Las venas de los riñones descienden para reforzar las pantorrillas y remontando hacia arriba junto a las venas de las pantorrillas, unidas recíprocamente en determinados puntos, dan a ambos los sexos la fuerza para engendrar. Los antebrazos, los brazos y las piernas están llenos de venas y de humores. Breve resumen de lo expuesto.

XIII. Las venas del cerebro, del corazón, del pulmón y del hígado y todas las otras dan fuerza a los riñones, y las venas de los riñones descienden a las pantorrillas y las refuerzan. Y así, cuando los humores suben con estas venas de las pantorrillas, se unen los unos con las otras en los órganos viriles o en la matriz femenina lo mismo que el estómago asimila el alimento, introducen en aquellas sedes la fuerza para engendrar la prole, como la hoja de hierro se afila sobre la piedra. Después de que el hombre, apaciguada la concupiscencia gracias al pudor, haya puesto un freno a los riñones, la ciencia buena que posee el hombre los purifica en el recinto de la castidad y los controla perseverando en la justicia y en la continencia. Y así, controlándose en aquellas cosas hacia cuya inclinación fue incontinente, consolida la virtud de la continencia, para no derrumbarse en la ligereza. Y, sea hombre o mujer, si erige la continencia como defensa y la sustenta con las otras virtudes y por ella tiende a Dios, cuando camina en el recto camino del discernimiento produce como resultado la santidad.
Los músculos de los brazos, de los antebrazos y de las pantorrillas, e igualmente los muslos, están llenos de venas y de humores, ya que, como el vientre retiene en si las entrañas y las comidas, así la parte superior de los brazos y las pantorrillas de las piernas custodian en sí las venas, y los humores refuerzan y sustentan al hombre con su fuerza particular, al igual que el vientre lo nutre. Es que la abstinencia reúne en el hombre la fuerza y el sostén de las virtudes que vuelve justo. La abstinencia está rodeada del movimiento de los suspiros de los buenos pensamientos, mantiene las entrañas del alma en su integridad y las conserva para la perfección de la salvación, nutriendo en la santidad al hombre todo entero, cuerpo y alma.

siguiente>>