Razón alegórica y excelente sobre el número y el orden o bien la posición de las dieciséis estrellas principales.

XLII. De este modo, como se ha dicho, la figura humana está envuelta y circundada por estos signos, porque el hombre está tan reforzado y defendido por la fuerza de los elementos y por la ayuda de todas las otras criaturas, que no puede ser nunca privado de su estado a causa de ninguna agresión contraria, mientras que la potencia divina lo custodie. Todo eso se puede interpretar también en otro modo.
En la circunferencia del círculo en el cual se ve algo que se parece a fuego brillante, aparecen también dieciséis estrellas principales. Significa que en la perfección de la divina omnipotencia hay unos doctores principales. Son ellos los que enseñaron y enseñan los diez preceptos de la ley en el curso de las seis edades del mundo. Cuatro los encontramos entre la cabeza de leopardo y la del león, cuatro entre la cabeza de león y la del lobo, cuatro entre la cabeza de lobo y la del oso, y otros cuatro entre la cabeza de oso y la del leopardo. Porque por las cuatro partes que forman el mundo, estos doctores exhortan a todos los creyentes a tener temor de Dios, a temer su juicio y las penas infernales y a temer las aflicciones del cuerpo, y así les exhortan a que dejen de pecar, por miedo de todo esto, aunque no tengan en gran cuenta el amor a Dios.
Las ocho estrellas que están entremedias de cada pareja de cabezas mencionadas, es decir las dos en el centro de cada espacio entre dos cabezas, extienden sus rayos hacia el signo del aire tenue, que tienen situado delante. Indica que las ocho beatitudes que están en la perfección de las virtudes de las que se ha hablado anuncian el amor a Dios y al próximo, y con gran atención infunden los mismos soplos en los deseos de los creyentes, para que aunque vivan en el mundo ocupándose de diferentes cosas, se apresuren hacia las realidades celestes y pospongan las realidades temporales. Las otras ocho estrellas restantes, aquellas más cercanas a las cabezas de animales, a ambos lados de las dos que están en medio, dirigen solamente sus rayos hacia el fuego negro, enseñando que las mismas anteriores beatitudes, que prestan ayuda a la verdadera perfección de las virtudes, tanto en la prosperidad como en la adversidad, mandan la parte más sutil de sus soplos hacia el fuego del juicio, para señalar a cuántos tienen que servir Dios en espíritu, que ningún pecado, por leve que sea, será descuidado, sino al revés, será examinado en el juicio y en la venganza de Dios.

 

Otro razonamiento alegórico sobre la multiplicidad y la disposición de las estrellas comunes.

XLIII. Después ves que el círculo de éter puro y el círculo de aire denso, blanco y luminoso están también llenos de estrellas que mandan sus fulgores a las nubes colocadas frente a ellas. Significa que la perfección de la verdadera penitencia y la perfección del discernimiento de las obras santas florecen en el múltiple resplandor de la razón. En efecto, así como estas estrellas son diferentes y múltiples, la penitencia y el discernimiento de las obras santas muestran que en ellas mismas están las múltiples fuerzas de la santidad. Y, con sus resplandores, confieren la razón a las mentes de los fieles, y los inspiran a actuar de modo que todas las obras resulten razonables a los ojos de Dios.

 

Y todavía, otro razonamiento alegórico sobre la utilidad de los cuatro soplos que se mueven como lenguas a la derecha y a la izquierda de la imagen.

XLIV. Luego también, las nubes situadas a la derecha de la figura humana dirigen algo como dos lenguas separadas una de otra, como dos riachuelos, hacia el interior de la rueda y la imagen. Quiere decir que las mentes de los hombres bienaventurados muestran, para su felicidad, que los dos testamentos, el uno según la carne y el otro según el espíritu, están en acuerdo entre ellos, como estas dos lenguas tienen una única forma. Y el globo terrenal está lleno de sus testimonios, que le enseñan al hombre a dirigir la mirada a su Creador.
También, sobre el lado izquierdo de la figura, salen de las nubes como dos lenguas separadas la una de la otra, parecidas a riachuelos, hacia el interior de la rueda y hacia la imagen. Significa que, cuando el hombre es atacado por las tentaciones diabólicas, tiene que concentrar su entendimiento en los dos testamentos, es decir el amor a Dios y al próximo, distintos el uno del otro, ya que el amor a Dios es mayor que el amor al próximo. Y así tiene que destruir la rueda de las preocupaciones del siglo y las batallas de la concupiscencia carnal con el rocío de la justa enseñanza.

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