Sobre las dieciséis estrellas principales colocadas con equilibrada distribución en el círculo del fuego brillante para consolidar el firmamento y mitigar los vientos en el círculo del firmamento.

XXXIX. En la circunferencia del círculo en el cual se ve algo que se parece a fuego brillante, también ves dieciséis estrellas principales. Se aprecia que todo alrededor del círculo del fuego por encima del firmamento, como se ha dicho, están colocadas las estrellas más grandes, cuatro entre la cabeza de leopardo y la de león, cuatro entre la cabeza de león y la de lobo, cuatro entre la cabeza de lobo y la de oso, cuatro entre la cabeza de oso y la de leopardo. Es decir, cuatro entre el viento oriental y el meridional, cuatro entre el viento meridional y el occidental, cuatro entre el viento occidental y el septentrional y cuatro entre el viento septentrional y el oriental. Todas estas estrellas sustentan con sus fuerzas las diversas partes del firmamento y mitigan la violencia de los vientos. Si estas estrellas estuvieran en mayor número, serían excesivas y recargarían el firmamento, mientras que si fueran menos no serían capaces, por su insuficiencia y escasez, de asegurar la solidez del firmamento. Porque Dios ha evitado en cada criatura el exceso superfluo, así como la pobreza indigna. Están distribuidas en número de cuatro entre cada dos vientos, ya que su número es el justo, necesario y sin excesos, es el numero exacto. Todas juntas sustentan con sus fuerzas aquellas partes del firmamento donde están colocadas. Como los clavos refuerzan la pared donde han sido clavados, ellas no se desplazan de sus propios lugares, sino que se mueven circularmente junto al firmamento, consolidándolo.
Ocho de ellas, las dos del centro de cada grupo de cuatro estrellas situadas entre cada pareja de cabezas, es decir, las dos del medio de cada espacio entre cada dos cabezas, extienden sus rayos hasta el signo del aire tenue opuesto a ellas, ya que estas estrellas, que son las del medio de las cuatro estrellas entre los vientos, (puesto que, como se ha dicho, hay cuatro entre cada pareja de vientos), extienden sus rayos hacia el círculo de aire tenue, como las venas descienden desde la cabeza del hombre hasta los pies. Y como las venas llevan la fuerza a todo el cuerpo del hombre, así estas estrellas, con sus fuerzas, consolidan todo el firmamento y ofrecen resistencia a los vientos vecinos para que no produzcan en el firmamento un movimiento excesivo. Llevan el aire al justo equilibrio. Están cercanas las unas a las otras con distancias iguales, con objeto de sustentarse mutuamente para reforzar el firmamento. Las otras ocho estrellas restantes, aquellas más cercanas a las cabezas de animales, que están a ambos lados de las dos anteriores que están en medio, dirigen sus rayos solamente hacia el círculo de fuego negro. Estas estrellas que contienen en medio a las otras y, a las que, como se ha mostrado, ayudan los vientos vecinos, mandan los rayos que emiten solamente hacia el fuego negro, oponiéndole resistencia para que no emita sin moderación el furor de su fuego. Todas estas estrellas están puestas todo alrededor en el círculo del firmamento, a igual distancia y separadas entre ellas también a igual distancia, para sustentar el firmamento con sus fuerzas, en medida siempre igual.

 

La multitud de estrellas diferentes, situadas en los dos círculos, el de éter puro y el de aire blanco y luminoso, calientan el firmamento y retienen las nubes para que no traspasen sus límites.

XL. Y luego ves que el círculo de éter puro y el círculo de aire denso, blanco y luminoso también están como llenos de estrellas, que mandan los mismos rayos a las nubes de enfrente. Indica que el círculo de éter puro que está arriba y que el círculo de aire denso, blanco y luminoso que está debajo de él, están rociados por todas partes de estrellas mayores y menores, por las cuales permanecen estables, ya que ninguna de ellas es superflua, pues calientan y refuerzan todo el firmamento con sus fuegos. Y con sus rayos traspasan las nubes que penetran el círculo de aire denso, blanco y luminoso, y las retienen para que no superen los límites que Dios las ha fijado.

 

Sobre los cuatro soplos, parecidos a lenguas en su movimiento, que aparecen a la derecha y a la izquierda de la imagen. Qué función tienen.

XLI. A la derecha de la imagen humana, las nubes lanzan algo como dos lenguas, distintas la una de la otra, que se dirigen como dos riachuelos al interior de la rueda y la figura. Para la salvación del hombre, de las nubes que se ven en la región meridional, salen como dos murallas, separadas una de otra y colocadas a la misma distancia de los dos vientos principales de aquella región, de modo que algunos soplos de viento llegan de esas mismas nubes al aire común, por el cual viven y vegetan todas las criaturas. También se dirigen al hombre, que tampoco puede carecer de ayuda y guía de lo alto, igual que las demás criaturas.
En la parte izquierda de las mencionadas nubes, dos especie de lenguas que parecen riachuelos que salen de ellas y bien distintas la una de la otra se dirigen hacia el interior de la rueda y a la figura, ya que para remover cada obstáculo contrario al hombre, de las nubes que están en la región septentrional, tanto a su derecha como a su izquierda, salen como dos murallas diferentes la una de la otra, al igual que los vientos principales de aquellas partes son diferentes entre ellos, según se ha dicho antes a propósito de las otras nubes. Estas fuerzas defensivas conservan todo lo que existe en el mundo, es decir el hombre y las otras criaturas, como Dios dispuso para ellos.
Así pues, estas cuatro lenguas proceden de los cuatro vientos principales, ya que son ellos que las emiten soplando para retener las nubes. Efectivamente, así como los vientos principales refuerzan y mantienen unido todo el firmamento, así también estos soplidos, parecidos a lenguas por su movilidad, retienen las nubes debajo del firmamento, para evitar que superen su confín dispersándose por aquí y por allá.

siguiente>>