Por qué el sol, que está en medio a ellos, emite más rayos que los otros, y qué significan el sol y sus rayos.

XXXV. Como ves, también el signo del sol emite algunos rayos. Con uno alcanza el signo de la cabeza de leopardo, con otro el signo de la cabeza de león, y con otro el signo de la cabeza de lobo pero no el signo de la cabeza de oso. Significa que el espíritu de fortaleza, al derramar sus soplos, alcanza con uno el temor de Dios, con otro el juicio de Dios, con otro toca los castigos infernales, y le enseña al hombre que tiene que tener miedo de pecar por el temor de Dios, tiene que abandonar sus pecados en vista de su terrible juicio, y tiene que librarse de la costumbre de pecar en vista de las crueles penas infernales. No toca en cambio el símbolo de oso, porque el espíritu de fortaleza se libera de la penitencia del cuerpo, que de por si no es solicitada por Dios. El oso, en efecto, muestra tanto costumbres humanas como hábitos propios de las bestias, ya que, cuando el hombre impone a su cuerpo penitencias sin discernimiento, el cuerpo a menudo sucumbe, oprimido por el sufrimiento y la turbación, y mientras duda de poder continuar en estas condiciones, gruñe como una bestia en su cólera. Por esta razón, ni las penitencias que el hombre se inflige sólo sin justo discernimiento, ni aquellas que le ocasionan otros contra su voluntad, vuelven a llamar al espíritu de fortaleza, porque le falta el justo discernimiento. Es tan inestable que se agita como aleteando arriba y abajo sin justa medida y por tanto no puede tener fortaleza, es decir, no puede permanecer en un solo estado, porque esta virtud siempre es fuerte y persistente y no vacila de un lado a otro. En cambio el hombre que, ya sea por temor o por amor a Dios, aflige su cuerpo con moderación, discernimiento y rectitud, disfruta en el interior de su espíritu como en un banquete. Por esta razón esta forma adecuada de mortificación no tiene que ser considerada castigo, sino bendición, y en este caso el espíritu de fortaleza obrará en el hombre de fe para que se mantenga en estas obras de rectitud, ya que ellas están cercanas a Dios.
El sol proyecta otro rayo sobre el signo de la luna, ya que el espíritu de fortaleza se une al temor de Dios para que todo fiel sea fuerte en el temor con que tiene que temer Dios. Así evita ser expulsado del lugar de la santidad, vencido por la ligereza. Otro rayo va hacia el cerebro y hacia los dos talones de la imagen del hombre, ya que el mismo espíritu de fortaleza inspira al hombre para llevar a cabo con justicia la intención y el principio de las buenas obras, ya que santo es el que se impone a mismo el alcanzar el buen objetivo.

 

Hacia qué dirección dirigen sus rayos los tres astros inferiores, y que significan ellos y sus rayos.

XXXVI. Como ves, del medio del signo del quinto astro, que es el que está más cerca debajo del sol, sube en dirección al signo del sol una especie de rayo. Significa que de la potencia del espíritu de ciencia, que por la vecindad en el recto obrar tiene que estar junto al espíritu de fortaleza, sube un soplo justo hacia la fortaleza, ya que la ciencia se levanta hacia la fortaleza para recibir de ella vigor y no transformarse en insensatez. Otro rayo se extiende hasta la cabeza de cangrejo que sale del signo de la cabeza de lobo, ya que un soplo se extiende desde la potencia de las fuerzas de la ciencia hasta la confianza que nace de la mortificación del cuerpo. Porque cuando el hombre castiga su cuerpo juiciosamente, con sencillez y con discernimiento, confía en que sus pecados han sido ya castigados y purgados. Otro rayo se dirige al cuerno izquierdo del signo de la luna, porque cuando la ciencia se sustrae a las cosas temporales y las subordina, difunde su soplo hasta el temor de Dios y manifiesta como con él los hombres alcanzan el recto temor de Dios.
Del centro del signo del sexto astro, el más próximo por encima de la luna, algo como un rayo se dirige hacia el signo del sol. Enseña que con la protección del espíritu de piedad, que por su suavidad está cerca del temor de Dios, sale un soplo hacia arriba, hacia el espíritu de fortaleza, y allí se defiende y se fortalece para resistir a la maldad. En efecto, quien se disponga a avanzar en la piedad, debe procurarse la alianza de la fortaleza para poder perseverar en ella. Otro rayo se dirige hacia el cuerno derecho del signo de la luna, enseñando que el espíritu de piedad, cuando se desarrolla en el bienestar, llega a los beneficios del temor de Dios y hace comprender a los hombres que hay que tener temor de Dios junto con la piedad. Otro rayo se dirige hasta la cabeza de ciervo que procede del signo de la cabeza de lobo. Significa que el espíritu de piedad, cuando no tiene en ninguna cuenta las adversidades, manda su soplo hasta la fe que proviene de las penas infernales, para que el hombre, defendido por la piedad y de la fe, pueda huir de las penas infernales y así no perder la felicidad suprema, empujado por el impulso de la rebelión.
Lo que luego ves, algo como un rayo que sale del signo de la luna e irradia sobre ambas cejas y sobre ambos talones de la imagen humana, significa que un soplo saludable procedente del temor de Dios, enseña al hombre a custodiar la agudeza de la mente para no incurrir en la ceguera del alma, y le exhorta a dirigirse sobre el camino de la rectitud con el paso seguro del espíritu interior, para que caminando en la verdad alcance la eterna felicidad.
Como la ceja protege el ojo y como el talón lleva el peso del hombre, así el temor de Dios forma la vista interior, para que no se olvide de Dios, y conserva también la fortaleza interior, por la cual el hombre se mantiene en obras útiles y justas.

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