Qué significa el hecho de que tres de estos astros se vean en el círculo del fuego brillante, uno en el espacio del fuego negro y tres en el círculo de éter puro.

XXXIII. Sobre la cabeza de la imagen humana, aparecen representados los siete astros en este orden partiendo de lo alto: tres en el círculo de fuego brillante, uno sometido al círculo de fuego negro, y tres en el círculo de éter puro debajo de este último. Significa que los siete regalos del Espíritu Santo están por encima de cualquier intelecto del hombre en el curso de las tres edades del mundo, es decir, antes de la ley, en la ley y en el tiempo del Evangelio.
El sol puesto en el círculo del fuego negro designa a Dios omnipotente, que luchó a solas contra sus enemigos con justo juicio y los ha superado con su gran potencia. Los tres astros situados en el círculo del éter puro, que está abajo, enseñan que las tres personas de la divinidad deben ser adoradas verdaderamente por el hombre, dentro de la bondad y la estimación causadas por el sometimiento a la penitencia pura. Así el hombre se somete completamente a Dios, igual que el sol se ve al lado de la figura sobre su lado derecho y debajo de sus pies, representado claramente en su círculo en su misma disposición y orden. Esto se explica porque los dones divinos, cuando se hacen patentes, también muestran su significado, como hemos explicado anteriormente, tanto en el juicio de Dios como en la salvación de las almas y en el ejemplo de las buenas obras. Porque el juicio de Dios y la salvación de las almas y los ejemplos de los justos exhortan al temor de Dios y a su pura adoración.

 

Hacia dónde dirigen los rayos los tres primeros astros, que en esta visión se ven proceder de ellos, y cuál es el sentido de los astros y de sus rayos.

XXXIV. Del centro del signo del primer y más elevado astro, representado sobre la cabeza de la imagen humana, salen como rayos, de los cuales uno desciende hacia el signo del sol. Significa que las virtudes que proceden del deseable y sublime regalo del Espíritu, el don de la sabiduría, superan toda la altura del intelecto humano, y descienden hacia el sol, es decir hacia el espíritu de fortaleza. Un soplo divino se asocia con ella, para que la fortaleza de la santidad aumente en el hombre de fe según la sabiduría. Así no presumirá, como un tonto, de hacer lo que no pueda cumplir.
Un rayo ilumina la pinza derecha de la cabeza de cangrejo que procede de la cabeza de leopardo. Muestra que el soplo del Espíritu de la sabiduría, al obrar por la salvación de las almas, se difunde a la justa andadura de confianza que desarrolla el temor del Dios, y fortifica la confianza. El hombre aprende a confiar en Dios temiéndolo y evita despreciar su misericordia por ligereza. Otro rayo se extiende hacia el cuerno derecho de la cabeza de ciervo, que también proviene de la cabeza de leopardo, porque, mostrándose a través del castigo, el soplo de la rectitud se expande hasta llegar a la fuerza de la fe, que también nace del temor a Dios. La rectitud lleva por el buen camino al hombre, para que se aleje de las artes diabólicas. Cuando lo castiga, es porque el hombre ha querido ignorar la verdad.
Del centro del signo del segundo astro se inclina un rayo encima del sol. Significa que desde la abundante plenitud del espíritu del intelecto llega la efusión de inteligencia al espíritu de fortaleza. Manifiesta de este modo, para que cualquier creyente lo entienda claramente, que el hombre debe servir con fortaleza de alma a su Creador y rechazar por completo el diablo.
Proveniente de la señal de la cabeza de león sale otro rayo en dirección a la cabeza de cordero. Significa que, para que el hombre se acerque como es debido a su Creador, el soplo del espíritu del intelecto se alarga hasta la paciencia, que procede del juicio de Dios, y enseña que, cuando el hombre imita la paciencia, tiene que soportar con igual ánimo prosperidad y tribulaciones.
Otro rayo se dirige a la línea de que se ha hablado, que se extiende en el firmamento desde el principio de la parte oriental de la rueda hasta al final de su parte occidental, tocando también la región septentrional de la rueda, y sobre la que se puso la cabeza de cordero que sale de la señal de la cabeza de oso. En efecto, para que todo hombre de fe pueda evitar todo lo que sea nocivo a su alma, el soplo procedente del espíritu del intelecto se extiende desde la rectitud de la justicia establecida desde el principio de las buenas acciones que están en la virtud de Dios, hasta el fin de estas obras. Este soplo mantiene alejadas las obras justas de las insidias diabólicas, y para ello, consigue de lo alto la ayuda de la paciencia producida por las mortificaciones corporales, y enseña al hombre a soportar pacientemente el castigo, cuando el juicio de Dios lo castiga, para no ser herido a fondo más por él.
Del centro del signo del tercer astro también surge como un rayo que llega hasta el sol. Significa que el espíritu de consejo dirige, gracias a su virtud, el soplo hacia el espíritu de la fortaleza, porque, aunque los dones del Espíritu Santo tengan nombres diferentes, sin embargo conducen el hombre a la felicidad con un solo afán y en una sola actuación, y así, el espíritu de consejo atempera la fortaleza, para que el hombre se levante adecuada y correctamente hacia Dios.
El tercer astro dirige otro rayo a la cabeza de serpiente que proviene del signo de la cabeza de león. Manifiesta que al querer la verdadera salvación, el espíritu del consejo difunde su soplo hasta la prudencia surgida del juicio de Dios, indicando que el hombre debe castigar con prudencia su cuerpo para que no se eche a perder, trastornado a causa de tontas prácticas de mortificación, maltratándolo sin discernimiento. También prolonga otro rayo desde la mencionada línea hacia la cabeza de serpiente que sale del signo de la cabeza de oso, porque para evitar que el hombre incurra en las adversidad del alma, el espíritu de consejo dirige por su parte su soplo hacia la rectitud de la justicia, mientras sobre ella aparece la prudencia que proviene de la mortificación del cuerpo. Enseña al hombre temeroso del juicio de Dios a estar atento para no caer en la desesperación temiéndolo más allá de medida, sino a proceder con prudencia, gracias al consejo de la buena inspiración.

siguiente>>