Cita del Cantar de los Cantares concerniente a todo esto, y como ha de ser interpretada.

XIX. “El Rey me ha introducido en sus mansiones, por ti exultaremos y nos alegraremos. Evocaremos tus amores más que el vino, ¡con qué razón eres amado!” (Cant. 1, 4.) Esto se interpreta así: Ya que yo, alma fiel del hombre, estoy sobre las huellas de la verdad siguiendo al Hijo de Dios que con su humanidad ha redimido al hombre, puedo alcanzar la plenitud de los dones del que es regidor de todas las cosas, en el lugar donde encuentro la perfecta abundancia de las virtudes, en el lugar donde subo con confianza de virtud en virtud.
Por esto todos nosotros, redimidos por la sangre del Hijo de Dios, exultaremos con todo nuestro cuerpo, nos alegraremos con toda nuestra alma, ¡oh! santa divinidad por quien existimos. Y hacemos memoria de la dulzura de las recompensas celestiales por encima de nuestras pasiones, de todas nuestras tribulaciones, provocadas por los adversarios de la verdad. No son nada para nosotros, porque saboreamos las delicias que nos ofreces cuando nos muestras tus mandatos. Y así, los que son justos en las obras de la santidad verdadera te quieren con auténtico y perfecto amor, porque concedes todos los bienes a cuántos te quieren y porque les otorgas también la vida eterna.
La sabiduría se introduce en los graneros, es decir, en los espíritus de los hombres, y deposita allí toda la justicia de la verdadera fe que permite el conocimiento del Dios verdadero. Esta misma fe vence al invierno y a toda la humedad de los vicios, que ya no pueden reverdecer y crecer, y por otro lado, la fe atrae hacia si todas las virtudes y las une, como el vino que se vierte en la copa que se ofrece a los hombres para que beban. He aquí por qué los creyentes exultan y se alegran, confiando verdaderamente en el camino de la vida eterna. Llevan los estandartes de las buenas obras que han llevado a término. Tienen sed de la justicia de Dios y se alimentan de la santidad que cae como de su seno, y de este modo, sin cansarse nunca, se alegrarán para siempre en la contemplación de la divinidad, porque la santidad supera todo intelecto humano.
Cuando el hombre acoge la rectitud, si se abandona a si mismo para saborear y beber las virtudes, ellas lo confortan, como el vino llena las venas del que lo bebe, pero sin manifestar inmoderación en los vicios de la infidelidad como quien está fuera de si, borracho de vino, incapaz de entender lo que hace. Así los justos quieren a Dios, porque en él no hay cansancio sino perseverancia en la santidad.

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