Cita del Apocalipsis, y de qué manera se ha de entender para expresar su sentido adecuado.

XII. “Al vencedor le daré el maná escondido, y una piedra sobre la que está escrito un nombre nuevo, que nadie conoce excepto el que lo recibe”. (Apoc 2, 17). Esto se interpreta así: el que huye de la parte izquierda mantiene un gran combate contra la tortuosa serpiente que busca siempre arrastrarlo consigo en aquella dirección. Pero si persevera en la batalla, si huye de Satanás y se niega a seguir su consejo, Yo, el que soy, le daré el pan vivo que baja del cielo, el pan inaccesible, tanto para toda la bajeza del deseo del hombre como para toda la astucia de la vieja serpiente, y le daré igualmente el regalo de participar en el que es la piedra angular existente en la incandescente claridad, Dios y hombre a la vez, y en él inscribiré el nombre del nuevo nacimiento, que es Cristo, por el que tenemos nuestro nombre de cristianos.
Nadie, mientras esté todavía en la vida efímera y mortal, puede comprender esto perfectamente, sino sólo quién consigue la dicha de la vida eterna en recompensa de los premios celestiales.

 

La masa de la tierra, a modo de globo, se ha colocado sobre fundamentos, inmóvil dentro de los seis círculos descritos, a distancia igual de los cinco círculos superiores y en medio del sexto, es decir del círculo del aire tenue. Qué significado deducimos.

XIII. El globo que se encuentra en el medio de este círculo de aire tenue, a igual distancia en toda su circunferencia del círculo de aire denso, blanco y luminoso, es la tierra, que está puesta en el medio de los otros elementos que la gobiernan. Por esta razón, en todo su contorno estos elementos la sustentan de forma igualada. Está conectada con ellos, de ellos recibe continuamente su subsistencia, fecundidad, y energía para mantenerse en su integridad. La vida activa simboliza, de algún modo, la tierra, porque se mueve en medio de los justos deseos, se agita en todas las direcciones, gira sin tregua, pero se mantiene firme con la justa medida de la devoción para conservar la fuerza del discernimiento. Se sujeta así, siempre con equilibrio, en el caso de los creyentes, a las energías espirituales y a las necesidades del cuerpo, porque quienes estiman el buen criterio, dirigen todas sus obras a la voluntad de Dios. El diámetro de esta esfera corresponde a la profundidad del espacio que se extiende desde el borde extremo de la zona superior hasta el límite inferior de las nubes, o mejor, desde el límite de las nubes a la cumbre del globo mismo. Significa que el Creador supremo hizo y reforzó la masa terrestre de modo que no la pudiera disolver ni el furor de los elementos superiores, ni el empuje de los vientos, ni la inundación de las aguas.
Así cada fiel tiene que considerar en el ardiente fervor de su corazón, la grandeza de la omnipotencia divina y constatar la inestabilidad de su espíritu y la debilidad de la carne para mantener el equilibrio en todas las acciones y para que no resulten defectuosas porque excedan la justa medida en las cosas necesarias, tanto las que conciernan a las realidades superiores como a las inferiores, como Pablo recomienda a sus fieles:

 

Palabras de Pablo que convergen hacia el mismo sentido, y como deben ser interpretadas

XIV. “Actuad en todo sin murmullos ni murmuraciones, a fin de que seáis irreprensibles y puros, hijos de Dios inmaculados entre una generación perversa y degenerada, en la que tenéis que resplandecer como astros, trayendo la Palabra de vida”, (Flp. 2, 14-16). Esto se interpreta así: el hombre está como en una encrucijada. Si busca la salvación en la luz que viene de Dios, lo conseguirá. Si es el mal el que ha elegido, seguirá al diablo como castigo. Por tanto, el hombre, si asume la naturaleza humana y todas sus obras sin murmuraciones, es decir sin las deformaciones de los pecados y sin indecisiones, con una fe perfecta, y si quiere el bien y odia el mal, sin duda será liberado en el juicio futuro, y será separado de los pecadores, que se alejan del bien abrazando el mal. Los que actúan así, sin hacer mal a nadie, no serán acusados de arrogancia, vivirán como hijos de Dios, se mantendrán irreprensibles, sin engaño fraudulento, y se ganarán la consideración de los que se jactan de ser fuertes realizando acciones desviadas y perversas. En la perfección de su verdadera fe, brillarán como estos astros cuya misión es la de iluminar al mundo, tal como ha decidido para ellos el Creador del universo. Por su doctrina, que tiene en cuenta también la vida, muchos hombres se convertirán a Dios, del mismo modo en el Hijo de Dios, libre de pecado como era, otorgó a todos la luz en este mundo.
Dios ha puesto en el firmamento dos lumbreras, el sol y la luna, que significan, en el hombre, la ciencia del bien y del mal. Porque como el firmamento está consolidado por el sol y la luna, también el hombre se mueve dentro de los límites de la ciencia del bien y el mal. Igualmente, como el sol realiza su orbita sin que su circunferencia disminuya, así la ciencia del bien sigue su recorrido sin desear el mal, pero reprimiendo, reprochando y contrastando la mala ciencia, porque no aporta ningún provecho. La ciencia del bien denomina satánica a la otra ciencia, porque sólo intenta satisfacer sus deseos. Y tal como la luna mengua y crece, así la ciencia del mal desprecia a la del bien, y la declara necia y falta de valor, pero sin embargo la conoce, como el diablo conoce a Dios aunque se le oponga.

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