SEGUNDA VISIÓN DE LA PRIMERA PARTE

 

Descripción de la esfera que contiene al mundo entero, con sus círculos, astros y sus vientos. Ella aparece en forma de una rueda colocada en el pecho de la imagen descrita en la primera visión.

Visión 2

I. En el pecho de la mencionada imagen que había contemplado en el seno de los espacios aéreos australes, apareció una rueda de apariencia maravillosa. Contenía signos bastante parecidos a la visión en forma de huevo que había tenido hace veintiocho años, y que describí en la tercera visión de mi libro Scivias. Bajo la curvatura del caparazón y en la parte superior, apareció un círculo de fuego brillante que dominaba un círculo de fuego negro. El círculo de fuego brillante tenía doble densidad que el círculo de fuego negro. Estos dos círculos estaban unidos el uno al otro como si formaran un único círculo. Bajo el círculo de fuego negro había otro círculo que parecía puro éter, que mostraba tan intensa densidad cuanta mostraban los otros dos círculos de fuego mencionados juntos. Luego, debajo de este círculo de éter puro, había otro círculo, que parecía como de aire húmedo, tan compacto en su opacidad cuanta era la densidad que mostraba el mencionado círculo de fuego brillante. Bajo este último círculo de aire húmedo surgía como un círculo de aire denso, blanco y luminoso, cuya dureza hacía pensar en un tendón humano. Tenía la densidad del círculo de fuego negro. También estos dos círculos estaban unidos el uno al otro como si formaran uno. Finalmente, bajo este círculo de aire denso, blanco y luminoso, se distinguió otro como de aire tenue, que parecía difundirse sobre todo el círculo, semejando levantar nubes a veces altas y luminosas, a veces más bajas y sombrías. Estos seis círculos estaban unidos entre ellos sin ningún espacio vacío. El círculo más alto de todos difundía su luz al resto de círculos, mientras que el círculo del aire húmedo empapaba a todos los demás con su humedad.
Del extremo de la parte oriental de la rueda hasta al final de su parte occidental se extendía una línea en dirección a la región septentrional, como para separarla de las otras regiones. Y en medio del círculo de aire tenue se distinguió un globo, que tenia en su circunferencia siempre la misma distancia del círculo de aire denso, blanco y luminoso. Su diámetro correspondía a la profundidad del espacio que había desde la parte superior del primer círculo a la cima de las nubes, o, más bien, de la circunferencia del mismo globo hasta las nubes mencionadas.
Y por fin en el centro de esta rueda apareció una imagen de hombre, cuya cabeza alcanzó la parte superior y los pies la parte inferior de uno de los círculos descritos, el de aire denso, blanco y luminoso. Del lado derecho, la punta de los dedos de su mano derecha, y a la izquierda, la punta de los dedos de la mano izquierda llegaron al mismo círculo, tocándolo en dos puntos diferentes de la circunferencia, porque la imagen tenía extendidos los brazos.
En la dirección de los cuatro lados aparecieron cuatro cabezas: como de leopardo, lobo, león y oso. Encima de la cabeza de la figura y dentro el círculo del éter puro, vi que se escapaba un soplo de la boca del leopardo. Este soplo dio la vuelta por el lado derecho de ella, se extendió luego dibujando una curva, y revistió el aspecto de una cabeza de cangrejo con dos pinzas parecidas a pies. A su lado izquierdo, el soplo, alargándose a voluntad, tomó el aspecto de una cabeza de ciervo. De la boca de la cabeza de cangrejo salió algo como otro soplo que fue luego hasta la mitad del espacio existente entre las cabezas del leopardo y del león. Otro soplo que salió de la boca de la cabeza de ciervo fue en cambio hasta el medio del espacio entre las cabezas del leopardo y del oso. Y todos eran igual de largos: el soplo que provenía de la parte derecha de la boca de leopardo hasta la cabeza de cangrejo, el soplo que salió de la parte izquierda hacia la cabeza de ciervo, el soplo que llegó al medio del espacio que entre la cabeza de leopardo y la del león de la boca de la cabeza de cangrejo, y por fin el que alcanzó el punto de medio del espacio existente entre la cabeza de leopardo y el del oso procedente de la boca de la cabeza de ciervo.
Todas estas cabezas soplaban hacia el interior de la rueda mencionada y hacia la imagen del hombre. Bajo los pies de la misma imagen, en el signo de aire húmedo, apareció como una cabeza de lobo que lanzó un soplo por la boca que se alargó en volutas por la derecha hasta el mismo centro del espacio existente entre las cabezas de lobo y del oso y tomó la forma de una cabeza de ciervo. Y de la boca del ciervo parecía salir otro soplo que llegó hasta el mismo centro del espacio. El soplo emitido por el lado izquierdo de la boca de la cabeza de lobo, se extendía hasta la mitad del espacio que había entre las cabezas de lobo y de león, y se levantaba hacia la cabeza de cangrejo con las dos pinzas parecidas a pies. De su boca salió como otro soplo que se paró en el mismo punto del medio. Y, si midiéramos el espacio, veríamos que estas cabezas eran equidistantes. También se alargaban sus respectivos soplos en igual medida y forma en las dos direcciones, como los alientos de todas las otras cabezas. Todos ellos soplaban hacia la rueda mencionada y hasta la imagen de hombre colocada en ella.
A derecha de la imagen, dentro del signo del fuego luminoso, vi como una cabeza de león, de cuya boca se difundieron algo como dos soplos que crecían uno por cada lado. El de la derecha tomó la forma de una cabeza de serpiente y el de la izquierda, la forma de cabeza de cordero. Y la cabeza de serpiente que apareció en medio del espacio que había entre la cabeza de león y del lobo, emitió a su vez como un soplo que llegó al medio y se unió al soplo emitido por la cabeza de cangrejo situado entre la cabeza de lobo y del león. La cabeza de cordero que se veía en el medio del centro del espacio entre la cabeza de león y la del leopardo, también emitió algo como un soplo, que se alargó hasta el mismo punto mediano y alcanzó el soplo emitido por la cabeza del cangrejo, situado entre la cabeza de leopardo y la del león. La extensión de los soplos era proporcional a los espacios que separaban estas cabezas unas de otras, como ya se ha dicho a propósito de las otras cabezas de animales y sus soplos. Y todas soplaban hacia el interior de la rueda y hacia la imagen del hombre.
A la izquierda de la figura, dentro del signo del fuego negro, apareció como una cabeza de oso, que también exhalaba un soplo por la boca, que se extendía a la derecha y a la izquierda; en la parte derecha, acababa en una cabeza de cordero, y en la izquierda tomaba la forma de una cabeza de serpiente. De la boca de esta cabeza de cordero salió como otro soplo, que llegó hasta la mitad del espacio entre las cabezas del oso y del leopardo, mientras otro soplo emanó desde la cabeza de la serpiente hasta la mitad del espacio entre las cabezas del oso y del lobo.
Aquella cosa parecida a un soplo, que salía de la parte derecha de la boca del oso para llegar a la cabeza del cordero y la otra cosa parecida a un soplo, que procedía desde la parte izquierda de la misma boca hasta la cabeza de serpiente, así como el soplo que llegaba de la boca de la cabeza de cordero hasta la indicada mitad del espacio entre la cabeza del oso y la del leopardo y el soplo de la boca de la cabeza de serpiente, que llegaba hasta mitad del espacio entre la cabeza de oso y la del lobo, eran todos semejantes, de la misma longitud. Y también todas estas cabezas soplaban hacia el interior de la rueda y hacia la imagen del hombre.
Sobre la cabeza de la imagen estaban representados los siete astros en este orden, partiendo desde lo alto: tres en el círculo de fuego brillante, uno en el círculo de de fuego negro, debajo de éste, y tres en el círculo de éter puro debajo de este último. El sol también se veía al lado de la imagen sobre el lado vuelto al mediodía y debajo de sus pies, representado y resaltado claramente en su círculo en el mismo modo ordenado. Y del centro del signo del primer y más elevado astro, representado sobre la cabeza de la imagen, salían como rayos, de los que uno descendió hasta el signo del sol, otro brillaba en la pinza derecha del mencionado cangrejo que procedía de la cabeza de leopardo, y el último apuntaba hacia el cuerno derecho de la cabeza de ciervo, que salía también de la misma cabeza de leopardo.
Del centro del signo del segundo astro caía algo como un rayo encima del signo del sol, y otro rayo salía hacia la cabeza del cordero, cabeza que provenía del signo de la cabeza de león. Otro rayo se dirigió hacia la línea de que se ha hablado, la que iba desde el comienzo de la parte oriental de la rueda hasta el final de la parte occidental, hacia la región septentrional, y sobre él se puso la cabeza de cordero que había salido del signo de la cabeza del oso. El signo del tercer astro, envió desde su centro como un rayo hacia el signo del sol, y otro hacia la cabeza de la serpiente que salía de la cabeza de león, y otro rayo lo prolongaba hasta la línea ya descrita, hacia la cabeza de la serpiente que salía del signo de la cabeza del oso. También el signo del sol, emitía él mismo sus rayos, y con uno alcanzó el signo de la cabeza de leopardo, con otro el signo de la cabeza del león, y con otro el signo de la cabeza del lobo, pero no llegó al signo de la cabeza del oso. Alargando otro rayo, lo proyectó sobre el signo de la luna, y otro sobre el cerebro y los dos talones de la figura de hombre. Del centro del signo del quinto astro, el que estaba más próximo debajo del sol, subía algo como un rayo hasta el signo del sol y otro se alargaba hacia la cabeza de cangrejo que salía del signo de la cabeza de lobo. Un último rayo se dirigió al cuerno izquierdo del signo de la luna.
También del centro del signo del sexto astro, que era el que estaba más próximo por encima de la luna, algo como un rayo se dirigió directo al signo del sol, otro se dirigió hacia el cuerno derecho del signo de la luna y otro hacia la cabeza de ciervo que procedía del signo de la cabeza de lobo. Del signo de la luna partía algo como un rayo que llegaba a las dos cejas y a los dos talones de la figura humana. Pero, como ya hemos dicho más arriba, el signo del sol aparecía ordenado del mismo modo a como se había representado por encima de la cabeza de la imagen humana, y difundía sus rayos hasta los lugares indicados, también hacia el lado derecho de la imagen, e igualmente bajo sus pies representados claramente en su mismo círculo.
En el perímetro del círculo, donde se observaba algo parecido al fuego brillante, aparecían dieciséis estrellas principales, cuatro entre la cabeza del leopardo y del león, cuatro entre la cabeza del león y del lobo, cuatro más entre la cabeza del lobo y del oso, otras cuatro entre la cabeza del oso y del leopardo. Ocho de ellas, las que estaban situadas en posición intermedia entre las cuatro que había entre cada par de cabezas, es decir, las dos del medio de cada espacio entre cada dos cabezas, parecía que enviaban su rayos hacia el signo del aire tenue, a ellas opuesto. Las otras ocho, las más cercanas a las cabezas de animales, situadas a los dos lados de las estrellas del medio anteriores, dirigieron lo que parecían sus rayos hacia el fuego negro.
El círculo de éter puro y el círculo de aire denso, blanco y luminoso estaban también llenos de estrellas y enviaban sus propios los rayos a las nubes que se extendían enfrente.
También, las nubes en la parte derecha de la imagen humana, impulsaron algo como dos lenguas, distintas una de otra, y las dirigieron como dos riachuelos hacia el interior de la misma rueda y hacia la imagen. También de las nubes colocadas a la izquierda vi salir como dos lenguas bien distintas la una de la otra, parecidas a riachuelos que fluyen de ellas, que se dirigieron hacia el interior de la misma rueda y hacia la imagen. De este modo la imagen estaba envuelta y circundada por estas señales.
De la boca de esta figura en cuyo pecho apareció la rueda, también vi brotar en forma de hilos una luz más clara que la luz del día, con la que se veían diferenciados unos de otros las señales de los círculos y las otras figuras en la mencionada rueda y los signos de cada uno de los elementos del cuerpo humano, es decir, de la imagen que se veía dentro de la misma rueda. Todos estos signos, estaban medidos con una precisión y rectitud extraordinarias. Esta afirmación es patente a la luz de lo que precede y de lo que sigue.

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