<31>   CUESTIÓN.

  Como con frecuencia del corazón humano brotan los malos pensamientos (Mc 7, 21), ¿de qué modo podemos conocer cuáles son los que tienen origen en la corrupción de nuestra maldad o cuáles son los suscitados por las insinuaciones de los ángeles malos (Sal 78 [77], 49)?

   SOLUCIÓN.

  Los pensamientos que desde el primer pecado original están adheridos a los corazones de los hombres de tal manera que éstos mismos se mueven a la delectación en la carne y en la sangre y en sus venas mediante aquéllos, éstos son humanos. Pero los pensamientos espirituales, por los que los hombres eligen tener en sus corazones y desean saber lo que les es imposible, porque no puede hacerse, éstos son vanos, porque inútilmente van de un lado a otro como el aire.
  Además, de estos pensamientos está escrito: el Señor conoce los pensamientos de los hombres, pues son vanos (Sal 94[93],11) ¿De qué habla? Del hombre —que vuela mediante su capacidad racional y que por ella sabe sobre lo que conoce con la experimentación, viendo y tocando— que siempre escruta sobre las cosas ocultas que pertenecen al alma y nunca puede comprender mediante la sensibilidad corporal. Y de los malos pensamientos puestos por la acción diabólica en el hombre —que por su boca salen del corazón— que son el alimento del diablo, pues mediante ellos él mismo deglute las almas, al modo como el hombre asimila el alimento en su vientre, cuando en su engaño hace que ellas contrarien a Dios y sus preceptos por la infidelidad, y así arranca a Dios de ellas. No obstante, muchos le vencen con fortaleza mediante la gracia de Dios, permaneciendo junto a Él por sus obras santas y una fe pura.

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