<20>   CUESTIÓN.

  ¿Desde el día de la resurrección hasta el día de la ascensión, cuando el Señor no estaba con sus discípulos, dónde hemos de creer que estaba?

   SOLUCIÓN.

  Dios que llenó toda la tierra con sus milagros, permaneciendo junto a nosotros visiblemente mediante su humanidad, durante aquellos cuarenta días después de su resurrección limpió todos los elementos que habían sido manchados por la prevaricación del primer hombre, con esa humanidad suya que concebida del Espíritu Santo asumió para sí de María Virgen. También las almas de los santos y de quienes debían ser salvados, que cautivas del infierno había redimido acompañado por la multitud de los ángeles portando el victorioso estandarte de su potestad, con Él permanecían en el aura1 donde santificó todas las cosas.


1 La traducción del vocabo latino aer arrastra aquí, por fuerza, una interpretación del sentido de la respuesta de Hildegarda. De un lado, no parece aludir a un locus material en el mundo intrahistórico porque el contexto supone ya la dimensión escatológica del mundo purificado y, de otro, tampoco habla de una realidad de naturaleza sólo espiritual, contrapuesta a la material, pues hubiera usado otro término. De ahí que el significado más probable sea, a mi entender, el aura de los santos o de los “cuerpos espirituales” de las epístolas paulinas.

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