CAP. XX. PERRO. (Canis) [Canis familiaris]

El perro es muy caliente y tiene algo común y natural en sí con las costumbres de los humanos. Se da cuenta y entiende al ser humano, lo ama, vive de buena gana con él y es fiel. El diablo odia y aborrece al perro por su lealtad a los humanos. El perro reconoce el odio, la cólera, y la perfidia y a menudo le ladra. Si sabe que hay odio e ira en una casa, gruñe calladamente y rechina sus dientes. Cuando alguien lleva traición, el perro rechina sus dientes, aunque la persona cuide a ese perro, porque reconoce y entiende esto en esa persona. Si hay un ladrón en la casa o alguien que quiere robar, gruñe y lo amenaza, y se mueve hacia él de diferente manera que hacia el resto de la gente. Lo perseguirá rastreando su olor con la nariz y acechándole. De esta manera el ladrón puede ser reconocido.
El perro a veces tiene un presentimiento de sucesos felices o tristes del futuro o ya en el presente. De acuerdo con su presentimiento, emite su voz, revelándolo. Cuando los eventos futuros son buenos, está contento, y menea su cola, cuando son tristes, está triste y aúlla.
El calor de su lengua conforta las heridas y úlceras si las toca. Si se hacen zapatos de su piel, los pies se hacen débiles y doloridos porque tiene impurezas, porque se empapa a menudo con el sucio sudor de su carne. Su carne no vale para comer. Su hígado e intestinos son casi venenosos, y por consiguiente su aliento es dañino. Si un perro muerde un poco de pan u otra comida, o si bebe alguna bebida, no se debe comer ni beber de lo que queda. Si el perro prueba la comida o la bebida, puede envenenar el resto y si, después, un ser humano come o bebe algo de ello, consumirá el veneno. El perro tiene el cerebro suave y débil, y a veces está tocado por malos vapores. A veces puede oler cierto olor acuoso y pútrido del aire en que los espíritus aéreos crean sus engaños y los silbidos del mal, y entonces se pone furioso. Las demás partes del perro no valen mucho para medicina.