CAP. V. UNICORNIO. (Unicornus)

El unicornio es más caliente que frío, pero su fuerza es mayor que su calor. Come plantas limpias. Cuando anda lo hace como a saltos. Huye de los hombres y de los otros animales, excepto los que son de su especie, y por eso no puede capturarse. Teme y evita especialmente al hombre varón, igual que la serpiente en la primera caída evitó al hombre y fijó su mirada en la mujer, este animal evita al hombre pero sigue a una mujer. Hubo realmente un cierto filósofo que escrutó las naturalezas de los animales y se maravilló que fuera imposible capturar a este animal con ninguna habilidad. Un día estaba cazando, como hacia normalmente, acompañado de hombres, mujeres y doncellas. Las doncellas caminaban separadamente de los demás, y jugaban entre las flores. Viendo a las doncellas, un unicornio acortó sus saltos y paulatinamente se acercó. Se sentó en sus patas posteriores, mirándolas atentamente desde lejos. El filósofo, viendo esto, pensó mucho sobre ello y entendió que el unicornio se podría capturar gracias a las doncellas. Y acercándose por la parte de atrás lo cogió gracias a las doncellas. En efecto, el unicornio, cuando ve a una doncella de lejos, se maravilla que ella no tenga nada de barba pero tenga sin embargo la forma de un hombre. Si dos o tres doncellas están juntas está más asombrado y se le coge más rápidamente cuando sus ojos están fijos en ellas. Las doncellas por cuyo medio se captura al unicornio deben ser nobles, no campesinas. Ni deben ser completamente adultas ni del todo niñas, sino en medio, adolescentes. El unicornio las quiere, porque sabe que son dulces y agradables.
Una vez al año va a la tierra que tiene jugo de paraíso. Allí busca las mejores plantas que excava con sus cascos y come. De ellas, obtiene grandes poderes y para hacerlo huye de los otros animales. Tiene debajo de su cuerno algo tan claro como el cristal, para que, en él, una persona pueda mirar su propia cara, como si mirase en un espejo. No obstante, no es muy valioso.
Pulverice hígado de unicornio y ponga este polvo en grasa sacada de la yema de un huevo, haciendo un ungüento. No hay ninguna lepra, de cualquier tipo, que no se cure si la unta a menudo con este ungüento, a menos que la muerte está presente para el que la tenga, o que Dios no desee curarlo. El hígado de este animal tiene calor bueno y limpieza, y la grasa de la yema del huevo es lo más precioso del huevo y es como un ungüento. La lepra muy a menudo es de bilis negra y de sangre negra superabundante.
Con la piel del unicornio, haga un cinturón. Cíñase con él contra su piel y ninguna enfermedad fuerte o fiebre dañará su interior. También, haga zapatos de su piel y llévelos. Siempre tendrá pies, piernas y articulaciones sanos. Ninguna enfermedad lo dañará en estos lugares.
[Quien tema morir por veneno debe poner el casco del unicornio debajo del plato dónde esté su comida, o bajo la copa que contiene su bebida. Si son calientes y hay veneno en ellos, les hará hervir en su recipiente; si son fríos, les hará humear, y así podrá saber si hay veneno en ellos.] Otras partes del unicornio no convienen para medicina.

La beata Anna Katharina Emmerick, en sus visiones, ve al unicornio entre los animales antidiluvianos y tambien dentro del Arca de Noé. Lo describe así: "Son grandes como un potro, tienen piernas delgadas, pueden subir muy alto y recogiendo las patas se sostienen en un pequeño espacio. Se despojan de sus uñas como de cortezas o de zapatos, porque he visto de esas uñas dispersas en varias partes. Tienen crines largas y amarillentas. En torno al cuello penden crines más densas y largas, que forman como una corona. Estos animales llegan a gran vejez. Llevan sobre la frente el único cuerno: he visto que es del largo de un codo y curvado hacia atrás. En ciertos tiempos fijos pierden y mudan aquel cuerno, que es buscado y conservado como cosa preciosísima. Son muy tímidos y no es posible llegarse cerca de ellos. Por otra parte, son benévolos y pacíficos los unos hacia los otros y aún con los animales de índole mala. Los machos y las hembras van generalmente separados, y sólo se juntan en determinadas épocas. Son muy reservados y tienen poca prole. Es dificilísimo verlos y cazarlos, porque viven escondidos detrás de otros animales… Debe ser uno de los animales más puros, pues todos los demás tienen profundo respeto hacia él. Donde él se apacienta y donde bebe desaparece todo elemento venenoso". (Obras Completas. Versión castellana del R. P. José Fuchs. Editorial Guadalupe. Argentina)

Entre los escritos más antiguos acerca de este posiblemente no tan mítico animal, está el de Ctesias de Cnidos, historiador y médico griego, quien escribía en el 398 a.C: "Hay, en la Persia, ciertos asnos tan grandes como los caballos o más grandes aún. Sus cuerpos son blancos y sus ojos azul oscuro. Tienen un cuerno en la frente de un pie y medio en longitud. El polvo macerado de este cuerno se administra en una poción como protección contra las drogas mortales. La base del cuerno es blanco puro, la parte superior es afilada y de un rojo vívido; y el resto, o la porción media es negra. Aquéllos que beben en vasos hechos con estos cuernos no están sujetos a convulsiones o la enfermedad santa. De hecho, ellos incluso son inmunes a los venenos si, o antes de o después de tragarlos, beben vino nada más de estas copas. Todos los animales cuentan con cascos sólidos. El hueso del tobillo, el más bonito que yo haya visto alguna vez, tiene la apariencia del buey: Es tan fuerte como la primacía, y su color es parecido al del cinabrio. El animal es sumamente veloz y poderoso, y ninguna criatura, caballo ni cualquier otro animal, puede darle alcance".
Citado en la gran epopeya india Mahabhárata, que según la tradición india narra hechos acaecidos entre el 3200 y 3100 a. C y en la Epopeya de Gilgamesh, fechada hacia el 2750 a. C.

Aparece grabado (junto con animales comunes: elefantes, camellos, monos, antilopes y un toro) en el obelisco, encontrado en Nimrud (antigua Kalkhu), conmemorativo de la victoria del rey asirio Salmanasar III, que gobernó Asiria entre 858 a. C y 824 a. C, y que se conserva en el Museo Británico.

También lo citan, Aristóteles en su Historia de los animales, Herodoto en su Historia, Plinio en su Historia Natural (VIII: Zoología de los animales terrestres) y el Talmud. San isidoro de Sevilla en sus Etimologías (Libro XII, Las bestias y los pájaros) refiere como cazar al unicornio en un pasaje con cierto parecido a éste de SH.

Y la Biblia Vulgata latina: Salmo 21 (ahora 22), 22: Salva me ex ore leonis, et a cornibus unicornium humilitatem meam; Salmo 28 (29), 6: et comminuet eas, tamquam vitulum Libani, et dilectus quemadmodum filius unicornium; Salmo 77, 69: Et ædificavit sicut unicornium sanctificium suum, in terra quam fundavit in sæcula; Salm. 91 (92), 11: Et exaltabitur sicut unicornis cornu meum, et senectus mea in misericordia uberi; y en Isaias 34, 7: Et descendent unicornes cum eis, et tauri cum potentibus. En todos estos casos las traducciones modernas de la Biblia han traducido unicornis  como “bufalo” (bubalus o bufalus, en latín) o “antílope”, pero no hay ninguna duda que se refiere al unicornio.