CAP. CIX. AJENJO. (Wermuda)  [Artemisia Absinthium]

El ajenjo es muy caliente y tiene mucha fuerza. Es el remedio principal para todas las dolencias. Vierta una suficiente cantidad de su jugo en vino caliente, y si le duele la cabeza, moje la cabeza entera, desde los ojos a los oídos y el cuello. Hágalo al acostarse por la noche. Cubra la cabeza entera con una gorra de lana hasta la mañana y suprimirá el dolor de la cabeza hinchada. Quitará el dolor pulsante en la cabeza por el gicht, así como el dolor de dentro de la cabeza.
[Si un bicho de cualquier clase ha entrado en las orejas de alguien, tome ajenjo, la mitad de ruda, y la mitad de hisopo que de ruda, y cuézalos en agua. Incline entonces su cabeza y permita que el vapor caliente que se levanta de las hierbas calientes entre en la oreja sana a través de una pajita de caña. El vapor alcanzará la oreja dónde el bicho está, y huirá. Antes, esta oreja se habrá untado con miel y con un poco de manteca de cerdo añeja. Al detectar el ajenjo, el bicho saldrá de dentro hacia ese dulzor. También puede quemar una espiga de cebada, con o sin los granos, para que los humos puedan entrar en la oreja a través de la caña, como se ha descrito. Debe hacer esto muchas veces por día y se aliviará, a menos que Dios no desee aliviarlo. Cuando el bicho haya salido de la oreja, hierva aceite de oliva en un recipiente nuevo y permita que el vapor entre en la oreja dónde el bicho ha estado, y así engrasará las heridas. Entonces enfríe el aceite y úntelo alrededor de la entrada de la oreja. Si entra un poco en la oreja, no le hará daño. También puede cocer matricaria en el agua permitiendo que el vapor pase a la oreja sana. Tape luego esta oreja con su mano para que el vapor no puede salir fuera. Si lo hace frecuentemente, sanará.
Quien tenga dolor de muelas proveniente de la sangre podrida o por la purgación del cerebro, debe cocer pesos iguales de ajenjo y verbena en una olla nueva con vino bueno. Después de filtrarlo con un paño, bébalo con un poco el azúcar. Cuando se acueste, ate las hierbas calientes alrededor de su mandíbula. Debe hacer esto hasta que esté bien.
Vierta el jugo del ajenjo en aceite de oliva de modo que haya dos veces más de aceite que de ajenjo. Caliéntelo al sol en un tarro de cristal, y guárdelo para todo el año. Cuando alguien tenga dolor, dentro o alrededor de su pecho, que le esté haciendo toser, úntelo en su pecho. Y si siente dolores en el costado frótelo en este lugar, y con esta unción se cura tanto el interior como el exterior. También, machaque ajenjo en un mortero, agregue sebo del ciervo y médula del ciervo, y haga un ungüento. Debe haber dos veces más de ajenjo que de sebo, y dos veces más de sebo que de médula. Quien está muy atormentado por la parálisis de modo que sus miembros amenacen romperse, debe darse un masaje a fondo con este ungüento donde le duela, mientras está cerca del fuego, y se curará.
Cuando el ajenjo está fresco, macháquelo y exprima su jugo con un paño. Luego, cueza vino con miel, y vierta el jugo en este vino, de modo que el ajenjo supere el sabor del vino y de la miel. Beba esto, no cada día, sino cada tres días, antes del desayuno, de mayo a octubre. Detendrá su melancolía y enfermedades interiores, y aclarará sus ojos. Fortalecerá su corazón, impedirá a sus pulmones ponerse enfermos, calentará su estómago, purgará sus vísceras, y proporcionará una buena digestión.]