INCIPIT LIBER BEATAE HILDEGARDIS SUBTILITATUM DIVERSARUM NATURARUM CREATURARUM ET SIC DE ALIIS QUAMMULTIS BONIS

COMIENZO DEL LIBRO DE LA BIENAVENTURADA HILDEGARDA SOBRE LAS PROPIEDADES NATURALES DE LAS COSAS CREADAS Y TAMBIÉN SOBRE GRAN NÚMERO DE OTROS MUCHOS BIENES.



LIBRO PRIMERO. LAS PLANTAS

PRÓLOGO

Para la creación del hombre de la tierra, se eligió una tierra especial con la cual se hizo al hombre. Todos los elementos le servían, porque sentían que estaba vivo, colaboraban con él en todo lo que realizaba y él colaboraba con éllos. La tierra le proporcionaba su energía vital, según la especie, la naturaleza, las costumbres y todo lo demás que rodeaba al hombre. En efecto, la tierra, con sus plantas útiles, muestra todo el conjunto de las funciones espirituales del hombre, y distingue entre ellas, pero con las plantas inútiles, pone de manifiesto sus conductas malas y diabólicas.
Existen plantas que, cuando se cocinan con ciertos alimentos, permiten que el hombre las digiera fácilmente, y son ligeras porque se asimilan en su carne sin hacerse pesadas. Cuando está sin cocer, la savia de los árboles frutales es perjudicial, pero cuando está cocida es ligera y muy parecida a la sangre humana. Los árboles que no tienen fruta no son beneficiosos, solo son madera, y no árboles, tienen únicamente hojas que no son adecuadas para alimento del hombre, y si alguien las come no le aportan nada en absoluto aunque no le causen ningún daño. Son comparables a los deshechos del hombre. El material de los árboles y la madera que sirve para hacer cuerdas es muy semejante a las venas del hombre. Las piedras con las cuales se recubren los tejados tienen una función similar a la de las uñas en los dedos de las manos y pies humanos.
Ciertas plantas crecen del aire. Son plantas ligeras de digerir y tienen naturaleza alegre que produce felicidad a cualquier persona que las coma. Son comparables a los cabellos de un hombre que siempre son ligeros y airosos. Otras plantas son ventosas, porque crecen del viento. Son plantas secas y pesadas de digerir. Son de naturaleza triste que vuelve melancólica a quien las come. Son comparables a la transpiración humana. El jugo de las plantas inútiles que no se pueden comer es un veneno, y causa la muerte al hombre que lo come. Se corresponden con los excrementos humanos.
La tierra tiene sudor, humor y jugo. El sudor de la tierra produce las plantas inútiles, y su humor produce las plantas útiles que se pueden comer o que le sirven al hombre para otros propósitos. En cuanto al jugo de la tierra, produce la vid y otros árboles frutales. Las plantas que el ser humano siembra con trabajo y nacen y crecen gradualmente, son como los animales domésticos que se alimentan con cuidado en el hogar. Con el trabajo con que se plantan y se cultivan, pierden la acidez y la amargura de su jugo. En efecto, la humedad de su jugo entra en contacto, en cierto modo, con las cualidades de los jugos del hombre, y, así se hacen buenas para su comida y su bebida. Las plantas que crecen de la caída de su propia semilla, sin labor humana, y que, como las bestias salvajes, se originan rápida y repentinamente, no son buenas para el alimento del hombre, porque el hombre se alimenta, primero, bebiendo leche, luego comiendo, y creciendo, con un ritmo de alimentación regular, lo que no sucede en el caso de estas plantas. Sin embargo algunas de ellas, utilizadas en medicina, suprimen en el hombre los humores dañinos y enfermizos.
Todas las plantas son calientes o frías, y se desarrollan como tal. En efecto, el calor de las plantas representa el alma, y el frío representa el cuerpo: según su naturaleza prosperan cuando hay abundancia de calor o de frío. Si todas las plantas fueran calientes y ninguna fuera fría, harían daño a los que las utilizan. Si todas fueran frías y ninguna caliente, también harían daño a los hombres, porque las calientes se oponen al frío del hombre y las frías a su calor. Ciertas plantas tienen en sí la energía de los aromas más fuertes o la aspereza de los aromas más amargos. Si detienen la mayoría de los dolores es porque éstos son producidos por los espíritus malignos y porque se indignan con ellos. Pero hay también plantas que contienen en sí la escoria, por así decirlo, de los elementos, y en las que hombres engañados intentan encontrar su fortuna. A estas plantas, el diablo las aprecia y se agrega a ellas.

COMIENZA EL PRIMER LIBRO