El hombre, fortalecido en Dios, estable como el firmamento, tiene que meditar sobre de él y sobre sus obras asiduamente, ya que Dios le ha hecho la criatura más racional entre todas, para que le conozca y le glorifique.

XI. En estos pensamientos el hombre debe dirigir la mirada a Dios omnipotente como una referencia, proclamando todos sus milagros y signos, y a semejanza del firmamento, consolidar de este modo su morada para no ser arrancado de Dios por ningún impulso de temor o de amor. Dios puso el firmamento de escabel de su trono, y por ello el firmamento está animado de un movimiento circular a semejanza de la potencia de Dios, que no tiene principio ni fin, como nadie puede ver donde tiene el principio o el fin una rueda que gira. El trono de Dios es su misma eternidad, en él sólo Dios se sienta, y todos los seres vivos son chispas que brotan de los rayos de su esplendor, como los rayos proceden del sol. ¿Y como se podría conocer que Dios es vida, si no fuera por los seres vivientes que en sí mismos lo glorifican, ya que de Él proceden y a Él alaban su gloria?
Por esto dispuso vivientes y ardientes chispas delante de la claridad de su rostro, y ellas pueden ver que él no tiene principio ni fin, por tanto no se cansan nunca de contemplarlo, y lo miran atentamente, sin tener cansancio, y este deseo no tendrá nunca fin. ¿Como se podría saber, de otro modo, que sólo Él es eterno, si no fuera objeto de esta contemplación de los ángeles? ¿Y si no tuviera estas chispas, como aparecería su gloria en su plenitud? ¿Como haría lo eterno para reconocer su eternidad, si ninguna luz procediera de él? No hay ninguna criatura que no tenga alguno de sus rayos, es decir la fuerza vital, semillas, flores, belleza, de otro modo no sería criatura. Pero si Dios no tuviera el poder de hacer todas las cosas, ¿dónde estaría su potencia?

 

Dios imprimió la belleza de sus obras en el primer ángel. Para indicar en qué parte del mundo está el infierno, después de haber iluminado tres partes con la presencia del sol y la luna dejó la cuarta parte, es decir la septentrional, falta de luz. Cómo las tinieblas se destacan por contraste con el resplandor de la luz. Cómo la luz es más agradable en contraste con las tinieblas.

XII. Dios imprimió toda la belleza de las obras de su potencia en el primer ángel, lo engalanó de estrellas, de belleza lozana, de fuerza vital y de todo tipo de piedras preciosas resplandecientes como un cielo estrellado, y lo llamó Lucifer porque recibió la luz del propio Dios, que es el único eterno.
Yo que mostré mis obras en tres regiones, al oriente, en el sur y a occidente, he dejado vacía la cuarta región en el norte, donde no resplandece ni el sol ni la luna. Por esta razón es justo que en aquella comarca, fuera del firmamento, se encuentre el infierno, que no tiene ni techo ni fondo, allí solo hay tinieblas. Pero estas tinieblas se encuentran también al servicio de mi alabanza, porque, ¿cómo podríamos reconocer la luz sin la existencia de las tinieblas? ¿Y como se reconocerían las tinieblas, si no fuera por el radiante fulgor de mis servidores? Si no fuera así, mi poder carecería de plenitud, y de ese modo mis maravillas no serían celebradas. En cambio mi poder es lleno y perfecto, no hay ninguna carencia en mis maravillas.
En efecto, cuando la luminosidad está desprovista de tinieblas, recibe el nombre de luz. En realidad luz es el ojo viviente, las tinieblas son ceguera. Según estas dos distinciones conocemos el bien y el mal. A través de la luz, las obras de Dios, a través de las tinieblas, el alejamiento de Dios. La luz no toca a los que no quieren tener confianza en Él, porque están de la parte de los soberbios.

 

Sobre la soberbia y el orgullo del primer ángel y sus seguidores contra Dios, que fueron precipitados en el lugar de las tinieblas, y sobre los gritos de condena hacia ellos por parte de los santos ángeles.

XIII. La multitud innumerable de chispas, que se alinearon con el primer ángel perdido, resplandeció un tiempo en el fulgor de todas sus bellezas, tal como el mundo es iluminado gracias a la luz. Pero cuando el primer ángel se percató que todo su ornamento debía colocarse al servicio de Dios, él rechazó este amor asomándose hacia las tinieblas, y dijo para si: “Que glorioso sería para mí si obrase por mi propia voluntad y produjera obras, como veo hacer a Dios”. Y todos sus compañeros le dieron el propio consentimiento con estas palabras: “Coloquemos el trono de nuestro señor al norte, enfrente del Altísimo” Y decidieron entre ellos provocar siempre error y división entre los servidores de Dios, para que su propio señor fuera igual en potencia y magnificencia al Altísimo. Entonces los ojos de la eternidad, que es una sola, se incendiaron, repicó como un trueno terrible y precipitó lejos de ella al primer transgresor y a todo su ejército con la ayuda de sus servidores, los ángeles. Y los ángeles de Dios proclamaron con voz de trueno: “¿Qué perversa presunción puede igualar a Dios, nuestro Creador, único que procede de sí mismo? Y ya que tú, que existes por su deseo, has tenido la presunción y el deseo ser parecido a Él, irás a la ruina” Y enseguida el primer ángel, junto con todos los que se unieron, cayó de espaldas, como un bloque de plomo, porque quiso declarar la guerra contra Dios, cuyas obras no vio resplandecer sumergido como estaba en las tinieblas.

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