A causa de las diversas actuaciones de los vientos y el aire, por el curso diverso del sol y la luna, o por el juicio de Dios, el hombre padece cambios que lo llevan a veces a estar sano y a veces a enfermarse. Qué significa esto en su vida espiritual.

VIII. También ves que, cuando se suscita en cualquier región del mundo uno cualquiera de los vientos con sus cualidades, ya sea por el curso diverso del sol y la luna, o ya sea por juicio de Dios, como se ha dicho, este viento emite su soplo en aquel lugar después de haber puesto el aire en movimiento y haberlo hecho parecida a si. Aquel aire, que exhala en todo el mundo y conserva con su acción reguladora las cosas que hay en el mundo, le hace al hombre bastante mudable en sus humores, según la cualidad de aquel soplo. Significa que, cuando el soplo de las virtudes de todos los dones surge en el corazón del fiel, ya sea gracias a la inspiración del espíritu de fortaleza y humildad, al espíritu del temor de Dios y al ánimo contrito, o bien gracias a la disposición del designio divino, en cualquier sitio en que el Espíritu Santo los difunda provoca que el regalo de su inspiración vaya en ayuda del justo deseo del fiel que concuerde con ella. Aquel deseo, que está siempre atento a cuánto es útil para el bien y está listo a apoyarse en la devoción, se ajusta a aquella misma inspiración. Y así el deseo sacude el corazón de aquel hombre, porque cuando alguien, un hombre, cuya cualidad natural concuerda con la del viento, inspira y luego espira este aire tan modificado, de modo que el alma, al absorber aquel aire, la transmite dentro del cuerpo, también los humores en él se modifican y en muchos casos lo hacen enfermarse o lo curan, como ya se ha dicho anteriormente. Cuando ése hombre, cuya buena voluntad concuerda con este soplo, medita, se separa de los malos deseos y se aleja del mal. Y su alma, anotará todo esto en secreto. También las tempestades de los pensamientos que irrumpen en él cambian continuamente, prometiéndole en ocasiones adversidad, y en otras prosperidad.

 

En el hombre los humores también se mueven según la naturaleza de ciertos animales domésticos o salvajes, ora se mueven más ásperamente, ora más suave. Por la transformación o por la excitación de estos humores, los afectos y los pensamientos humanos sufren frecuentes alteraciones.

IX. A veces los humores se sublevan en el hombre con la ferocidad de un leopardo, pero luego sin embargo se vuelven más débiles. O se presentan de modo variable, avanzando o retrocediendo, como el cangrejo, y por fin, saltando y clavando los cuernos como un ciervo, manifiestan toda la misma variabilidad. De hecho, aunque el temor de Dios penetre en el hombre, sin embargo a veces nacen en su entendimiento pensamientos orientados al tedio, que se entregan a la vanidad. A veces, como ocurre en el cangrejo, gracias a la confianza en el buen resultado exhortan al hombre a ir adelante, pero luego le engañan reconduciéndolo atrás e insinuándole que no podrá perseverar en esta dirección. Otras veces, como en el ciervo, le aportan la seguridad de la fe, pero después, enseguida le atacan haciéndole vacilar en su fe.
Y a veces invaden al hombre con la rapiña de un lobo, aunando las características conjugadas de un ciervo o un cangrejo, como se ha dicho. A veces, como en el lobo, los pensamientos presentan en la mente del hombre las penas infernales haciéndole falsas promesas, como si sólo las obras del ciervo, es decir de la fe, o del cangrejo, es decir de la confianza, pudieran evitarlas, sin necesidad de obras justas, y luego, en muchos casos lo llevan en cambio a la desesperación.
También enseñan que a veces puede actuar dentro del hombre una fuerza parecida a la de un león, o ser como una serpiente que ora se presenta con dulzura, ora con perfidia, mientras que otras veces fingen ser suaves como un cordero, en cuyo caso los pensamientos hacen presentes en el hombre el juicio de Dios pero después enseguida le persuaden para no temerlo, porque, como la serpiente, que actúa con cautela, le sugieren engañosamente el modo de engañarlo con alguna sutil astucia, mientras le exhortan a no temer nada, como un paciente cordero, como si no fuera culpable de sus pecados. Pero otras veces gruñen como un oso, casi con cólera, y a veces también pueden manifestar al mismo tiempo las cualidades mencionadas de cordero o serpiente, como se ha mostrado. Así, como en el oso, los pensamientos sostienen que por amor de Dios el hombre sufre tribulaciones corporales y enseñan que por ellos, como en la paciencia del cordero o en la prudencia de la serpiente, ya ha padecido el castigo y ya ha sido purificado por los pecados. Estas diversas insinuaciones lo sumergen en la incertidumbre, porque son muchas y diferentes.
Efectivamente, a menudo en el hombre los humores están sometidos a este tipo de cambios, ya que los pensamientos del hombre, continuamente modificados por estas tempestades y de muchos otros modos, ora lo llevan a una seguridad infundada, ora a la desesperación, pero en algunos casos lo elevan como si fueran una sincera devoción. Por estas razones, en muchos casos, después de haber sido tan modificados, entran en el hígado del hombre, que es donde se valora su ciencia procedente del cerebro, conocimiento que es equilibrado por las energías del alma, y adonde llega la humedad del cerebro para que esté bien nutrido, fuerte y sano. Significa que los pensamientos del hombre bastante a menudo se dirigen como hacia su hígado, es decir hacia la fuerza de la justicia, esta fuerza en la cual el justo obra en virtud de la ciencia, ya que las fuerzas del alma enseñan la ciencia del bien y el mal, ciencia que encierra la vida, por obra de la justicia, en los creyentes. También el Hijo de Dios reunió alrededor de sí a los pecadores y a los publicanos y ellos también se fortalecieron con la abundancia del Espíritu Santo.

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