Dios ha representado en el hombre, hecho a su imagen y semejanza, a todas las criaturas. Tras la caída del hombre, Dios lo restableció únicamente por la benevolencia de su amor a través de su Encarnación y lo colocó en la felicidad que el ángel caído había perdido. Esto se muestra en el significado alegórico de la visión.

III. Oí de nuevo la misma voz del cielo, se dirigió a mí en estos términos: “Dios, que lo creó todo, formó al hombre a su imagen y semejanza. En él representó a todas las criaturas superiores e inferiores. Lo quiso con un amor tal que le reservó el sitio del que fue expulsado el ángel caído, y le reservó toda la gloria y todo el honor que el susodicho ángel había perdido. La visión que contemplas muestra este hecho. Pues esa imagen que ves como en el centro del aire austral, una imagen bella y maravillosa en el misterio de Dios, parecida a una figura humana, es la que, con la fuerza de la eterna divinidad, bella en su elección y admirable en los dones secretos del Padre Supremo, se denomina amor. Amor que se muestra al hombre, porque cuando el Hijo de Dios se encarnó, redimió al hombre perdido con el servicio del amor.
Por esta razón este rostro es de tal belleza, de tal claridad, que sería mas fácil contemplar al sol que contemplar este rostro, porque la generosidad del amor del Hijo se encuentra en tanta excelencia y brillantez de sus dones, que traspasa cualquier inteligencia del saber humano mediante el cual entiende el alma la variedad de las cosas, de forma que el hombre no es capaz de abarcar en todo su sentido esta generosidad. Y sin embargo aquí se muestra por señales, para que a través de ellas se pueda conocer en la fe lo que no puede ser visto claramente por la vista más despierta.

 

La fe devota abraza la excelencia de la divina caridad, y por su medio Dios se reconoce Uno en la Trinidad. Cómo Dios mismo custodia a los hombres con el mérito de la fe y los reconduce al cielo.

IV. El ancho círculo dorado que rodea completamente la cabeza de la misma faz, quiere decir que la fe católica, difundida por toda la tierra, surge con el extraordinario resplandor de la primera aurora. Esta fe abraza con toda su devoción la excelencia de esta generosidad del amor verdadero, cuando Dios redimió el hombre por la vía de la Encarnación de su Hijo, y lo confirmó con la infusión del Espíritu Santo. Así, el único Dios se reconoce en su Trinidad. Él, el Dios sin principio en el tiempo, Él, el Dios que, desde toda la eternidad, estaba incluido en su deidad.
En el mismo círculo, más arriba de la primera cabeza, se ve otro rostro, el de un anciano. Significa que la excelsa benevolencia de la divinidad, sin origen ni término, viene en socorro de los creyentes. El mentón y la barba rozan el cráneo del primer rostro, ya que la divinidad, al disponer y proteger todas las cosas, alcanza la cumbre de la suprema caridad, al determinar que el Hijo de Dios, en su Encarnación, recondujera al hombre perdido a su hogar, al Reino de los cielos

 

El amor a Dios y al próximo no pueden separarse de la virtud fortalecida por la fe.

V. De cada lado del cuello de la figura brota un ala. Ambas se levantan por encima del círculo del cual se ha hablado, y ahí se unen la una a la otra. Esto quiere decir que no es posible separar el amor de Dios y el del prójimo, cuando se expresan dentro la unidad de la fe por la energía divina del amor y cuando abrazan la fe en un supremo deseo. Cuando, despojados al mismo tiempo que Adán del vestido celestial, estos dos amores pasan una temporada en las sombras de la muerte, la santa divinidad oculta a los hombres el fulgor inconmensurable de su gloria.

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