16. Palabras de David

«Alabadle con clamor de cuerno, alabadle con arpa y con cítara, alabadle con tamboril y danza, alabadle con laúd y flauta, alabadle con címbalos sonoros, alabadle con címbalos de aclamación. ¡Todo cuanto respira alabe a Yahveh!». Así es, en verdad.
Vosotros, que conocéis, adoráis y amáis al Señor con buena voluntad y devoción pura, alabadle con clangor de cuerno -con el sentido de la razón-: pues cuando el ángel perdido y sus huestes cayeron en la ruina, los ejércitos de espíritus bienaventurados permanecieron, por la razón, en la verdad, y a Dios se unieron con fiel amor.
Y alabadle con el arpa de la honda devoción y con la cítara de dulce melodía: que al son del cuerno prorrumpe el arpa, y al cantar del arpa, la cítara; así como tras los ángeles bienaventurados, que perseveraron en el amor de la verdad, surgieron, ya creado el hombre, los profetas con sus maravillosas voces, y luego siguieron los apóstoles con sus dulces palabras.
Y alabadle con el tamboril de la mortificación y con la danza del júbilo: que al tañido de la cítara, exulta el tamboril y, al son del tamboril, la danza; así como tras predicar los apóstoles las palabras de salvación, los mártires sufrieron en sus cuerpos infinitos quebrantos para gloria del Señor, y luego surgieron los veraces maestros del oficio sacerdotal.
Y alabadle con el laúd de la redención humana y con la flauta del divino amparo: que cuando exulta la danza, brotan las voces del laúd y la flauta; igual que cuando los veraces maestros hubieron enseñado la verdad en su bienaventurado oficio, surgieron las vírgenes que amaron al Hijo de Dios, Hombre verdadero, como al son de un laúd, y Le adoraron, Dios verdadero, como al son de una flauta, pues creyeron que Él era Hombre verdadero y Dios verdadero. ¿Qué significa esto? Cuando el Hijo de Dios Se revistió de carne por la salvación de los hombres, no perdió la gloria de Su Divinidad. Y así fue que las vírgenes bienaventuradas Lo escogieron por Esposo: como hombre verdadero en las nupcias, y como Dios verdadero en la castidad, uniéndose a Él con fiel devoción.
Pero, venga, alabadle con címbalos de hermoso sonar: con clamores que armoniosos reverberen en el júbilo verdadero, cuando los hombres que yacen en la sima del pecado, llenos de arrepentimiento por inspiración divina se levanten del abismo y a las alturas de los Cielos se eleven.
Y alabadle con címbalos de aclamación -con clamores de loa a la Divinidad- cuando las poderosas virtudes, alcanzando gallarda mente la victoria, aniquilen los vicios entre los hombres, y lleven a cuantos perseveren en el bien con pleno afán a la bienaventuranza de la herencia verdadera.
Oh sí, todo cuanto respira y, lleno de buena voluntad, crea en Dios y Le honre, alabe al Señor, al Señor de todos: pues es justo que quien ama la vida glorifique a Aquel que es la Vida. Y de nuevo escuché la voz que del aire luminoso venía, diciendo: «Gloria a Ti, Altísimo Rey, que en este ignorante y sencillo ser humano has obrado maravillas».
Y entonces la voz del Cielo prorrumpió en gran clamor, diciendo: «Acercaos y oíd todos los que queréis alcanzar la suprema herencia y la bienaventuranza. Oh vosotros, hombres de alma devota que aguardáis la recompensa celestial, poned en vuestros oídos estas palabras, grabadlas en la entraña de vuestros corazones, no arrumbéis esta exhortación que os hago. Mirad que Yo, el Testigo fiel, vivo y veraz, Yo, el Señor cuya voz resuena y no enmudece, pues no guardo silencio sino que hablo, os digo, en verdad os digo: ¿Quién puede prevalecer sobre Mí? A quien lo intente, le abatiré. Por tanto, no abrace el hombre la montaña que no puede mover, mas permanezca en el valle de la humildad. Pero, ¿quién anda por los caminos donde no hay agua? El que es hijo de los torbellinos y reparte fruto sin savia. Ah, ¿acaso creéis que podría estar allí Mi tabernáculo? Mi tabernáculo está, en cambio, allí donde el Espíritu Santo hace fluir Su manantial. ¿Qué es esto?
»"Yo estoy en medio de vosotros". ¿Cómo? Quien Me abrace con verdad no caerá, ni por la altura, ni por la profundidad, ni por la anchura. ¿Qué significa esto?
Yo soy el Amor al que ni la soberbia enaltecida abatirá, ni la caída en la profundidad quebrará, ni la anchura del mal desbordará. ¿Acaso no puedo edificar tan alto como el escabel del sol? Los fuertes que en los valles muestran su fortaleza Me desprecian; los tardos de corazón Me abandonan cuando estalla el fragor de las tempestades; los sabios rehusan Mi pan, y cada cual se construye una torre para sí, según su voluntad. Pero Yo los confundiré a todos con lo pequeño y lo frágil, así como derribé a Goliat con un niño, y vencí a Holofernes con Judit. Por tanto, si alguno rechaza las palabras místicas de este libro, tensaré Mi arco contra él, y las flechas de Mi carcaj lo atravesarán: haré que ruede la corona de su cabeza, y acabará como los que cayeron en Horeb, cuando murmuraron contra Mí. Y si alguno maldijera esta profecía, él mismo sea maldito con la maldición que pronunció Isaac; pero, llene la bendición del rocío celeste a aquel que la abrace y en su corazón la guarde, aquel que por llanos caminos la lleve.
»Y quien la saboree y en su memoria la ponga, será monte de mirra y de incienso, y de todos los aromas; y anchura de infinitas bendiciones, elevándose de bendición en bendición como Abraham; y columna a la que se unirá ante la mirada de Dios la nueva prometida, la Esposa del Cordero. Y la sombra de la mano del Señor le protegerá.
»Pero, que si alguno se atreve a ocultar estas palabras, venidas del dedo de Dios, y les quita algo, arrebatado en furia, o las lleva a un lugar extraño, por causas humanas, escarneciéndolas, sea condenado. Y el dedo de Dios lo aplastará.
«Alabad, pues, alabad al Señor, corazones bienaventurados, por todas las maravillas que ha obrado en esta suave imagen de la belleza del Altísimo, que Él mismo conocía ya antes de forjarla al sacar a Eva de la costilla de Adán.
»Pero, que quien temple su oído en el sentido místico, suspire en pos de estas palabras, encendido de amor por Mi espejo, y en la sabiduría de su alma las escriba. Así sea».

FIN DE SCIVIAS: CONOCE LOS CAMINOS