15. Los elementos se volverán perfectos, y morirá la noche

Y, como ves, cuando se haya cumplido todo esto, los elementos brillarán con la mayor claridad y belleza, retirado todo escollo de negrura y sordidez. Sí: ya no abrasará el fuego y cual alborada brillará; el aire, sin rebullir, diáfano resplandecerá; no se embravecerán ni desbordarán las aguas, que permanecerán cristalinas y serenas; y la tierra, sin temblores ni quebradas, será firme y rasa: todo entrará en una inmensa calma y belleza.
Y el sol, la luna y las estrellas rutilarán en el firmamento con gran claridad y extraordinario fulgor como piedras preciosas engastadas en oro, y ya no se desplazarán más a lo largo de sus trayectorias para separar el día y la noche: porque, terminado el mundo, permanecerán inmutables y, en adelante, no surgirán las tinieblas de la noche, pues entonces ya nunca morirá el día, como testimonia Mi bienamado Juan cuando dice: