36. Muerte y merced de los dos testigos

Sin embargo, con la aquiescencia de Mi voluntad, el Impío dará muerte, al cabo, a Mis dos testigos, que en los Cielos recibirán la merced por su trabajo. Entonces, las flores de su doctrina se deshojarán porque habrán cesado ya de resonar sus voces en el mundo, y mostrarán sus buenos frutos en los elegidos, que despreciarán las palabras y la furia del arte diabólico, bien afianzados en la esperanza de la suprema herencia, como enseña Salomón, hablando del hombre justo y probo, cuando dice: «La casa del justo abunda en riquezas, en las rentas del malo no falta inquietud» . Así es, en verdad.
Un tabernáculo acerado donde no hay quebranto ni desdicha: he aquí el singular espejo del ojo de Dios en el justo, en que este ojo ve la fortaleza de Sus milagros, como en el blandir de una espada la prontitud al ataque. Pero en las obras que, cual frutos, gesta el corazón orgulloso, ese que forja ruinas con sus propios deleites, no falta la tristeza: pues este arrogante corazón no confía en la esperanza que en la plenitud celeste florece.