32. En el último día se cumplirá el destino

Así pues, según se ha mostrado, Dios obra desde el Oriente, el Septentrión y el Occidente hacia el Mediodía donde, a través de Su Hijo, con el amor de la Iglesia, culminará en el último día cuanto fue predestinado antes de la creación del mundo; y la obra que de Él dimana, de nuevo a Su seno la traerá, una vez afianzada y engalanada con las torres y virtudes que, bajo símbolos místicos, has visto; y completa en la suprema perfección. ¿Cómo? La justicia del recto obrar, revelada con Noé, tras la caída de Adán, se encamina hacia el postrer día, amurallada toda por las incontables maravillas que Dios no ha cesado de manifestar mediante Sus elegidos a través del curso de los tiempos: con el preludio de Noé, con las revelaciones de Abra-ham y Moisés y con la obra de Su Hijo. ¿Cómo? Antes de los siglos ya estaba en el corazón del Padre Celestial todo esto: que querría enviar a Su Hijo al mundo, hacia el fin de los tiempos, por la verdadera salvación y redención de los hombres caídos, y que Él, nacido de una Virgen, cumpliría cuanto hubieran profetizado los antiguos santos, llenos del Espíritu Santo, en Su perfecta obra, así como el hombre primero flexiona sus brazos para trabajar y después procede la mano. ¿Qué significa esto? Cuando Adán fue expulsado de la tierra del florecer, la justicia empezó a moverse, por justo juicio de Dios, en Noé -que es como la primera articulación, la del hombro- y avanzó, fortaleciéndose, con Abraham y Moisés -cual segunda articulación, la del brazo, que es más flexible- y así culminó en la obra perfecta del Hijo de Dios, que cumplió a plena luz todos los signos y profecías de la antigua Ley y dio verdadero testimonio de las virtudes que adornarán la Jerusalén Celestial con Sus hijos, manifestándolas en la renovación del Espíritu y del agua -igual que la mano perfecciona con sus dedos la labor que lleva a cabo y la muestra culminada-. De este modo es como realizo Mi obra para gloria Mía y confusión tuya, oh Demonio: contra ti he alzado la fuerza de Mi brazo en el Aquilón y en el Septentrión y en el Occidente; a todo lo largo del curso del sol, del Oriente al Mediodía, te combatí, y en el ocaso te derroto, así que por doquiera te verás confundido. Mira que hago una obra justa y santa en Mi Iglesia, monte de la fortaleza, oh infame asechador, para muerte tuya, para que seas vencido y borrado de la haz de la tierra, tú que quisiste aniquilar a Mi grey.

Pero que quien temple su oído en el sentido místico, suspire en pos de estas palabras, encendido de amor por Mi espejo, y en la sabiduría de su alma las escriba.