8. Ejemplos sobre la templanza interior de la mente

Pero algunos, engañados por el Demonio y porfiados en el mal, se creen santificados cuando apartan su hombre exterior de la cópula y, sin embargo, renuncian a la circuncisión de la mente: por eso están llenos de pensamientos inmundos; incircunciso su espíritu, el mal acude a sus bocas y a sus obras, no quieren reconocer su infamia, son tibios que tan sólo procuran mantener su carne libre de cópula mientras rechazan la pureza de su espíritu. Por tanto, indignos son ante Mi faz: proscritos que están fuera de la ley carnal y espiritual, porque no vivieron según la justicia de Dios ni en la carne ni en el espíritu. Ni guardaron la ley del matrimonio establecida para ellos ni, más allá de lo prescrito por la Ley, conservaron el amor de la virginidad. Y he aquí que no merecen estar ante Mis ojos: no sé qué son; no los he visto caminar bajo los mandamientos de la Ley, ni hacer más de cuanto les había sido prescrito. Apartados están, pues, de Mi mirada. Son para Mí cual páramos donde crecen espinos, abrojos, cizaña: maleza inservible cuya altura y color la asemeja a las rosas, y a los lirios, y a otras flores y plantas beneficiosas y balsámicas por su útil jugo, dulce fruto y buen aroma. Son para Mí como el cobre, que por fuera parece oro, pero por dentro se ve que es falso y espurio: porque así es como estos por fuera aparentan ser vírgenes prudentes, mas por dentro están llenos de iniquidad y de mentira.
Por eso son para Mí cual viento tibio que, sin fuerza alguna, no es ni caliente ni frío: pues ni posee su alma calor a fin de perseverar en la abstinencia virginal que emprendieron, ni valen, en el frío de los afanes mundanos, para recorrer sus caminos seculares según se propusieron. Ni pecan sin Ley como los publicanos, ni bajo la Ley como los reprobos, sino que son tibios de corazón: ni plenamente justos ni plenamente injustos. Pero igual que el cachorro de un animal inmundo es alejado antes de que se sienta vivo o de que se fortalezca en la edad de la sazón, así son desterrados estos hombres a la muerte: porque ni saben vivir para la Vida ni saben reconocer en su interior la fuerza de las virtudes que habitan en la morada de la Sabiduría. Y si impenitentes perseveran, los vomitaré de Mi boca, pues no son dignos de estar ante Mi faz. Pero ahora, oh hombre, mírate a ti mismo: