22. Las dignidades, establecidas por Dios

Pero, aun cuando los que codician estas dignidades con perverso afán actúen injustamente y no deba consentírseles que con su maldad traten de usurparlas, como se ha dicho, estas autoridades son buenas y han sido justamente establecidas por Dios para utilidad de los hombres, que no han de oponerse a ellas con soberbia y pertinacia sino, al contrario, acatarlas por amor a Mí. Por tanto, que ningún fiel que quiera dignamente someterse a Dios se insubordine contra el poder que le rige: porque este, a semejanza de la gloria de Dios, custodia y apacienta sus ovejas para que la honra de su grey no se envilezca en manos de un extraño, ladrón y salteador; pues así como nadie debe enfrentarse a Dios, que ninguno se subleve insensatamente contra Su magisterio.
Por tanto, que todo ser humano, vivo en carne y alma, sometido a las dignidades superiores a él, que custodian la justicia espiritual o secular, las acate a fin de que, por el temor a su autoridad, sea encauzado dentro de la ley constituida para los hombres, no se desvíen estos por los errantes caminos de su libre voluntad, dictándose leyes según su antojo y apartándose, así, de las sendas del Señor; pues a fin de que no yerren, el poder dimana de Dios. ¿Cómo?
Las autoridades humanas han sido dispuestas por inspiración del Espíritu Santo para que, mediante ellas, los hombres aprendan a temer a Dios; y si las envilecen y malogran a causa de sus veleidades, no será por voluntad de Dios, sino por tácito permiso Suyo a fin de que, según justo juicio, sacien sus apetencias con perverso afán en detrimento suyo.
Luego Dios ha fundado justamente las dignidades del poder, en Él inspiradas, para bien de los hombres por la gran necesidad que de ellas tienen, no viva la grey del Señor como rebaño sin pastor, marchando por los desvíos de su veleidad. Así pues, quien se rebele contra ellas y, por ímpetu de soberbia, no quiera acatarlas con humilde sumisión, como es justo, no desafiará a los hombres sino a Mí, el Creador, que todo lo dispongo con justicia; a Mí se enfrentará como pertinaz hijo de la desobediencia de Adán y, espesando con su rebeldía las tinieblas de su condena, caminará igual que su padre, al encuentro de la desdicha, exiliado de la felicidad. No hablo de aquel que humildemente se resiste a la ponzoñosa maldad humana bajo el escudo de Mi ira -porque, al contrario, este aumenta la recta justicia de Dios en lugar de menoscabarla, si lo hace oportuna y congruentemente- sino de aquel que, con insolencia, ansia oprimir estas dignidades, sublevado por su enaltecida soberbia; pues han sido establecidas por designio Mío para utilidad de los vivos, como se ha dicho. Y quien se rebele con soberbia contra ellas estará execrando Mi inspiración; aun cuando, por justo juicio, permito que algunos insensatos que, con su ignorancia, no sienten temor de Mí, reciban esas dignidades que codician, desobedeciendo los preceptos divinos con su inicua voluntad: responderán por ello, según pondere la balanza de justicia, con dura penitencia o en el fuego de la Gehenna.