3. Palabras del temor de Dios

La tercera imagen se me manifestó con la misma figura con que la vi en mi primera visión: más grande y alta que las demás virtudes, y de forma distinta a la humana; por doquier llena de ojos, habitaba toda ella en la sabiduría; vestía un ropaje umbroso, a través del cual atisbaban sus ojos, y temblaba, embargada de temor, ante el Ser radiante que está sentado en el trono.
Y habló así:
«¡Ay de vosotros, malhadados pecadores sin temor de Dios que por fabulador Le tenéis! ¿Quién puede huir del temor al Dios incomprensible que deja morir al culpable si porfía en el mal? Tema yo, pues, al Señor, mi Dios, de temor a Él me llene. ¿Quién me asistirá ante la faz del Dios verdadero? ¿Quién de Su terrible juicio me librará? Oh, nadie lo hará, nadie sino Él, el Dios justo. A mi Señor buscaré, sea mi paradero tu morada, Señor».