10. Tres semejanzas de la Trinidad

El poder, la voluntad, el ardor: tres picos de una sola cima de la acción. ¿Cómo? En el poder está la voluntad, y en la voluntad, el ardor, y son inseparables, como el aliento de un hombre al ser exhalado. ¿Cómo? El aire que circula, la humedad y el calor componen la indivisible exhalación del aliento humano, como indivisible es también tu ojo en su integridad. ¿Cómo? El círculo de tu ojo tiene dos capas transparentes, pero componen un único habitáculo que rige lo que lo integra. ¡Escucha y entiende, oh hombre!
De este modo hay Tres Personas en una sola esencia inmutable de la Divinidad. En el Padre está el Hijo, y en ambos, el Espíritu Santo, y son uno y obran inseparablemente: ni el Padre obra sin el Hijo, ni el Hijo sin el Espíritu Santo, ni el Espíritu Santo sin Ellos, ni el Padre y el Hijo sin el Espíritu Santo, pues son una Unidad indivisible. Así, Dios es en Tres Personas, sin principio, antes de los siglos; pero el Hijo no se revistió de carne antes del comienzo del mundo, sino en el tiempo señalado, cuando, al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a Su Hijo. Y aun encarnado el Hijo, Dios existía en Tres Personas y en Ellas quiso ser invocado: al brotar esa Flor virginal en la pureza de la virginidad, no se añadió otra persona a la inefable Trinidad, sólo que el Hijo de Dios se revistió de carne, asumida sin mancha.
Por tanto, estas Tres Personas son un solo Dios en la Divinidad, y quien no crea en esto será separado del Reino de Dios, porque queriendo desgarrar la integridad de la Divinidad, se desgarra a sí mismo en la fe, como está escrito: