1. La Santa Trinidad no debe ser escrutada

Los fieles deben creer, con sencillo y humilde corazón, en la inefable y Santa Trinidad de la Unidad Suprema -oculta a los que servían bajo el yugo de la Ley y manifestada en la Nueva Gracia a los liberados de la servidumbre- como Dios Uno y Verdadero en Tres Personas, y no tratarán de escrutarla, pues ay del que desestime el don recibido del Espíritu Santo y busque más de lo que debe: por su temerario orgullo, antes le llegará caer en lo peor que encontrar cuanto indignamente apetece. Y esta visión lo demuestra.
Así pues, la columna que has visto en el ángulo occidental del mencionado edificio representa la Trinidad verdadera; porque el Padre, la Palabra y el Espíritu Santo son un solo Dios en la Trinidad, y esta Trinidad es en la Unidad: columna perfecta de todo el bien, que lo supremo y lo ínfimo atraviesa y en el orbe universo reina.
Aparece en la parte occidental: pues el Hijo de Dios se encarnó en el ocaso del tiempo, por todo el mundo glorificó a Su Padre, a Sus discípulos prometió el Espíritu Santo y, al sufrir la muerte por voluntad del Padre, dejó el ejemplo del bien a los hombres para que, cumpliendo obras de justicia y verdad en el Espíritu Santo, también ellos caminaran rectamente hacia la morada del Padre Supremo.
Era admirable, misteriosa y muy recia: porque el Señor es en Sus criaturas tan prodigioso, que no podrán confinarlo; tan secreto, que no deberán obstinarse en indagarlo con su ciencia o su percepción; tan recio, que toda fuerza de El dimana, y ninguna es capaz de compararse con la Suya.