32. La paz

La otra imagen, que estaba a su derecha, representa la paz, que porta el signo del Cielo y es compañera de los ángeles, pues germina en la lozanía plena de la verdad: porque, por la parte derecha, la de la salvación de las almas, rodean a la verdad eximios dones celestiales, y lleva consigo la paz por el Hijo de Dios. ¿Cómo? Como está escrito en el cántico de los ángeles, donde se dice: «gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad» . Así es, en verdad: el hombre brilla en las alturas del Señor y el Señor en el hombre, porque el Hijo de Dios se ha encarnado milagrosamente; por eso, que loado y glorificado sea el Señor en el Cielo por todas Sus criaturas y que, en la tierra, la Paz de la salvación esté con los hombres que reciben la Voluntad del Padre con devoción y fe, pues la Paz de la buena voluntad es la Voluntad de toda la bondad del Padre: Su Hijo, Dios y Hombre.
¿Y por qué es Él nuestra Paz? Él es nuestra Paz al defender a los hombres de las asechanzas de la antigua serpiente, que fue la primera en pecar y, arrojada en las tinieblas, perdió la luz de la Vida, luz que la Paz verdadera, el Hijo de Dios verdadero, trajo a los hombres, haciéndolos partícipes del Reino de Dios en el lugar bienaventurado que perdió el Demonio.
Y viste que tenía semblante de ángel: porque huye de todo mal y con el semblante de su bienaventurado designio, con su angélico deseo, mira a Dios. Y, a cada lado, un ala voladora: pues con el ala de cada lado -las vicisitudes de la calma y la tribulación- se eleva hacia Dios, sin sembrar el temor ni la amargura, sino siempre plácida en la prosperidad, y al Dios Uno envuelve en la concordia de sus dos alas unánimes: ninguna turbulenta tempestad le hará zozobrar ni en el bien ni frente al mal, sólo en el sosiego persevera.
Su figura era humana como las demás virtudes: porque resplandeció milagrosamente a través del Hijo de Dios, pues ella confirma todas las virtudes en los hombres, así que no busca ni discordia ni batalla, sino siempre la calma, y de este modo hace frente al ataque del Demonio, como más arriba manifiestan sus palabras.