29. La generosidad

La otra imagen, que estaba a su derecha, representa la generosidad, dotada de la sencillez de la infancia, sin astucia ni acritud alguna frente al dolor humano; con ella, la templanza aparta siempre de sí toda inclemencia, encaminándose de este modo, por la derecha de las buenas obras, al Señor: porque la generosidad es el principio de la acción cuando la templanza, su adalid, emprende su obra.
Tenía sobre su pecho un león que fulguraba igual que un espejo: es Mi Hijo, Jesucristo, poderosísimo león, guardado en su corazón como en el espejo del amor misericordioso y espléndido.
Y de su cuello pendía hasta su pecho una serpiente de pálido color como enroscada en torno a una vara, porque el cuello es la inquebrantable paciencia con la que Mi Hijo, sabedor de lo que le aguardaba, pálido en el tormento de la carne, soportó la torsión de las penas y la elevación en la cruz: bálsamo de todas las heridas, que la generosidad, por amor celestial, lleva grabado sobre su pecho y que sondea en las mentes de los hombres, como ella misma declara en sus palabras de exhortación citadas.