14. Por qué permite Dios que unos prevalezcan y otros no

La inspiración divina infundió en los hombres, mediante su raciocinio, la noción de que, en un orden cabal de los pueblos, los grandes deben dominar, y ser temidos y honrados por ellos. Pues Dios permitió que unos prevalecieran y otros fueran subyugados para que los hombres, así distribuidos, no se mataran entre ellos y perecieran; mira que, de otro modo, permanecerían ociosos, sin saber cómo llegar al conocimiento de Dios por no haberlo aprendido al temer y honrar a otros hombres.
Así hizo el Espíritu Santo al guiar al pueblo a la ley interior del espíritu, con la que sería gobernado el hombre, interior y exterior-mente, hasta que brotó el Manantial de agua viva, raudal que vino al mundo con la plenitud de la justicia, para regir a un mismo tiempo el cuerpo y el alma. Por tanto, la tutela del poder secular ha sido establecida a fin de procurar el provecho de lo terreno: que el cuerpo encuentre alimento y no desfallezca; y el magisterio espiritual, para avivar el anhelo interior de llegar a servir a Dios: que el alma suspire en pos de lo celestial. Yo he fundado uno y otro conforme a Mi designio, como dijo Isaac a su hijo Jacob: