30. La encrucijada de la ciencia humana

La ciencia humana es como un espejo en el que se ocultan los deseos del que quiere el bien o el mal. Y el hombre, ante esta encrucijada, se orientará, por su voluntad, al camino que prefiera. Quien elija el bien, abrazándolo con las obras de la fe, merced a la ayuda del Señor, recibirá la recompensa de la bienaventuranza y será ensalzado, porque despreció el mal y cumplió el bien. Pero quien se incline al mal, devorándolo con su perfidia, bajo el hechizo del Demonio, incurrirá, para desdicha suya, en las penas que, por justicia, merece, porque rechazó el bien y cometió el mal. Confíate, pues, oh hombre, al Señor con gran devoción y humildad, llevando a cabo fielmente tu salvación, que del Sumo Bien dimana, para que exulte tu alma en la santidad interior, pues con el temblor que la encauza en el buen designio y en el recto empeño sirve a su Creador. ¿Cómo?