29. La ira del Señor, inmutable y firme potestad del justo juicio

No escuchaste a esta cabeza proferir palabra alguna, mas permanecía inmóvil, agitando, de cuando en cuando, sus alas allí donde se cernían, como se ha referido ya: no hay, en la ira del Señor, clamor de voz que amenace y con soberbia se alce, mas inmutable permanece en la potestad de Su fortaleza y de Su justo juicio; con Su venganza se cierne sobre la furia de los actos cometidos sin temor de Dios, según lo merezcan los ofusca y aplasta, conforme a la envergadura del castigo que dicte Su juicio los escarmienta, como te ha sido demostrado, oh hombre, en esta revelación verdadera. Y pues Dios es justo, conviene que toda injusticia sea examinada por contraposición a lo justo, porque el Señor conoce bien la encrucijada que hay en la ciencia humana.