4. Sobre los que pecan con temor y su perdón

Así pues Yo, Señor de todo cuanto existe, declaro que habréis de expiar todas vuestras culpas, sea con gemidos de pesar, sea con el duelo de la penitencia, sea con un escarmiento justo, en este mundo o en el venidero, según se ha dicho ya. ¿Cómo? Los que pecan con temor y en la penitencia se duelen, amedrentados, de sus errores, merecerán, por la gracia de Dios, levantarse muchas veces de sus culpas justificados y, si no encontraran la remisión plena en este mundo, serán salvos para la vida en el venidero.
Pero los que sean tan duros de corazón que ni deseen ni quieran conocer sus pecados sintiendo el temor y la aflicción de la penitencia, antes bien, porfíen en su maldad como si no debieran temer a Dios, no serán salvos de sus culpas, ni este mundo ni en el venidero, sino que padecerán tormentos sin la consolación de ser justificados para la vida, porque no quisieron responder de su desafuero conforme al raciocinio con que los creé. ¿Cómo?