3. Las figuras de las virtudes y sus significados

En la torre divisaste cinco imágenes, cada una en su propio nicho, coronado con un pináculo: de esta torre -de la fortaleza de la circuncisión- penden cinco poderosas virtudes; ninguna de ellas es una forma viva en sí, sino sólo una brillante esfera que, merced al Señor, resplandece en las acciones humanas; mira: el nombre se perfecciona mediante las virtudes, pues son la obra del hombre que trabaja en Dios.
Por eso las cinco virtudes están en la torre como los cinco sentidos del hombre: sellaron la circuncisión con gran celo, extirpando de ella la iniquidad, igual que los cinco sentidos humanos son circuncidados por el bautismo en la Iglesia; pero no obran por sí solas en el hombre, sino que el hombre obra con ellas, y ellas con el hombre, como tampoco actúan solos los cinco sentidos humanos, sino en reciprocidad con el hombre para que, juntos, den fruto. Cada una de ellas se esfuerza con el mayor denuedo: la altura de su magisterio está coronada con un pináculo que es la eximia y bien guarnecida dignidad de la constancia virtuosa.
La primera miraba hacia el Oriente: pues esta virtud mira con gemidos de amor al Hijo de Dios, esperando que venga para anunciar abiertamente lo que la circuncisión guardaba oculto sobre la vida eterna.
La segunda miraba al Aquilón, porque atalaya del Oriente al Norte: mirando al Oriente contempla al Señor con gran reverencia, y lleva sus ojos al Aquilón como fulminando a los pueblos que en su indócil desmesura y desatino afrentan a Dios y Su Ley escarnecen.
La tercera miraba al Septentrión: porque aniquila con vehemencia la desaforada fornicación, execrándola y protegiéndose de ella bajo el escudo de la Ley.
La cuarta miraba hacia la columna de la Palabra de Dios, en cuya base estaba el patriarca Abraham: pues surgió unida a la Encarnación del Hijo de Dios, a cuyo fundamento se enlazó Abraham con la prodigiosa y penetrante prefiguración del carnero trabado en un zarzal .
La quinta miraba a la torre de la Iglesia y a los hombres que, dentro del edificio, iban de un lado a otro: porque se alzó victoriosa para destruir toda la injusticia nacida con Adán; vela por la fortaleza de la Iglesia a fin de que triunfante combata contra los vicios diabólicos, y mira a los hombres que por ella deambulan con costumbres divergentes, enseñándoles, por el temor de la ira divina, a perseverar como grey de la justicia.